noviembre 24, 2020

“La dominación no comienza por lo económico sino por lo cultural”

Hay que seguir trabajando en las bases para que los pueblos se asuman como protagonistas de una urgente transformación social, cultural, política y espiritual.

A sus 83 años el activista político y Nobel de la Paz (1980) argentino Adolfo Pérez Esquivel, visitó nuestro país para ofrecer charlas y dar entrevistas relativas al tema que más le inquieta actualmente: la crisis climática global.

En vuelo desde Buenos Aires a Cochabamba, donde se hospedó unos cuantos días, al amanecer de un día domingo citó al equipo de La Época para sostener un nutrido diálogo al amparo de un delicioso café.

Javier Larraín (JL).- Ud. reiteradamente ha reclamado la conformación de un Tribunal Penal Internacional sobre el Medio Ambiente, ¿en qué consistiría?

Adolfo Pérez Esquivel (AP).- En diciembre, en París se realizará la Cumbre Climática Mundial (COP21), donde se va a hacer una revisión de 20 años en que hubo muchos compromisos –desde Río, Kioto, etc. – pero que no se han cumplido.

La situación internacional ha empeorado en muchos aspectos, fundamentalmente medioambientales, porque las grandes empresas trasnacionales no están dispuestas a preservar la naturaleza, siguen con la misma mentalidad colonialista de siglos pasados. Actúan con total impunidad jurídica y si no se le pone un límite a eso, a través de una propuesta como el mencionado tribunal, las dificultades pueden acrecentarse.

JL.- ¿Cuál es la viabilidad de esa concreción?

AP.- Ya hay el Tribunal Penal Internacional sobre los crímenes, por tanto habría que reformar el estatuto de Roma para incorporar los crímenes ambientales como crímenes de lesa humanidad.

JL.- ¿Lo que permitiría a un Estado demandar a un particular? Pienso en el caso del desastre ambiental generado por Chevron en Ecuador.

AP.- Ese podría ser uno de los casos. Pero, por ejemplo, en Argentina ahora la Barrick Gold Co. acaba de derramar un millón de litros de cianuro en San Juan, donde el daño ambiental allí, no sólo a los animales y ríos sino al ser humano, será devastador.

Son esas cosas las que hacen necesario una acción jurídica para terminar con la impunidad de los crímenes contra la Madre Tierra.

JL.- Barrick Gold Co. es la misma trasnacional que lleva a cabo el proyecto binacional entre Chile y Argentina, de Pascua-Lama, con la finalidad de extraer oro en plena cordillera.

AP.- Exacto, y el gobierno apoya eso.

JL.- Entre 2004 y 2006 ambos gobiernos dieron luz verde a la minera canadiense.

AP.- Sí, pero en Chile suspendieron las faenas y en Argentina no. Es la mina de oro de Veladero, a cargo de Barrick Gold Co., justamente en esa región cordillerana, la que está contaminando toda la región.

JL.- Además de la minería, ¿qué otros daños ambientales es imprescindible denunciar?

AP.- Lo otro serían los agrotóxicos. Cada vez se da más la expansión de la frontera de los monocultivos, expulsando de sus territorios a pobladores, indígenas, campesinos, etc.

Se va extendiendo la frontera sojera, del maíz y otros cultivos. Para preservar esas plantaciones usan agrotóxicos que se ha comprobado científicamente que producen cáncer, malformaciones genéticas y destrucción de la biodiversidad.

JL.- ¿Por ejemplo?

AP.- El glifosato. Tenemos estudios –además están los estudios médicos– de las mal formaciones genéticas que provocan.

Nosotros trabajamos mucho para denunciar el caso de los niños banderilleros. No sé si conocés eso.

JL.- No, ¿quiénes son?

AP.- En un campo de soja, las empresas, para los aviones mosquitos que fumigan, ponían niños con banderas a cada cierta distancia, para indicar donde se fumiga; pero fumigaban a los chicos y se morían o contraían enfermedades terribles. Eso logramos que se declarara fuera de la ley.

También hay pueblos fumigados, que están cerca de donde fumigan y el viento arrastra el glifosato, aumentando en forma alarmante, en todas las regiones donde pasa esto, los índices de cáncer y nacimientos con mal formaciones.

Todo eso sería motivo para ser presentado como crímenes de lesa humanidad, incluso para condenar a los Estados que permitan hacer ese tipo de explotación.

JL.- Con los nuevos TLC vemos la tendencia a legislar para que las empresas privadas demanden a los Estados.

AP.- El Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (CIADI) ha demandado Estados, hay juicios sobre la cuestión de la deuda. Pero creo que si se puede introducir en la Corte Penal Internacional la reforma al estatuto de Roma para los crímenes ambientales sería un avance, impediría la impunidad jurídica.

Hay que poner un freno porque las grandes empresas trasnacionales no tienen patria, tienen bandera pero no patria.

JL.- Algunos dicen que sí ya que tributan en EE.UU. o en otras metrópolis.

AP.- Claro, pero actúan no como condición de un Estado sino de una empresa privada que puede proceder en diferentes partes de manera indistinta. Es increíble esto, y todo con absoluta impunidad jurídica. De ahí la importancia de la corte.

Ahora, eso no es suficiente, es necesario pensar en un nuevo contrato social para la humanidad. Así como en un momento con Juan Jacobo Rousseau se potencia lo que son las democracias, habría que repensar en un nuevo contrato social.

JL.- Ud. ha sostenido que el urgente cambio debe ser cultural, ¿cómo propiciar esa nueva perspectiva de las cosas?

AP.- La dominación no comienza por lo económico, comienza por lo cultural.

Sería importante que se comiencen a desarrollar medios de comunicación y periodistas especializados en los problemas medioambientales porque hoy van aprendiendo en el camino. Que atiendan esta materia porque es gravísimo lo que está pasando, es casi una guerra de devastación, recursos, y las guerras tienen que ver con todo esto.

JL.- ¿También tienen su cuota de responsabilidad las guerras?

AP.- Las guerras no son porque sí. Existe el complejo industrial militar que provoca, por ejemplo, las crisis de medio oriente; no es que se volvieron locos. Se desata la guerra por los recursos fósiles, por el petróleo, los minerales, etc.

Lo mismo sucede en África y América Latina. El caso de Chevron en la Amazonía hizo una devastación tremenda y es condenada por la justicia ecuatoriana pero, ¿qué hace esta empresa? Se va del Ecuador y aterriza en Argentina. La Corte Suprema de Justicia de Argentina le levanta el embargo y Chevron hoy día está actuando en Vaca Muerta, en la Patagonia, en territorio indígena mapuche, con total impunidad y poniendo en práctica las tecnologías del fracking.

JL.- ¿Ustedes conocían esa forma de explotación?

AP.- Te contaré una anécdota. Una vez estuvimos con el amigo Fidel en La Habana y nos dice: “ustedes en Argentina tengan cuidado porque ahí se les van a meter empresas trasnacionales para la explotación del fracking”. Era la primera vez que yo escuchaba qué era el fracking, entonces le digo: “decime una cosa Fidel, ¿qué es el fracking?”. Nos dio dos horas de clase de lo que es el fracking, cómo perfora la roca madre utilizando millones de litros de agua y una arena que tienen que importar de los EE.UU. porque no está en otro lado y sólo la elaboran ellos para las perforaciones, cómo dejan el agua contaminada, lo que apunta a ser un desastre peor que el petróleo. Pero los gobiernos están dispuestos a pagar las consecuencias de todo eso y la destrucción de lo que hay ahí.

JL.- ¿Han sufrido los efectos de estas prácticas?

AP.- Hubo un incendio de un pozo petrolífero en Neuquén y me fui allá. No podíamos acercarnos a menos de 200 metros porque las llamas eran más altas que un edificio y los pobladores estaban con miedo porque si llegaba a explotar el pozo volaban todos ellos. Hablamos con las autoridades y nos dicen que tenían que traer equipos desde EE.UU. a la Argentina, los que apagaron el incendio de los pozos en Irak durante la guerra. ¿Cómo en un país no tienen equipos para apagar un pozo petrolífero? ¿Qué pasa que hay que llamar a una empresa para que desde EE.UU. venga –con los costos que eso representa–?

Si no hay una regulación, hay una confusión muy grande –aunque no es exactamente una confusión– de lo que es desarrollo y explotación. Las empresas van a explotar, no a desarrollar, es otra visión totalmente distinta.

Por eso es importante un nuevo contrato social, legislaciones, porque la minería y el petróleo los necesitás, hay muchas cosas hoy y no podés decir voy a prescindir de esto y voy a volver otra vez al medioevo; el asunto es cómo, cuáles son las tecnologías, qué es lo permitido, cómo se puede recuperar el equilibrio entre la madre naturaleza y las necesidades del ser humano.

JL.- Críticos de los procesos progresistas de la región señalan que estos países no logran superar el extractivismo y neodesarrollismo, ¿qué se debe hacer al respecto?

AP.- Hay gobiernos que todavía no logran encontrar la alternativa de salir del sistema de explotación o del esquema actual de desarrollo.

¿Cuáles son las alternativas energéticas? Por ejemplo, Bolivia tiene una experiencia ancestral de la minería, pero en los socavones. En el presente la minería no es en los socavones sino a cielo abierto, con explosiones, contaminación ambiental y destrucción de los productores agrícolas. No sólo hay que ver esto como un problema economicista o ecológico, hay que verlo también como un problema técnico y es ahí donde hay que apuntar a la energía eólica, solar y biomasa.

En la india pude ver muchas aldeas y comunidades que se han desarrollado con la energía solar. En Israel está el sistema de cultivo por goteo, sin derroche de agua, ocupando el rocío. Actualmente se están explorando tecnologías para bajar la contaminación ambiental y no es que no existan esas tecnologías, lo que no existe es la voluntad política y la capacidad de implementar ese tipo de desarrollo.

JL.- Hay científicos que relativizan cambio climático señalando que corresponden a ciclos naturales planetarios, ¿tiene responsabilidad el capitalismo en el deterioro del medio ambiente?

AP.- La humanidad está basada en una economía capitalista que es extractiva. Son políticas extractivas, el capitalismo lo que quiere tener es ganancia y no distribución, no es un sistema socialista sino un sistema de concentración del poder, del incremento de las ganancias y para ello necesita promover una sociedad consumista. De ese modo genera necesidades artificiales y por eso tiene que haber un cambio de paradigma, porque estos cambios son culturales.

¿Cómo se genera ese cambio en escuelas y universidades que están sometidas al bombardeo de la sociedad de consumo? Un pobre ve todo eso en televisión y quiere alcanzar ese nivel de vida.

La única forma de revertir esto es que los pueblos tomen conciencia y sean protagonistas en cada país, en cada lugar, y ver también las motivaciones y exigencias para que los dirigentes políticos cambien de mentalidad ya que suelen repetir los modelos extractivistas porque tienen necesidades de recursos económicos. Es un círculo bastante problemático.

Cuando uno habla de la necesidad de un nuevo contrato social tenemos que ver cuáles serían los ejes fundamentales de esos cambios, por ejemplo, las democracias que tenemos son delegativas y no participativas y los gobernantes cuando llegan al poder hacen lo que quieren y no lo que deben en tanto están sujetos a mecanismos a los que están amarrados como Estados y que deben cumplir, además de otras exigencias.

JL.- Como los políticos que prefieren devolver favores a empresas que le financian las campañas.

AP.- Claro, eso pasa. Hoy vemos en Argentina que empresas financian a los gobiernos. Por ejemplo, la minera Alumbrera financia universidades nacionales y una de sus socias es la Universidad Nacional de Tucumán.

Pero va creciendo la resistencia de los pueblos y van tomando conciencia.

Acabo de estar en São Paulo y se están quedando sin agua, ¿qué va a pasar con esos más de 18 millones de habitantes? La gente se va a Curitiba, Porto Alegre, a los lugares donde todavía hay recursos hídricos. Dentro de unos años va a ser una ciudad fantasma sino encuentran alternativas para la vida del pueblo. Es la ciudad más poblada de todo Brasil.

JL.- Si hay una estrecha relación entre capitalismo-sociedad de consumo y destrucción del medio ambiente, ¿cuál debe ser la alternativa?

AP.- Una economía solidaria, social. Por eso, insisto, cuando uno habla de un nuevo contrato social tiene que ir ligado a los ejes de la economía y de qué manera podemos comenzar a repensar una nueva sociedad con otros paradigmas. No podemos seguir en esta situación porque este es un suicidio colectivo.

JL.- ¿Cuál es el papel que puede jugar nuestra América en la creación de ese nuevo paradigma?

AP.- Los gobiernos progresistas hacen lo que pueden para salir de los mecanismos en que estaban sumergidos, han logrado grandes avances generando instancias como, por ejemplo, la de que Bolivia pueda organizar la Cumbre Climática de los Pueblos en el marco de una participación real, respeto a lo plurinacional y lingüístico, recuperando las identidad culturales, eso a través de una revolución no violenta.

Pienso que hay otros que también están en esa lucha entre la necesidad, los principios y las bases, como el caso del Ecuador. Cuando estaba Hugo Chávez tenía cosas muy claras para Venezuela como las que tiene Cuba en materia de medicina, la bioética, la producción de medicamentos, en general otra conciencia.

Se debe realizar un trabajo educativo que tiene que cambiar esos paradigmas. Estamos en un proceso de transición, en los países progresistas, entre lo que fue y se impuso –que todavía persiste–, y una nueva visión y una nueva vida. Es una lucha permanente entre ambas cosas y el cambio no puede ser de golpe, tiene que ser gradual y en distintos niveles.

JL.- Cuando día a día observamos acciones desestabilizadoras contra los países mencionados, ¿cree que se puedan hacer cambios radicales por vías no violentas?

AP.- En Bolivia lo están haciendo, es concreto. No están utilizando las armas para imponer esta forma de vida. Hay pueblos que van avanzando en las transformaciones pero las revoluciones violentas no han transformado mucho las cosas, continuaron con los mismos mecanismos de dominación, hay que seguir trabajando en las bases para que los pueblos se asuman como protagonistas de una urgente transformación social, cultural, política y espiritual.


* Director La Época.

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