noviembre 24, 2020

Francia: Todos somos culpables

La violencia es y ha sido la piedra principal donde se ha construido el capitalismo, todas las conquistas coloniales han sido intervenciones violentas y luego depredadoras de los recursos naturales de los países. África, Asia y América Latina han sido los escenarios de procesos coloniales y hoy son blanco de las disputas imperialistas.

En su estrategia de expansión los países imperialistas han corrompido a organizaciones locales, sean culturales, religiosas, políticas, militares, sindicales, etc. Sobre esta corrupción han generado el enfrentamiento local y después intervienen de manera directa en el conflicto.

Luego de la caída del Muro de Berlín, EE.UU. creyó que el mundo le pertenecía, trató de imponer su forma de democracia, pensamiento económico, estilo de sociedad, su hegemonía político-cultural. No tuvo éxito, en América Latina le dijeron: “ALCArajo” y en Medio Oriente le arrojaron un zapato, entonces tuvo que recurrir al compromiso con otros países que también juegan a ser imperiales y con esa ayuda construyó discursos para justificar su intervención militar en Irak, Libia y Afganistán.

Hoy la alianza de imperios pretende hacernos creer que están en una franca cruzada civilizatoria, cuando hace días nomás bombardeaban a poblaciones causando miles de muertos, la gran mayoría civiles, entre ellos niños; esa es la cara feroz de este perverso proceder que busca hacer natural la muerte y la guerra.

Entre tanto en países como el nuestro nos encontramos en peleas intestinas promovidas por estos mismos imperios, perdiendo la dimensión solidaria con nuestros pares.

La perversidad de la estrategia imperial ha logrado que la insensibilidad haya tomado posesión en nuestros cerebros y la violencia guerrerista nos parezca natural y justificada, saliendo a prender velas a las embajadas de países imperiales cuyos gobiernos se han mostrado además xenófobos; la arena está preparada para el retorno de los odiadores del género humano, el viejo racismo reverdece junto a la estrategia del saqueo de las riquezas naturales.

Nos hemos vuelto pasivos, seguramente por el miedo que nos impusieron en tiempos de dictadura militar, por horrores que vemos cada día, por la enajenación de nuestras juventudes que son presa del mercado consumista desenfrenado. El viejo internacionalismo proletario no tiene su correlato para el siglo XXI.

El sabor a venganza de los actuales bombardeos es el viejo eco de la política de Teodoro Roosevelt, el gran garrote sigue vigente y una humanidad que resuelve sus conflictos a los garrotes es una humanidad que no ha evolucionado; el garrote demuestra que seguimos siendo primarios en un mundo de aparente civilización.

La intolerancia hacia los diferentes es la incubadora donde el imperio deposita las semillas del odio, las desarrolla y entrega armas para orientar ese odio, luego pide ayuda para controlar lo que ha creado. ¿No es un proceder cercano a la locura?

Aceptemos que somos culpables porque no tenemos la capacidad para frenar a los imperios en su insana obsesión de ser los gendarmes de la humanidad; que somos culpables porque apoyamos a los representantes de los imperios en nuestros países; que somos culpables porque dejamos nuestro cerebro abierto para que los medios de comunicación nos digan que pensar y hacer.

Aceptemos que somos culpables por comprar productos transgénicos que son elaborados con la niñez pérdida de miles de obreros sin derechos.

Malas noticias, el capitalismo es el autor de todas las muertes y en todas partes es el que negocia armas sin importarle contra quien se dirigen.

Los muertos de Francia son también nuestros muertos porque todos somos culpables.


* Escritor e historiador potosino.

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