noviembre 27, 2020

Medios: Viejos rencores, nuevas técnicas

¿Qué es la verdad? Varios escritos de carácter filosófico se han encargado de afirmar la relatividad de lo que conocemos como “verdad”, así muchas afirmaciones son tomadas como verdades, por ejemplo: cuando un periodista afirma que “el presidente es un neoliberal”, hace una afirmación que no necesariamente es verdad ya que debe “demostrar” los argumentos que tiene para explicar que su aseveración es cierta.

Si recurrimos al significado de verdad en griego, encontramos la respuesta cuyo significado es “nada escondido”, es decir, todo lo que se ve. Los periodistas se han acostumbrado a sostener lo que es la “verdad” cuando generalmente lo que hacen es sólo afirmar una determinada opinión.

En mi caso, puedo demostrar que desde el año 2006 se han tomado medidas materiales que están transformando la realidad socioeconómica de Bolivia. Por ejemplo, los ciudadanos circulan en carreteras más seguras (asfaltadas y en algún caso de dos vías) o realizan viajes aéreos nacionales e internacionales o se tiene a todos los miembros de la familia estudiando. Estas situaciones son producto de medidas atingentes a la redistribución de la riqueza generada, efecto de la aplicación de un modelo económico impulsado por este gobierno.

Son medidas estratégicas que evitan la concentración de la riqueza en pocas manos y que tienen muchas maneras para ser comprobadas, en esa medida son verdad.

Por el contrario, cuando se afirma que “el gobierno fue a pedir de rodillas dinero a los gringos” o “es un indígena neoliberal”, no hay ningún asidero y tiene muchas cosas escondidas (sobre todo la propia intencionalidad), por lo tanto no es verdad aunque aparezca como “noticia”.

Esta particular forma de reflejar las “cosas escondidas” es lo que algunos llaman libertad de prensa y sirve desde hace mucho tiempo para justificar, por ejemplo, la destrucción de pueblos (bombardeo a Irak) y después disculparse (vea la disculpa de Tony Blair), derrocar gobiernos democráticos (aquí existe una larga lista, especialmente de Asia, África y América Latina) y en el caso boliviano desacreditar a un gobierno indígena.

La defensa de la libertad de prensa, liderada por el sistema democrático de EE.UU., es en síntesis la libertad de ese uso “oculto” –subliminal dirían los teóricos de la comunicación– que aboga por mantener una estructura de poder concentrado.

Ahora tenemos tres jinetes del apocalipsis predicando que son portadores de la verdad, ellos y solamente ellos dicen que tienen la verdad en “sus medios”. ¿Cuál verdad? Aquella que busca detener el proceso destinado a desmontar el viejo Estado.

Dedicados a tiempo completo a esta tarea opositora, estos jinetes nos quieren hacer creer que son angelitos sin sexo, núbiles, castas e impolutas doncellas, que son víctimas de un desalmado y perverso indígena.

Los medios de la oposición jamás reconocerán que tienen su “todo escondido” y seguirán con la cantaleta que son víctimas del poder político, y así continuarán por los siglos de los siglos, porque oposición siempre habrá y para ciertos periodistas es mejor la crítica destructiva permanente en cuanto es una tarea cómoda, bien pagada y hasta premiada.

En otras columnas hemos sostenido que la oposición se nutre de los viejos odios coloniales, aquellos que se basan en que los pueblos dominados tenían una civilización superior, una arquitectura superior, una vida superior. Este viejo rencor circula hoy por plumas dedicadas a una violenta oposición que busca protección apoyada en la rajada muletilla de la libertad de prensa.


* Escritor e historiador potosino.

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