noviembre 28, 2020

El Alto, la crisis de organizaciones sociales

por: Félix Tarqui Triguero

Los “errores” de las dirigencias vecinales llevaron a una crisis cuya consecuencia ha sido que los alteños dejen de creer en sus dirigentes, entregando la alcaldía a la derecha.

En su último paro cívico la Federación de Juntas Vecinales de la ciudad de El Alto (FEJUVE), fracasó en su intento de revertir la decisión de la alcaldesa Soledad Chapetón de nombrar los subalcaldes en El Alto; sólo el distrito 13 resistió bloqueando el relleno sanitario de la urbe.

En la actualidad, la FEJUVE alteña ya no es la misma de antes de 2003 y 2005, una organización representativa, pues los nuevos dirigentes vecinales han abandonado los principios de reivindicación colectiva para buscar intereses particulares.

En las instancias que corresponde como dirigentes vecinales de El Alto una cosa es la participación vecinal en la elección de subalcaldes, como ejercicio democrático que se viene practicando hace más de 15 años, y otra es el afán de alguna dirigencia de utilizar esas prácticas comunitarias para obtener cuotas personales de poder.

¿Qué ha pasado? ¿Qué continúa pasando?

Entre los errores más grandes que cometió la cúpula de los dirigentes de FEJUVE, y la Central Obrera Regional de El Alto (COR), están el cuoteo político en la alcaldía de la ciudad –agregando que las reivindicaciones de los vecinos se dejaron de lado– y las resoluciones de los últimos congresos que han sido incumplidas.

En 2003 la FEJUVE enarbolaba, además de sus intereses locales, aspiraciones nacionales, y muchas de esas reivindicaciones han sido tomadas en cuenta por el gobierno nacional, sin embargo, las expresiones actuales son sectoriales, gremiales y corporativas, dejando de lado las grandes pretensiones. Otro hecho que se da en el proceso corporativo del movimiento social es el clientelismo, en el sentido de la autoridad que se beneficia del apoyo político a cambio de dividendos para su sector; esa forma de degradación del movimiento social cívico sindical se da en el espacio local o municipal.

Cuando un movimiento social termina subordinado al poder estatal, o cualquier otro de alguna forma pierde su capacidad crítica contestataria y su razón de ser; el recobrar credibilidad pasa por recuperar la autonomía y asumir el rol de verdaderos fiscalizadores que puedan participar en los espacios de decisiones sin pensar en la repartija de cargos.

La democracia participativa y la presencia de las organizaciones sociales en los escenarios de decisión radica en la forma en cómo se plantea una transformación a través de proyectos políticos con el Estado plurinacional y no en el cuoteo de cargos.

Las organizaciones de El Alto en las pasadas elecciones generales y subnacionales eran parte de la Coordinadora Regional Por el Cambio (CORELCAM), que apoyó la candidatura de Edgar Patana para la alcaldía, imponiéndole a pesar de que el Movimiento al Socialismo (MAS) había propuesto a Mabel Monje como alternativa por el proceso de cambio. Este fracaso de la cúpula de dirigentes se da por los antecedentes mencionados, perdiendo credibilidad ante las bases.

Algunos ex dirigentes alteños señalaban que en el caso de la COR hay dirigentes que ocupan cargos desde hace 12 y 13 años, aun cuando sólo les es permitido hacerlo por una gestión, cuya duración es de dos años como máximo.

Se menciona que en la gestión Patana existieron chantajes a los dirigentes que promovieron bases y se movilizaron bajo el argumento de la falta de obras, aunque en realidad, estos últimos representaban los mecanismos de control de los recursos y denunciaban el cuoteo.

A los representantes de las organizaciones sociales y autoridades ediles de la gestión de Patana se los ha visto en las redes sociales, como el caso del presidente de FEJUVE Óscar Ávila, consumiendo cerveza en el Bus Sariri, hecho que reconocieron como un “error”; inclusive, un dirigente obrero se durmió en el bus. Todos estos “errores” de las dirigencias de organizaciones llevaron a una crisis en la que la población alteña no cree en los dirigentes, y sorprende ver cómo se entrega la alcaldía a la derecha, siendo una ciudad revolucionaria.

El potencial transformador de los movimientos sociales se ha expresado en la recuperación de la democracia, resistiendo a las dictaduras militares, en la defensa y ampliación de derechos sociales, económicos, ambientales y culturales alcanzados en años de resistencia contra el neoliberalismo, en los exitosos procesos de nacionalización que ha fortalecido nuestra posición económica como país, por eso no puede mezclarse la conducta intachable de algunos dirigentes revolucionarios que luchan para eliminar los privilegios de la clase dominante y que cuestionan los males de las actuales dirigencias sociales, con la reacción de los representantes de la burguesía como la del señor Samuel Doria Medina, cuando dijo que “es hora de poner fin al reino de los movimientos sociales”.


* Ex dirigente vecinal de la Fejuve de El Alto.

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