noviembre 30, 2020

El fin del intervencionismo Norteamericano y la Nacionalización del poder en Bolivia

por: José María Pantoja 

La intervención norteamericana en los cincuenta negó nuestra industrialización alrededor de la minería condenando las empresas estatales al fracaso.

Como señala Zavaleta, la falta de fe en sí misma de la clase dominante [1], hizo que históricamente siempre haya recurrido a extranjeros para el manejo de las cuestiones del Estado. Este artículo pretende brevemente analizar algunos hechos puntuales de la intervención descarada de Estados Unidos en asuntos internos de nuestro país con la complicidad de aquellas clases, las que siempre actuaron subordinadas y como correas de transmisión de los intereses extranjeros.

La sumisión

Un ejemplo de subordinación se aprecia en la conducción de la guerra del Chaco, la cual encomiendan a Hans Kundt, un oficial alemán que había organizado el ejército liberal.

En el campo económico dicho intervencionismo comienza con el Plan Bohan en 1946, durante la presidencia de Peñaranda, que en realidad no es ni siquiera un verdadero plan sino un informe que, sin embargo, tuvo grandes consecuencias en la realidad de nuestro país.

A consecuencia de la grave situación económica de los primeros años de la década de los cincuenta, cuando se da la revolución de 1952, el intervencionismo estadounidense se acentúa a partir de 1956, con la implementación del plan de estabilización diseñado por George Eder, significando un punto de inflexión en el modelo nacionalista porque es el comienzo del fin del nacionalismo y el afianzamiento del intervencionismo descarado de Estados Unidos en asuntos internos de Bolivia, “el país entero, su ejército, el propio proceso democrático-burgués estaban ocupados por el imperialismo norteamericano”. [2]

Si bien la nacionalización de las minas de 1952 es un éxito político, desde el punto de vista económico es un verdadero fracaso, pues el Estado pierde 12 millones de dólares anualmente.

Límites de la nacionalización

A diferencia de la nacionalización del 2006, la nacionalización de las minas en 1952 fue un fracaso económico, entre otras causas por el mal manejo de la COMIBOL y porque prácticamente se le saqueó, siendo el centro de acumulación para la creación de excedentes económicos que luego fueron transferidos para el desarrollo de la agroindustria en el oriente boliviano, y cuyos préstamos nunca pagaron los empresarios cruceños, razón que provocó la quiebra de los Bancos Agrícola, Minero y del Estado.

El enviado económico de Estados Unidos, George Jackson Eder, actuó con plenos poderes y sus memorias son quizá el documento más humillante que existe para la soberanía de Bolivia, señala Zavaleta. Este personaje actuó como un enviado colonial, ayudado por la desmoralización del nacionalismo. Impuso Eder un Plan de Estabilización Monetaria que implicaba la imposibilidad de desarrollar la industrialización en torno a la minería y condenaba a las empresas estatales a no ser otra cosa que simples centros de acumulación de la nueva burguesía. Las consecuencias de entregar la inteligencia económica a un extranjero eran las mismas que se habían vivido con la entrega de la conducción militar a Kundt en la guerra del Chaco.

En las garras de EE.UU.

El mencionado Plan de Estabilización Monetaria significará la ruptura del Gobierno con el movimiento obrero. El país entero, su ejército, el propio proceso democrático-burgués, estaban ocupados por el imperialismo norteamericano.

La idea era que la ayuda norteamericana debía ser garantizada por el ejército, el garante del imperialismo. La CIA imponía con sus embrollos y complots las decisiones políticas. En la costumbre del coloniaje la clase política sólo aspiraba a acomodarse de la mejor manera con los agentes del imperialismo. “El imperialismo norteamericano que ya había obtenido un modus vivendi provisional con el MNR a partir de la ayuda en alimentos (lo que había influido sin lugar a dudas en la reorganización del ejército y en las primeras concesiones petrolíferas) pudo entonces imponer un plan económico global”. [3]

La revolución nacional reorganizó el ejército con las armas norteamericanas, los uniformes norteamericanos, los reglamentos norteamericanos, y obviamente, la doctrina norteamericana.

Para completar esta corriente desnacionalizadora, en este periodo, se aprueba un nuevo Código del Petróleo de contenido liberal y ventajoso para la inversión extranjera, el Código Davenport.

En el campo social las consecuencias de este programa de ajuste económico, estaban dadas por el deterioro de la relación entre Gobierno y la clase obrera. Y el comienzo de una etapa larga de intervencionismo del FMI en asuntos internos. “Bolivia a principios de los años 50, fue el primer país donde se llevó a cabo la primera experiencia de asistencia técnica de la Naciones Unidas, en esta oportunidad también del FMI estrenó su primer programa de Ajuste Estructural, para enfrentar una aguda crisis inflacionaria”. [4]

El Plan de Estabilización Monetaria básicamente introducía el liberalismo económico en contraposición a las concepciones estatizadoras y nacionalizadoras de la Revolución, con el objetivo de orientar la economía boliviana en beneficio de los grandes intereses internacionales. Típicamente de orientación monetarista, congelaba los salarios por un año, establecía la libertad de precios, la libre empresa y la libertad de comercio. En forma temprana era la negación de los principios que había propuesto el Nacionalismo Revolucionario, es el comienzo de un proceso desnacionalizador, el nacionalismo comenzaba tempranamente a arrodillarse frente al imperialismo.

Neoliberalismo y ruptura

Con estas medidas se logra controlar la inflación, estabilizar el tipo de cambio, restablecer el sistema de precios relativos, reducir la especulación y crear las condiciones para un crecimiento del PIB, generando un nuevo ciclo de acumulación hasta alrededor de los primeros años de la década de los ‘80 en la que nuevamente se da un periodo de crisis en Bolivia, un nuevo punto de inflexión, el fin del capitalismo de Estado basado en la teoría económica del keynesianismo, para dar lugar a un nuevo modelo denominado “neoliberal”, cuyo basamento económico era la teoría económica del monetarismo, cuyo principal ideólogo fue Milton Fridman.

En los primeros años de la década de los ochenta nuestro país enfrenta otro periodo de crisis y para variar es otro gringo Jefre Sach que hace otro plan de estabilización, contenido en el D.S. 21060, quien en su libro: “El fin de la pobreza”, relata que una de las condiciones para abatir la hiperinflación era no pagar la deuda externa, entrar en mora, comprobando que el FMI no era más que un gendarme que cuidaba los intereses de la Banca Privada, “la estrategia del FMI sobre la deuda la determinaban los bancos internacionales y no los dictados de la buena política macroeconómica” [5], reconoce Sachs.

Uno de los méritos de la actual gestión de gobierno es habernos devuelto la dignidad y la autoestima a los bolivianos al cortar de raíz este descarado intervencionismo de los Estados Unidos en asuntos internos al expulsar al embajador primero, luego a USAID y la DEA.


* Economista y docente de la UMSA.

1 Zavaleta M. René. Consideraciones Generales sobre la Historia de Bolivia. Ed. Siglo XXI.

2 Recordemos que en la década de los sesenta con el pretexto de ayudar vienen la Alianza para el Progreso, dicha “ayuda” consistía en esterilizar mujeres en el altiplano sin su consentimiento porque el objetivo del imperialismo era hacer desaparecer a las naciones originarias, como denuncia la película Yawar Mallku de Jorge Sanjinez, por eso que los norteamericanos fueron los primeros terroristas en el mundo.

3 Zavaleta M. René. Consideraciones Generales sobre la Historia de Bolivia. Ed. Siglo XXI

4 Idem

5 Sachs, Jefre. El fin de la Pobreza. Ed. Diana.

Be the first to comment

Deja un comentario