noviembre 28, 2020

El desarrollo sostenible y del Vivir Bien

por: Arturo Castrillo Del Castillo 

Los bosques, las selvas, las praderas, los lagos, los océanos, los ríos, la atmósfera, el clima, el conocimiento y el espacio cibernético, son recursos comunes, que deben ser regulados. En la práctica se ha prestado poca atención al uso y aprovechamiento adecuado de estos recursos. Los analistas recomiendan una sola prescripción para el tipo de administración de estos bienes o recursos comunes: que se conciban en las guías de marcos lógicos y diferentes metodologías empleadas en la actualidad, teorías científicas validadas e información adecuada. Por tanto el objetivo es tecnificar la lógica gubernamental, para la preservación y sostenibilidad de estos recursos.

De esta forma, la administración pública ha ido tomando una ruta de eficiencia. Debería fortalecer los espacios públicos de la población, que principalmente están presentes en la cohesión de la comunidad: el grado de confianza, seguridad, tolerancia e inclusión de las personas, pues estos espacios están encargados de promover la salud, la alegría y el bienestar de todos y todas. Para esto se debe fomentar la inversión en un desarrollo económico sostenible y ambiental.

Sin embargo, el desarrollo ha ido priorizando variables económicas, dejando de lado una serie de relaciones que son parte de lo cotidiano y que condicionan la calidad de vida de las personas. De esta manera lo ambiental ha sido poco considerado, a pesar de que está comprobado que hay una correlación entre el deterioro ambiental y los niveles de pobreza. Esto lleva a la población a posicionarse de forma pragmática en relación al poder económico, obedeciendo a la lógica del mercado, que conlleva consecuencias socio económicas, como: mayores índices de criminalidad, falsos espejismos de desarrollismo corporativo y un acrecentamiento de la brecha entre ricos y pobres.

Actualmente en América Latina se fue posicionando la nueva dirección de tendencia política “progresista”, en cuanto a lo político-económico, que no necesariamente se asigna a pertenecer a una tendencia de izquierda o de derecha, que busca una mejor distribución de la renta, gracias al aprovechamiento de los escenarios favorables de la economía. Esta propuesta está orientada por el valor del Vivir Bien, que refleja una filosofía que pregona: suma qamaña (vivir bien), ñandereko (vida armoniosa), teko kavi (vida nueva), ivi maraei (tierra sin mal) y qhapaj ñan (camino o vida noble). Ello significa: mirar el pasado, vivir el presente para proyectar al futuro como sueño de vida plena, siguiendo el camino (thakhi o ñan) en un sendero del reencuentro del pachakuti (volver a la tierra) y asumir el desarrollo sostenible. Articulando los valores propios de la identidad boliviana, una estructura de conceptos sustentados en idiomas y/o culturas diferentes.

El Vivir Bien modifica sustancialmente la perspectiva de lo estatal, propone generar otras alternativas de vida, organización y producción, para restablecer una relación más complementaria y armónica con las formas vivientes y la naturaleza. Esa alternativa se tiene que pensar como forma civilizatoria, pero centrada o articulada a partir de la pluralidad de lo viviente y el pluralismo de la vida. Esto es lo que se busca: una complementariedad dinámica entre ambas lógicas.

En fin, las paradojas contradictorias de ver al desarrollo parcialmente, preponderando lo económico por encima de lo social, claramente han afectado nuestra visión del desarrollo, es por esto que deben ser descartadas como visiones o direcciones en la vida política de los estados.


* Estudiante de Ciencia Política y Gestión Pública en la UMSA.

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