noviembre 27, 2020

Recordando la Revolución Rusa de 1917

por: Rider Jesús Mollinedo

La Revolución Rusa de 1917 fue la primera revolución proletaria que resultó vencedora y posiblemente el acontecimiento que más ha influido en el devenir del siglo XX. Fue un hecho de tal envergadura que implicó la caída del tricentenario régimen imperial zarista de los Romanov, así como un serio cuestionamiento a las fuerzas capitalistas del mundo de ese entonces. Sin Lenin y los bolcheviques, sin octubre de 1917, no podríamos comprender la última centuria.

Años de crisis

Rusia, a principios del siglo XX, era un país destrozado por profundas tensiones, producto del autocrático poder que derivaba de la monarquía zarista que la gobernaba. Estas condiciones se agravaron a medida que la existencia de una gran masa de campesinos sin tierra y obreros industriales, que vivían en condiciones asfixiantes, se distanciaba de una minoría de aristócratas, dueños de la tierra y las industrias.

Tras el desastre de la guerra con Japón (1904-1905), la intranquilidad de los campesinos y la creciente protesta laboral provocaron una crisis revolucionaria que obligó al zar Nicolás II a aceptar la formación de un Parlamento (Duma) y a emprender algunas reformas políticas y sociales. Cuando las protestas populares menguaron, las concesiones se modificaron: la Duma no tenía ningún poder real y los derechos prometidos nunca se hicieron realidad.

Durante el periodo de 1905 a 1917, el descontento de la sociedad llevó al zarismo al colapso. El país sucumbió bajo la guerra mundial al existir una completa falta de organización militar, política y económica que costó la vida de 1,5 millones de soldados. Cientos de miles de campesinos se rebelaron y provocaron un descenso inaudito de la producción agrícola. Las ciudades padecieron por la falta de suministros. Las huelgas se extendieron por doquier exigiendo el fin de la guerra debido a las terribles noticias que provenían del frente. Los militares se insubordinaron ante sus altos mandos.

Entre las corrientes opositoras al zarismo por aquellos años se encontraban dos: la liberal-reformista (representada por los constitucionalistas) y la revolucionaria dividida en dos partidos (los socialistas revolucionarios y los socialdemócratas). Los socialdemócratas, vinculados al marxismo, estaban divididos en dos facciones históricas: la bolchevique, agrupada en torno a Lenin; y la menchevique, en la que se encontraba León Trotsky.

La Revolución de febrero de 1917

En febrero de 1917 se realizaron enormes protestas en varias ciudades del país. La huelga general en Petrogrado (la principal ciudad industrial del país), el amotinamiento de la guarnición de la ciudad, así como la organización generalizada de soviets (asambleas de obreros, soldados y campesinos) forzaron al establecimiento de un gobierno provisional luego de la insurrección general del 27 de febrero (12 de marzo según el calendario gregoriano). En ese momento se constituyeron dos poderes de hecho: el Comité ejecutivo provisional de la Duma formado por liberales y el Soviet de Petrogrado.

El gobierno provisional convocó a una Asamblea Constituyente y prometió reformas, sin embargo, el poder paralelo de los soviets, en cuyo seno estaban los bolcheviques, neutralizaron cualquier decisión efectiva. Este vacío de poder benefició a los bolcheviques, que de 22.000 miembros que tenían en febrero de 1917 pasaron a 200.000 en junio.

La popularidad de la facción bolchevique se hizo cada vez más evidente debido a sus peticiones: fin de la guerra, entrega de tierras a los campesinos pobres y traspaso del poder hacia los soviets locales bajo la consigna “todo el poder a los soviets” expresado por su representante máximo, Lenin, que en ese momento regresaba de su exilio en Suiza.

En julio, tras una insurrección popular en Petrogrado, se ordenó la detención de dirigentes bolcheviques y Lenin volvió a pasar a la clandestinidad. El nuevo primer ministro del gobierno provisional, Alejandro Kerenski, no pudo controlar el desorden.

La Revolución de Octubre

A comienzos de octubre, el Comité Central del partido bolchevique decidió hacerse con el poder debido a las condiciones de anarquía que imperaban. El 19 de octubre el Soviet de Petrogrado, a la cabeza de León Trotsky, estableció un comité militar revolucionario.

La revolución bolchevique fue cuidadosamente planificada para tomar los puntos estratégicos de la capital, Petrogrado. En la noche del 24 de octubre (6 de noviembre) grupos de soldados y trabajadores armados, al mando del comité militar, tomaron el control de los principales puentes y estaciones de ferrocarril. El 25 de octubre, el crucero Aurora lanzó bombas de salva hacia el Palacio de Invierno, sede del gobierno provisional. El 26 de octubre, el palacio fue ocupado y se dispersó a los miembros del gobierno. Producto de estas organizadas acciones sólo hubo seis bajas. Kerenski emprendió el camino del exilio mientras sus ministros eran detenidos.

Simultáneamente a estos eventos, se reunió en aquella ciudad el II Congreso de Soviets de todas las Rusias que aprobó la formación de un Consejo de Comisarios del Pueblo. Esta entidad proclamó su dominio sobre un Estado de más de ciento setenta millones de habitantes y puso a Lenin al frente del gobierno. En dicha instancia participaron exclusivamente bolcheviques. Asimismo, Trotsky fue nombrado comisario del Pueblo para Asuntos Extranjeros, y Joseph Stalin, comisario para las Nacionalidades.

Todo el poder a los soviets

Las primeras disposiciones que tomó el gobierno revolucionario dirigido por Lenin fueron:

1. Organización del Estado bajo la forma de gobierno de una República Socialista Federal dirigida por comités de obreros (soviets); 2. Confiscación de las tierras para su entrega a los campesinos y abolición de la propiedad privada; 3. Entrega de las fábricas a las organizaciones obreras y nacionalización de los bancos y el comercio 4. Pacto de armisticio con Alemania y Austria-Hungría por el que Rusia se retiraba de la Primera Guerra Mundial.

Diez días que estremecieron al mundo

Es el título con el que John Reed, socialista y periodista norteamericano, relata la serie de acontecimientos durante la gesta de Octubre, de la que fue testigo presencial. De este texto, publicado en 1923, extraemos la descripción que hizo Reed del primer discurso de Lenin luego del triunfo:

“Eran exactamente las 8.40 del 26 de octubre cuando una atronadora ola de aplausos anunció la entrada de Lenin. (…) Estaba de pie, agarrado a los bordes de la tribuna, recorriendo con los ojos entornados la masa de los delegados y esperaba, sin reparar en la creciente ovación que duró varios minutos. Cuando ésta cesó, dijo breve y simplemente: ‘Ha llegado el momento de emprender la construcción del socialismo’. Nuevo estallido atronador de la tempestad humana. ‘Lo primero que debemos hacer es adoptar medidas prácticas para realizar la paz. Debemos ofrecer la paz a los pueblos de todos los países beligerantes en las condiciones soviéticas, sin anexiones, sin contribuciones. (…) La Revolución de Octubre inicia la era de la Revolución Socialista. El movimiento obrero, en nombre de la paz y el socialismo, alcanzará la victoria y cumplirá su misión.’ (…) Un impulso inesperado y espontáneo nos levantó a todos y nuestra unanimidad se tradujo en los acordes armoniosos y emocionantes de La Internacional. Un soldado viejo y canoso lloraba como un niño. El potente himno inundó la sala, atravesó ventanas y puertas y voló al cielo sereno.”

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