diciembre 3, 2020

De Tiquipaya a París, la gran batalla por la vida

Otra vez el mundo ha sido testigo de un evento de los pueblos sobre cambio climático, celebrado en Bolivia, donde se planteó un cambio de paradigma, del modelo industrial capitalista depredador de la naturaleza a uno civilizatorio en comunión con la Madre Tierra, en consonancia también con las urgencias que se asumirán en diciembre en la Conferencia de las Partes (COP21) de Francia.

Esta II Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático, aprobada por Naciones Unidas, propuso la creación de un garante Tribunal Internacional de Justicia Ambiental que quizás muchos observarán por su anterior planteamiento –hace cinco años– sin la capacidad de ponerse práctica, lo mismo que el desacatado Protocolo de Kyoto de 1997.

El mencionado tribunal, como propuesta de los pueblos, es sugerido como un órgano judicial independiente, articulado por la Convención de las Naciones Unidas, para adjudicar controversias derivadas de la interpretación e implementación de las acciones necesarias para responder al cambio climático.

Pero, también deberá ayudar a resolver los problemas de acción colectiva asociados a la falta de cumplimento de los compromisos de países desarrollados en respuesta al cambio climático. “El Tribunal debe tener jurisdicción sobre cualquier controversia relativa e impacto causado por la falta de implementación en buena fe de acciones relativas al cambio climático y estar basado en la sabiduría de la justicia de las naciones de los Pueblos Indígenas”, de acuerdo a un acápite de la Declaración de Tiquipaya.

Un horizonte sombrío de degradación ambiental y catástrofes se cierne sobre la humanidad. Los temas como mitigación, adaptación, riesgo e incertidumbre, entre otros, y las consideraciones acerca de qué es mejor para los países subdesarrollados y en vías de desarrollo son parte del debate en las altas esferas de la política internacional.

Los resultados de la cumbre reflejaron ese sin fin de preocupaciones y por ello consideramos que ahora la batalla dentro del debate está en París, Francia, para que las resoluciones no caigan en saco roto o los sectores opositores, que se frotan las manos al ver los fracasos del gobierno, no se alegren con otro desencanto.

Son variados los fundamentos teóricos y prácticos que se plantean para desafiar al sistema capitalista, y así como el Presidente Morales lo identificó como la causa de los principales males, de muerte y destrucción del planeta, urge que para salvar a la Madre Tierra tengamos que acabar con aquel sistema.

La Declaración de Tiquipaya, al margen de exigir que se ponga en marcha un nuevo modelo civilizatorio que valore la cultura de la vida y de la paz, señaló la necesidad de encarar una lucha sostenida para evitar que la temperatura terrestre suba más allá de 1,5 grados centígrados, de lo contrario se pondría en riesgo el planeta y la humanidad.

Una vez más se recalcó que el Vivir Bien, en armonía con la Madre Tierra, es el nuevo modelo de civilización para preservar la comunidad de vida donde ésta es un ser vivo sagrado y no un objeto para la explotación irracional por parte de los seres humanos.

“Cuidar a la Madre Tierra es una cuestión moral, sobre todo en cuanto al desafío del cambio climático. Ya no podemos darnos el lujo de aspirar a la prosperidad, tenemos que transformar nuestras economías y aprovechar las oportunidades de un futuro con una baja emisión de carbono. No hay un plan B, porque no hay un planeta B”, dijo Ban Ki-Moon, Secretario General de Naciones Unidas en la Cumbre de Tiquipaya.


* Escritor e historiador potosino.

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