noviembre 24, 2020

Acerca de la alternancia en democracia

El fundamento democrático es mejorar la vida de la ciudadanía y su convivencia, no la aplicación de recetas o normas válidas para todos, según los intereses de algunos.

Ante las interpelaciones que hoy promueven la deliberación sobre la repostulación del Presidente Evo, y sobre todo ante los argumentos de la oposición en torno a que la “alternancia” es el fundamento de la propia democracia, queremos repasar la experiencia boliviana y mundial en torno a este concepto y deliberar posiciones.

La alternancia

Asumimos que la experiencia política de vivir la alternancia democrática en las condiciones en que se desarrolla la convivencia social en el mundo, genera resultados distintos a los de la teoría – y no por ello estuviéramos asumiendo que dicho concepto no es válido para la democracia, siempre en construcción–. En primer lugar, los países del tercer mundo, como el nuestro, donde la peculiar manera de insertarnos en el mundo fue colonial y dependiente al sistema capitalista mundial y, por tanto, nuestros sistemas políticos y la propia constitución del Estado se limitó a copiar e imitar las acciones del primer mundo, generó un desencuentro entre el Estado centralista e instrumento represivo de la clase dominante colonial –que se ve a sí misma como eternizada en el poder– y la sociedad civil plurinacional.

En segundo lugar, donde se generaron las democracias modernas, en las que producto de las necesidades del sistema de generar garantías de estabilidad a los intereses del capital y el mercado, la mentada alternancia se convirtió en una versión exótica y mejorada del pasanaku político criollo. De esta manera, en las potencias más importantes del primer mundo capitalista, normalmente son dos partidos los que se turnan en el poder, y ambos no tienen mucha diferencia entre sí como fundamento de poder.

En EE.UU. están los partidos Demócrata y Republicano, aunque en el sistema electoral participan cerca de 50 partidos desconocidos pero sin posibilidades de lograr una representación de acuerdo a las reglas del sistema. En Europa, los socialdemócratas y los liberales o demócrata cristianos, marcan la hegemonía electoral del sistema y los outsiders ocasionales le dan una nueva legitimidad al mismo, para su propia renovación en los propios términos. Condición que parece empezar a cambiar con representaciones políticas como las de los Verdes en Alemania, SYRIZA en Grecia y PODEMOS en España, productos del descontento y la movilización social contra una manera de hacer política y de administrar la economía de todos.

Falsedad del debate

En definitiva, ese debate principista que se quiere plantear de la alternabilidad como fundamento de la Democracia Liberal es falso, pues si doctrinalmente así se fue afirmando, la realidad en Bolivia y en el mundo nos muestra que la alternancia funciona según los intereses que existen en las clases dominantes en el poder, más allá de la propia democracia, así optaron demasiadas veces por el autoritarismo militar para preservar sus intereses. Podríamos interpretar la alternancia como el pasanaku de sectores dominantes para tomar parte de lo que ellos asumen como botín del poder, y privilegiar a su sector en las políticas de Estado por aplicar.

Desafíos de la repostulación

Aquellas observaciones no pretenden invalidar que la Democracia ha sido parte de una construcción universal, sin embargo, su sentido fundante es el de mejorar la vida de la ciudadanía y su convivencia, no la aplicación de recetas o generar normas válidas para todos, según los intereses de algunos. La realidad del mundo y de nuestro país nos dan pauta de la universalidad pero también de la particularidad que significa emprender el camino institucional de construir una Democracia Intercultural, que nos exprese como somos y lo que queremos para definir el Vivir Bien” como horizonte de país.

En Bolivia, para analizar la temática hoy en discusión con el cambio constitucional para la repostulación del Presidente Evo, debemos partir de la afirmación de que el 2005 no estaba ocurriendo tan sólo un cambio de gobierno en el marco de la democracia liberal sino el inicio de una nueva condición histórica para reconstruir el país, una revolución democrática intercultural que empezaba con una elección liberal.

Han pasado casi 10 años y la mayoría de la ciudadanía respalda con su voto militante la gestión del presidente Evo durante ya tres elecciones, planteando su repostulación a través de las organizaciones sociales porque, más allá del liderazgo, esta es una revolución de la representación y la inclusión mayoritaria en marcha, que deberá ratificarse en su apoyo mayoritario, con el voto que el pueblo soberano deberá emitir luego de que la Asamblea Plurinacional apruebe el proceso de referendo para el cambio constitucional que debe efectuarse.

Cabe preguntarse, con la historia mundial y del país, si la alternancia verdaderamente democrática pase porque la mayoría sea protagonista luego de siglos de abandono y opresión; si no es una verdadera alternancia democrática el que la mayoría hoy decida los destinos del país y si no es un grito de resentimiento el que la minoría política pida la alternabilidad política cuando no ha existido en el país antes, ni siquiera al interior de sus propios partidos, ni tampoco en el mundo. Es como si quisieran pensar de que esa palabra mágicamente les permitiría volver al pasado que añoran donde ellos dirigían el país y lo hipotecaban a nombre de todos.

Una vez más encontramos detrás de las estadísticas de los analistas políticos que multiplican los argumentos de la oposición, de que seremos vistos “como los más atrasados del continente en cuanto a avance democrático” en tanto más persistamos en la reelección de Evo Morales. Afloran una vez más los argumentos, no democráticos, sino racistas y excluyentes, de quienes entrelíneas pretenden llamar a la cordura al pueblo para que civilizadamente elijan a otro de los de siempre, para cumplir con su mentada receta de que sólo con alternabilidad cumpliremos con la democracia pero, ¿la democracia de quién y la doctrina al servicio de quién?

Esos argumentos, contra la posición oportunista y racista de los sectores de oposición, no nos impiden ver que al interior del proceso de cambio existe la necesidad imperiosa de trabajar por tener cuadros políticos y de gestión que permitan un proceso de sostenibilidad y de recambio en la revolución democrática y cultural en marcha. Que el país plurinacional, y el tiempo que corre, ha constituido un liderazgo fundamental que es consecuencia de la manera en que hemos abordado las transformaciones en nuestra historia. Tal condición nos obliga a trabajar políticamente el liderazgo para que Evo, que es un referente esencial de la transformación, sea seguido y multiplicado en cuanto a compromiso, entrega, autoformación y ética política, por los que ahora acompañan y promueven el proceso revolucionario en ciernes. Lograr este propósito no está dado por la dinámica del proceso sino por la intervención decidida de los actores políticos para organizar e institucionalizar procesos de formación que apuntalen el esfuerzo de miles de dirigentes y bases de las organizaciones sociales, que tendrán la posibilidad de ser autoridades en este Estado Plurinacional, y los que no, sean promotores políticos y sociales en sus sector para que la revolución genere una movilización permanente que cuente con propuestas y compromiso en torno al objetivo estratégico de la Democracia Intercultural y el Vivir Bien.


* Sociólogo.

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