noviembre 24, 2020

Siempre al abismo: Época y revolución en Bolivia

por: Boris Ríos Brito

La expansión del Estado en el proceso cambio ha propagado el capitalismo donde nunca llegó y lo ha fortalecido allá donde ya había llegado.

El momento actual se caracteriza por ser el de la inflexión hacia un retroceso a lo neoliberal o el de la redención de los movimientos y organizaciones sociales que entramaron el proceso de cambio hacia el socialismo comunitario.

Las tareas ya no quedan en las arengas vacías, o la vulgaridad y pobreza teóricas y el no hacer nada, sino en la lucha de ideas y de masas que exigía el Che –tan nombrado y tan poco practicado–. Recorramos algunos aspectos que parecen ser centrales:

Expansión capitalista

El capitalismo universal ha demostrado su capacidad de subsumir a su racionalidad a cualquier cultura sin necesariamente negarla; en el caso boliviano, el boom del capitalismo aymara –con todas sus particularidades–, el paso de sectores campesinos a la gran agroindustria y otros fenómenos más pequeños pero más importantes en el tejido social como la diversificación económica de pequeños productores comunales hacia dinámicas capitalistas, dan cuenta de esto y de que la expansión del Estado en el proceso cambio, ha propagado el capitalismo donde nunca llegó y lo ha fortalecido allá donde ya había llegado.

Por esto mismo, no entender al capitalismo desde el marxismo por los “argumentos” de que la doctrina comunista es “occidental”, “clásica y superada”, “anacrónica” y otros, son excusas para la mediocridad, para una especie de anticomunismo engendrado por tendencias fascistoides, para un indianismo o indigenismo ensimismado o para la pobreza humana y teórica de la izquierda tradicional, aparatera y derrotada.

Si el marxismo, como teoría inacabada para aprehender al capitalismo y superarlo no ha dejado su vigencia es porque el capitalismo no ha sido superado. Ninguno de los anteriores argumentos descritos parte de situarse en la realidad para transformarla, sino de la comodidad, de la convivencia pacífica aunque pueda teñirse de discursos rimbombantes o de “tesis” magistrales que no llegan jamás a lo popular ni a la práctica.

Empero, pese a este despropósito, son esos sectores, ya en pleno proyecto capitalista, quienes defenderán el statu quo, pues el capital también es crisis y sólo le queda la catástrofe, mientras que –en llamado de Walter Benjamin– son las fuerzas populares y la revolución el freno de esa locura llamada progreso. Las contradicciones del capital siempre encerrarán un latente horizonte revolucionario sólo para aquel que lo quiera escuchar en el pasado.

Proceso de cambio

El sentido del proceso de cambio no podría entenderse sin un horizonte que no sea el del socialismo comunitario, pero no como entelequia maniquea para decir “algo propio” o “algo nuevo”, sino como resultado de una apuesta política y social construida en el proceso de lucha [1] por el sujeto histórico de la revolución boliviana llamado movimiento indígena y campesino y cuyo factor clave ha sido su lucha identitaria anticapitalista y comunitaria.

En este sentido, el entendido de Marx de que es posible para las comunidades campesinas, bajo ciertas condiciones y características, no pasar por las horcas caudinas del capitalismo hacia el socialismo y el comunismo, es una posibilidad también para nuestra realidad. No se trata de rechazar el avance de la humanidad en aspectos técnicos y tecnológicos, se trata de asumir que ese camino llamado progreso capitalista siempre lleva al abismo y que es necesario construir, desde abajo, una respuesta común y que ésta pasa por hacer la Revolución.

Pero los cambios no pasan por recetas o designios desde arriba o del escritorio, se articulan desde abajo, por eso mismo, tener una mirada romántica de los procesos evita encontrar el hilo conductor de sus desenlaces, lo mismo que hacerse de una mirada pragmática que no repare en el construir, en entrelazar las rebeldías para tejer horizontes.

Para lo neoliberal, ese silogismo del capitalismo más bruto, este momento es de escepticismo, pero aún no de derrota plena. Se ha caído su sistema de partidos políticos y aunque vemos el llanto cotidiano inconsolable de sus otrora benefactores (viejos políticos y su equipo de asesores a veces venidos frontalmente a políticos), ya no es el MNR, la ADN y el MIR los que imponen las agendas de la discusión pública (política por excelencia), sino las acciones populares, el reportorio de movilización desarrollado entre el 2000 y el 2005. Lo que muestra dos certezas rápidas; la primera, que la forma de hacer-política pasa por la forma movimiento y segundo, que si se retorna a las prácticas de los partidos neoliberales, como la prebenda, la corrupción y la reproducción de la cosa pública neoliberal, es decir, la lógica y funcionamiento del Estado neoliberal, la contradicción cobrará su factura.

Por ello, sin el horizonte común, sin un bloque revolucionario o, si se quiere, sin el entramado social tejido entre los sectores revolucionarios para construir el socialismo comunitario, sólo queda el retorno de lo neoliberal.

Batallas de ideas y de masas

El sendero no se abre con palabras, sino con ideas y con prácticas, lucha de ideas y de masas, para retomar la idea del Che. Y queda claro que el sujeto histórico de este proceso de cambio es el movimiento indígena campesino; su resistencia por más de 500 años, su enseñanza descolonizadora, su cosmovisión y proyecto de país no son un slogan, son el instrumento anticapitalista, antiimperialista, antineocolonial y anticolonial y de respuesta a la crisis del periodo capitalista actual. Sobre esa base que se nutrió de muchas luchas, de las rebeldías de los Katari y Willka, del propio Che y los que le siguieron y de las movilizaciones contemporáneas, es que se fue articulando el socialismo comunitario.

Cuando el movimiento obrero se encontraba despedazado como consecuencia de la legalización del neoliberalismo y la flexibilización laboral con el Decreto Supremo 21060 (1985), la relocalización de las minas (1986), la derrota de la “Marcha por la Vida” (1986) y “el fin de la historia” (1989-2000), con lo que ya los neoliberales gritaban a los cuatro vientos y en todos los aspectos que el paradigma había cambiado –que las ideologías habían muerto–, el movimiento indígena campesino, además de tomar la posta con identidad propia, supo desplegar una estrategia que fue articulando a otros sectores, esa experiencia tuvo como producto un bloque social revolucionario que ha ido perdiendo fuerza articuladora actualmente, cuando las organizaciones y movimientos sociales actúan de manera corporativa imponiendo una lucha desigual por el beneficio estatal, actitud en ocasiones promovida por el propio Estado.

Si esta época de la lucha anticolonial, antiimperialista y anticapitalista ha llegado a su fin como desean excitados los neoliberales y sus agentes locales e infiltrados en el aparato estatal, todo lo conseguido, todo lo transformado se revertirá, pero no en una lucha democrática, ni siquiera en la liberal, sino en la rabiosa venganza con que el amo castiga al esclavo que se atrevió a defenderse, pero no supo vencer a su enemigo.

Si este periodo se cierra y se revierte, no será responsabilidad de los líderes, sino de las organizaciones y movimientos sociales que dejaron que el horizonte revolucionario se les escapara de las manos y que no supieron corregir los errores antes que se conviertan en desastres, que no se situaron a luchar hasta con sus muertos para vencer a un enemigo que no ha dejado aún de vencer.


* Sociólogo y militante guevarista.

1 Sobre algunas puntualizaciones ver A propósito del Socialismo Comunitario: apuntes para un debate crítico, en: https://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=4349

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