noviembre 28, 2020

Doble moral y racismo para encubrir el machismo

por: Adriana Guzmán

“No quiero pensar que el lesbiana”. Ese comentario, mal llamado chiste, hecho por el presidente Evo Morales a la Ministra de Salud, ha ocupado la primera plana de la prensa para denunciar al Presidente en su supuesta lesbofobia. No es de extrañar que los medios se ocupen de esto habiendo otros asuntos de vital importancia para el país dado el racismo desde el cual juzgan las intervenciones del compañero Presidente, obviamente la derecha se hace eco y utiliza el comentario para hacer campaña política, tampoco nos extraña eso, pero que la sociedad se alarme y haga gala de una defensa a la llamada diversidad sexual cuando cotidianamente condena a vivir el amor y el placer entre mujeres en la clandestinidad no es más que una muestra de su doble moral y de su complicidad con el racismo.

Ahora, esto no significa que justifiquemos al presidente Morales que en reiteradas oportunidades ha reconocido su machismo, particularmente el que expresa en sus “chistes” y considerando que se ha autodenominado feminista es necesaria la interpelación ¡Qué pasa pues compañero Presidente! No se trata de reconocer su machismo y seguir repitiendo su conducta, ni de valorar la lucha de las mujeres y ponernos siempre a prueba, Ud. llama la atención a las autoridades que no están escuchando, pero los chistecitos solos los hace a las mujeres y seguro que no le hubiera dicho a un ministro “no quisiera pensar que es maricón”. Luchar contra el machismo compañero es un trabajo de todos los días, en lo público y en lo privado, y exigimos un cambio de actitud porque las disculpas son insuficientes.

Pero vamos a profundizar la reflexión para ver el fondo, los comentarios del Presidente y del Vicepresidente sobre la Ministra de Salud, se reproducen en las organizaciones sociales que hacen el proceso de cambio, un proceso que ha transformado las condiciones materiales de las mujeres con la titulación de tierras, con planes de viviendas prioritarios para mujeres, derechos laborales, proyectos productivos, e incluso bonos –aunque no coincidamos con las formas–, es decir, existe una redistribución de la riqueza que beneficia también a las más empobrecidas que somos las mujeres, esto muestra una clara aunque no suficiente lucha contra el sistema que las feministas comunitarias llamamos “patriarcado capitalista colonial racista neoliberal”, pero lo que no se quiere hacer es la lucha contra el machismo, contra la inferiorización de las mujeres, incluidas ministras, alcaldesas, concejalas, vendedoras, indígenas.

Se atenta contra el patriarcado porque oprime y explota hombres y mujeres, pero no se lucha contra el machismo porque beneficia a los hombres, a nuestros padres, hermanos y compañeros de lucha hoy en el proceso, en las organizaciones y en el gobierno. Una muestra es la falta de voluntad política para acabar con la violencia hacia las mujeres, la indiferencia frente a los feminicidios diarios. A las mujeres nos están matando y no basta con la Ley 348.

¡Así no se hace la revolución compañeros! Las mujeres somos la mitad de cada pueblo y no podemos confiar en la otra mitad porque corremos el riesgo de que se burlen de nosotras, nos intimiden con sus chistes, nos manoseen, nos utilicen, nos violen, nos maten, o corremos el riesgo de que no se hagan responsables de los afectos, de los sueños que construimos con ustedes. Si no podemos confiar en ustedes compañeros no hay revolución.


* Feminista comunitaria.

Be the first to comment

Deja un comentario