diciembre 2, 2020

La derecha es la misma derecha

por: Adriana Guzmán Arroyo

Los medios de comunicación y los “estudiosos” de los movimientos sociales andan casi espantados de la supuesta nueva derecha en América Latina, en Bolivia y Ecuador principalmente. Desde una mirada colonial afirman que hay una “derecha indígena” o una “derecha andina” en los procesos de cambio.

Primero, es una mirada colonial porque asumen que las y los indígenas tenemos que seguir el camino o destino que la hegemonía de pensamiento eurooccidental nos impone, ser sumisos, incorruptibles, obedientes, cuidadoras del medio ambiente sin mayores aspiraciones, mientras la gente “importante” resuelve los grandes conflictos del mundo, que ellos mismo crean.

El asunto es que somos gente y –lejos de los esencialismos– podemos hacer insurrecciones, propuestas, revoluciones, o lastimosamente hacerle el juego y ser usados por la derecha. Ahora, eso no implica que exista una nueva derecha en nuestros países, porque sigue siendo la misma, entendiendo por derecha a quienes detentan el poder económico y monopolizan la acumulación de riqueza y por tanto pueden escoger a quienes usar como títeres para acceder al poder político. En Bolivia, hace algunos años, pocas familias controlaban la mayor parte de la economía del país (Bedoya, Monasterio, Kuljis, Marinkovic, Kempff, Petricevic, Tardío y Saavedra Bruno), hasta el 2014, esto no ha cambiado mucho, excepto porque ahora el grupo de los súper ricos ha crecido principalmente en el Oriente boliviano y ninguno de los nombres es guaraní, aymara o quechua.

El presidente Evo Morales dijo que los indígenas son usados en Ecuador para desestabilizar el gobierno de Rafael Correa, lo mismo pasa en Bolivia compañero Evo, porque no me digan que Félix Patzi, Rafael Quispe o Adolfo Chávez son la derecha, ellos son los nuevos empleados que ha escogido la derecha para que pugnen por la administración política del Estado para cuidar sus intereses y beneficios que se sostienen en la explotación del pueblo, y para que vayan creando un nuevo discurso y proyecto político capaz de hacerle frente al proceso de cambio, al vivir bien, a la memoria de los pueblos y a la comunidad. Así se entiende que Patzi proponga una tercera vía, reeditando las alianzas que siempre terminan en traición, que proponga el desclasamiento del pueblo convocándonos a ser “clase media” e implante la aspiración aymara de ser doctorcitos o intelectuales. Soledad Chapetón ha hecho también su parte dejando claro que su gestión será para las y los ciudadanos, así que hay que olvidarse de eso de ser aymara, porque desde su mirada racista los usos y costumbres son incivilizados, y desde su mirada política, son un riesgo para cumplir con los compromisos que seguramente tiene con Samuel Doria Medina.

La derecha sigue siendo la misma, no existe derecha indígena ni andina, existen nuevos empleados que cuidan sus intereses y le son funcionales al sistema patriarcal capitalista colonial transnacional. Frente a eso hay que preguntar: ¿Qué está haciendo el gobierno para que los ricos no sigan acumulando? Como la respuesta puede tardarse, como organizaciones sociales tenemos la responsabilidad política de desnudar a la derecha real y no seguir el juego de una supuesta polarización entre indios buenos e indios malos, porque acá nos estamos jugando la revolución.


* Feminista comunitaria.

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