diciembre 3, 2020

Por la profundización del proceso de cambio a contra-corriente del viejo poder señorial

¡A contracorriente!: la columna del compañero Nogales en La Época [1], es un viento fresco y saludable, necesario en la actual coyuntura política más aun cuando el bloque social revolucionario enfrenta y debe derrotar nuevamente a la “santa alianza” de las tendencias reaccionarias, fascistas y enemigas a muerte del proceso de cambio y las conservadoras que aunque dicen “reconocer” sus logros y avances a lo largo de este siglo XXI, tratan por todos los medios de desvirtuarlo y revertirlo para poder restaurar el neoliberalismo con el viejo Estado colonial y republicano.

En torno a la consulta democrática de febrero-2016 que posibilitaría al presidente Morales, concluido su actual periodo gubernamental en 2019, ser reelecto y seguir gobernando con el bloque social revolucionario hasta finalizada la primera cuarta parte de este s. XXI, se delinea ya el enfrentamiento que forja una nueva victoria popular para afianzar y profundizar nuestro proceso de transición revolucionaria.

SÍ, una nueva victoria de la movilización social que se imponga a la alianza espuria de reaccionarios y conservadores, en consulta plebiscitaria franca y honesta, propia de la democracia popular participativa. La consulta en SÍ ya muestra cuan hipócrita y falaz es el argumento de la derecha y del oportunismo en cuanto a la supuesta voluntad “dictatorial” de perpetuarse en el poder obviando la voluntad de la gran la mayoría de l@s bolivi@s.

¡No señores! la falsa democracia que ejercieron en la vieja república se enterró con los contundentes avances del proceso y el ejercicio de la democracia popular. Cabe recordar que se derrotó al mismo frente conservador reaccionario, al que hoy se han suman “demócratas”, “libre-pensadores” y oportunistas, con una amplia movilización social cuando éste complotaba abiertamente tratando de dividir violentamente y por la fuerza al país, en una suerte de “media luna”.

Recuérdese también que la nueva Constitución Política y el Estado Plurinacional, uno de los grandes instrumentos del proceso de cambio, debieron imponerse en 2009 con otra movilización del bloque social revolucionario frente a la misma derecha de hoy, entonces incrustada en la Asamblea Constituyente, que buscaba su fracaso y/o castrar de su contenido transformador a la nueva CPE, y en tanto esgrimía “capitalía” para Sucre, sus grupos de choque atacaban y herían a indígenas militantes del proceso y esgrimía falazmente que debía aprobarse por “dos tercios” de asambleístas. ¿Cuáles?… si ellos mismos ya abandonaban Sucre mientras sus co-militantes dirigían la asonada.

El texto constitucional se aprobó en Oruro, pero aún debió concertarse con el bloque conservador-reaccionario en La Paz en el parlamento, hoy la Asamblea Plurinacional, que, en cabildeo a un viejo estilo doctoril alto-peruano, colonialista y acostumbrado a obviar la voluntad popular y servirse de ella para mantener sus privilegios, colocó candados al texto en defensa de la sacrosanta propiedad ajena totalmente, manteniendo parte de sus privilegios económicos y su pretendido “derecho” a explotar el trabajo ajeno, y a seguir detentando el latifundio rata.

Fue entonces que se sacó del texto constitucional el mandato para desarrollar el modelo de economía social comunitaria y se introdujo el concepto conservador de “economía plural”. En cuanto a sus intereses propiamente políticos y para restaurar su poder estatal al menos en el mediano plazo, la derecha también modificó el artículo 168º de la nueva CPE.

Este establecía que “El período de mandato de la Presidenta o del Presidente y… del Vicepresidente del Estado es de cinco años” y que ambos pueden re-elegirse con el voto popular y mayoritario; se añadió en el texto original que tal reelección sólo puede ser “por una sola vez de manera continua”. Sólo así la derecha aceptó arteramente la nueva CPE, ¿qué hoy pretende que esté escrita en piedra?

Ahora la derecha busca evitar que continúe y se profundice el proceso de cambio, de transición a la sociedad del Vivir Bien; busca restaurar la vieja república colonial y su Estado antes fascista y represivo frente a la movilización social, ora de una democracia excluyente de las grandes mayorías nacionales, pactada entre ellos y tutelada por el Imperio, al servicio de intereses antinacionales y coloniales.

Nuevamente enfrentamos a la vieja oligarquía colonial republicana que no dio ni puede dar nada, sino ser la socia menor del capital transnacional, manteniendo subsumidos y explotados a nuestros pueblos y los trabajadores, saqueando lo que entienden sólo como “recursos naturales”, atrasando a Bolivia y manteniéndola funcional dependiente del capitalismo mundial, hoy en crisis pero con un carácter y una presencia imperialista más agresiva y depredadora en sus más de 500 años de historia.

Ahora la derecha aggiornada y “democrática” jamás dirá que no hace sino defender los mismos intereses que impusieron a dictadores fascistas (Barrientos, Banzer, García M.) en el s. XX, que cuando la movilización social reivindicó la democracia y ganó la UDP electoralmente, primero impidieron que fuese gobierno y que cuando finalmente asumió el poder, lo socavaron, acortando su mandato para imponer el neoliberalismo en 1985.

Alguien podría argüir que todo ello corresponde a un pasado ya superado; que sólo es historia. Si así fuese, el proceso de cambio no tendría por qué ser anticolonial, anti imperialista y anticapitalista. Y aquí cabe volver a citar al trabajo antes indicado, que con claridad decanta el error de concebir o de tratar de confundir a la población, en sentido que la mejora, real y objetiva, de sus condiciones de vida pasa por una suerte de “ascenso social”; por un ensanchamiento de las “clases medias”.

Primero, el funcionamiento de capitalismo no puede sino entenderse como un proceso de reproducción ampliada del capital a escala planetaria, con las corporaciones transnacionales que extraen y filtran excedentes económicos de los países periféricos a los centros de poder; por cierto, no sólo económico sino a la vez cultural-comunicacional, militar e imperialista. Pero el sistema nos vende la ficción de países desarrollados, en desarrollo y subdesarrollados, que imitando a los primeros pueden llegar a igualarlos.

Tales categorías no pueden entenderse en sí mismas, sino en su interrelación dentro del sistema capitalista-mundo que expande determinadas regiones, al mismo tiempo que deprime e incluso margina a otras.

Finalmente, sostiene el columnista que el capitalismo vende también entre sus fetiches, “la ilusión del ascenso social”, aunque en realidad con “las relaciones sociales capitalistas… unos llegan a ser explotadores y otros explotados, en diversidad de formas, pero explotados al fin”, sea como trabajadores que perciben un salario o un sueldo, como pequeños productores o comercializadores, entre otras clases propias de este tipo de sociedad. Así el ascenso social “termina siendo una aspiración de las clases medias, cuando en realidad son trabajadores que han dejado su condición política e ideológica [de clases también explotadas por el capital] para aspirar a ser como los patrones”. [2]


* Economista, miembro de la “Red Boliviana de Economía Crítica”

1 Léase en la columna A Contracorriente, “La problemática burguesa de la movilidad social”; Edmundo J. Nogales A. En La Época Nº 694, 18-24/10/2015, página 13.

2 Los textos entrecomillados corresponden al documento citado en la nota anterior.

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