noviembre 26, 2020

Chile y sus vecinos

por: Miguel F. Jiménez Canido

En los últimos días, nuevamente se han tensionado las relaciones bilaterales entre Chile y Perú debido a la reciente promulgación de la Ley de Creación del distrito de Tacna denominado La Yarada – Los Palos, que se encuentra limítrofe con Chile.

Pero, ¿por qué esta decisión soberana del gobierno peruano es descalificada por Chile? Todo se podría resumir en un nuevo episodio del conflicto limítrofe que sostienen ambos países; la postura de Chile se basa en que la frontera terrestre empieza en el Hito 1 y no en el denominado Punto de la Concordia. Por su parte Perú sostiene que la frontera terrestre con Chile está definida por el Tratado de Lima de 1929 y sus protocolos complementarios, definiendo así el Punto de la Concordia como límite. Un elemento importante a destacar es que la definición de la frontera marítima entre ambas naciones fue fijada pocos meses atrás por la Corte Internacional de Justicia de La Haya que no se pronunció sobre temas de la frontera terrestre; por consiguiente las indefiniciones continúan.

En esencia, el Perú ha emitido una norma interna, que en nada afecta el límite de la frontera terrestre con Chile que en todo caso se define (o no) por un Acuerdo Internacional. El Perú con la creación de este distrito simplemente ha reorganizado su territorio en clara atribución a su soberanía nacional. Sin embargo, este episodio ha servido como excusa a Chile para que una vez más su “duro” Canciller encabece una ofensiva diplomática y comunicacional contra su vecino.

Cuando le escuchamos declarar que “Chile va a velar por sus derechos soberanos y por su integridad territorial a través de todos los instrumentos que sean necesarios (…)” rápidamente imaginamos con cierto temor que retrocedemos en el tiempo y nos encontramos en tiempos de guerra o de conquista territorial. La Moneda siempre hace llamamientos al diálogo y la diplomacia, pero actitudes y declaraciones como estas no hacen más que causar desconfianza entre sus vecinos con los cuales mantiene algún tipo de controversia.

En ese marco, podemos entender el ejercicio militar “Huracán 2015”, una actividad castrense a realizarse en la región de Tarapacá. Este ejercicio tendrá operaciones de aire, mar y tierra, un amplio despliegue de personas y medios y contará con la presencia de la Presidenta Bachelet. El gobierno de Mapocho menciona que es una actividad periódica que no debe interpretarse como actitud de agresión. Pero, ¿cómo interpretamos esta actividad?

En un clima enrarecido en el que se encuentran las relaciones bilaterales de Chile respecto a las de Perú y Bolivia, no resulta conveniente este ejercicio militar, de demostración de fuerza, de poderío de armas y equipos en la frontera cercana; entendemos una disuasión de naturaleza militar generando un riesgo de escalada de los conflictos e incluso de la seguridad hemisférica.

No creemos que alentar el diálogo para resolver las controversias, ofrecer restablecimiento de relaciones diplomáticas y retomar negociaciones a la brevedad sea coherente con ejercicios militares y movimientos de tropas. El gobierno chileno debe saber que una acción en particular cobra significado en función a la interpretación que los demás tienen de la misma. Y esa interpretación, por ejemplo para Bolivia, se percibe como intimidación.

Es preciso sincerarnos y reconocer que muchas acciones son contrarias al espíritu de integración que debe primar entre países vecinos a pesar de los conflictos que mantengan entre sí, conflictos que afortunadamente se ha decido librar a través de métodos pacíficos de resolución, alejados de paradigmas disuasorios, carreras armamentísticas y dilemas de seguridad.


* Cientista político.

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