noviembre 26, 2020

José María Leyes y la salud

por: Boris Ríos Brito

Para asegurar el bienestar del pueblo es necesario que la salud no sea objeto de lucro, que los sistemas de prevención se fortalezcan y la atención la realicen médicos que tengan vocación.

El burgomaestre cochabambino, José María Leyes, ha optado por la “guerra de baja intensidad” contra el gobierno, el proceso y Evo, igual que el Gobernador de Tarija, Adrián Oliva. Ambos ya no contestan directamente al Presidente Evo, por lo menos ya no con el tono confrontador del dueño de DEMÓCRATAS, Rubén Costas, sino en el de conciliación y de reconocimiento.

Asimismo, Leyes trata de emular el estilo militante y trabajador de Evo, entregando obras, comenzando las jornadas de trabajo desde temprano, acudiendo ágilmente a cualquier problema significativo, visitando los barrios populares, compartiendo con la gente, tratando de aparentar una actitud desenfadada. Es como si Leyes tratara de, por todos los medios, borrar esa imagen que lo muestra con su guante levantando esa barra metálica para enfrentarse contra “los indios que invadían su ciudad” ese fatídico 11 de enero de 2007.

Pero, la derecha ha ido poniendo en práctica otras formas de confrontación como fue la movilización de COMCIPO [1], que en meses pasados consiguió réditos políticos articulando a sectores medios y urbanos contrapuestos al proceso con un discurso aglutinador y reivindicativo, aunque artificial. Lo que parece claro es que cualquier tema que pueda generar alguna simpatía de la opinión pública será usado como instrumento para debilitar al gobierno, tratando de dar forma a una todavía no clara propuesta-visión alternativa, éste es justamente el caso del tema de salud en Cochabamba donde se buscó una experiencia “cívica” contra Evo y la revolución democrática y cultural.

Surgimiento de un movimiento político

El desarrollo histórico de la salud pública en Bolivia ha favorecido a un sector que ha gozado de un horario laboral menor al de las 8 horas gracias a un decreto de hace casi 45 años que buscaba promover la salud a través de brindar ventajas a los profesionales del sector para fomentar su inclusión en el sector público. Vale apuntar que esta inclusión de profesionales al sector público no ha significado históricamente que abandonen el sector privado.

Actualmente, la atención pública es insuficiente en horarios de atención, infraestructura e insumos. Claramente, el problema central pasa porque los médicos son insuficientes y porque su prerrogativa de 6 horas ya no se aplica a las necesidades actuales, peor aun cuando tienen que responder en el sector privado y en otras ocupaciones como la docencia universitaria tanto en lo público como en lo privado.

La falta de médicos, de hospitales, de enfermeras e insumos, son sentidas por la población, pero no necesariamente sus causas y la forma en la que deban resolverse estas falencias, es por eso que campañas que usan el sentir popular para sacar réditos políticos tienen acogida; están por ejemplo el pedido del 10% del Tesoro General de la Nación para salud que no fue sino una falta completa de conocimiento sobre esa materia y la forma en la que se necesita afrontarla.

De esta manera, en Cochabamba, en los pasados meses surgió un autonombrado Comité de Salud que demandaba al Ministerio de Salud ítems para los hospitales luego de que el alcalde Leyes tomara como postura política, y al margen de la planificación y al final de cuentas del pueblo de Cochabamba, que la alcaldía no pone ítems, pero el Ministerio sí.

El Comité de Salud, compuesto por sindicatos médicos, algunos políticos de oposición y los sectores aliados a Leyes, trató llevar adelante un conflicto cívico y lo seguirá haciendo, pero en esta ocasión, y por el momento, el globo se les desinfló cuando organizaciones sociales con mayor representatividad y una nueva dirección cívica firmaron un acuerdo con la Ministra de Salud, evitando la supuesta movilización y paro.

Dos modelos en pugna

Tras esta artificial lucha se encubre un factor que no sólo toca a este sector, sino a la contraposición de la necesidad de planificación y articulación desde el Gobierno Central con la búsqueda desesperada de algunos gobiernos locales por algo alternativo.

La lógica de manejo de lo público no debe estar supeditada a los intereses de los partidos y sus representantes pues se postergan las soluciones integrales y de largo aliento y este aspecto es el que se ve aflorar en este periodo con algunos gobiernos subnacionales ganados por la oposición que en el caso de Cochabamba ya han llegado al extremo de quererse representar como “gobierno de la ciudad”, un eslogan con un sentido político de afronte cuasi independentista y excluyente a lo no-ciudad.

En los hechos, continuando con el “conflicto por la salud”, este “gobierno de la ciudad” quiere imponer una visión contrapuesta al gobierno central sin reparar en la necesidad de un plan de salud integral y sin tener una alternativa, en cambio, el Ministerio de Salud y con mayor fuerza con la médico ministra Ariana Campero, ha impulsado el Programa Mi Salud que constituye una apuesta real por la prevención y la ampliación del servicio de salud a lugares en donde nunca había llegado y que con todas sus falencias permitiría descongestionar los centros de salud y hospitales, optimizar recursos y atender a sectores por lo general marginados.

En definitiva, se confrontan las soluciones reales al problema de la salud y la planificación con el cálculo político, la falta de propuesta y la improvisación. Son efectivamente dos formas de ver el mundo; las que son enemigas del proceso y quieren volver a lo neoliberal y las que quieren profundizar el proceso.

El tema de fondo de la salud

Quien ha tenido la desgracia de caer enfermo en Bolivia y pertenecer a las grandes mayorías sin los recursos suficientes sabe que todo lo relacionado con la salud es un suplicio por lo costoso y por el trato de médicos y enfermeras; sin recursos un enfermo puede esperar que ni lo atiendan.

El tema de fondo es el cambio de paradigma de la salud actual que apunta sólo al lucro; los medicamentos son caros, la atención y los servicios cuestan un ojo de la cara y los honorarios médicos son exorbitantes. Si la salud es para asegurar el bienestar del pueblo es necesario que la salud no sea objeto de lucro, que los sistemas de prevención se fortalezcan y que la atención la practiquen médicos que tengan vocación, como que los insumos y medicamentos sean asequibles.

Un cambio de paradigma que no sólo debe ser esfuerzo de los galenos y del sector salud, sino de toda la sociedad, sin embargo, las políticas que se vayan aplicando señalan el nuevo camino, así como la implementación de una línea de planificación y acción a la cual deben sumarse los gobiernos subnacionales en vez de buscar ganancia política.

Se ha planteado la realización de una Cumbre de Salud para hablar sobre todos estos temas, pero lo que el pueblo no puede esperar es que en ese espacio de diálogo sean las voces corporativas de los sindicatos del sector las que se impongan sobre la necesidad de todos los bolivianos, tampoco pueden arrastrarse cálculos políticos para desestabilizar al gobierno y menos oposiciones a las propuestas cuando no se tienen alternativas. Ya queda fuera de lugar la defensa intransigente de “un derecho constituido” cuando la realidad es abismalmente diferente a cuando los médicos se hicieron con 6 horas como jornada de trabajo (casi 45 años atrás). La Cumbre de Salud debe representar a los intereses del pueblo y debe plantear un cambio de paradigma de la salud para vivir bien.


* Sociólogo cochabambino y militante guevarista.

1 Comité Cívico Potosinista.

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