noviembre 25, 2020

Acerca del cambio de logotipo del OEP

Luego de una administración electoral que generó dudas por la incapacidad institucional de administrar adecuadamente los procesos electorales últimos, cruzado por el enfrentamiento político entre oficialismo y oposición, junto a un desbande personal de los vocales anteriores del TSE, se hizo manifiesta la sanción social de la opinión pública por años desperdiciados en una institucionalidad frustrada, que no mostró ninguna transformación en el espacio del nuevo Estado Plurinacional, y más bien demasiados errores en el campo electoral, que comparadas con el antiguo accionar de la Corte Electoral Nacional, terminó siempre perdiendo. En definitiva, se había rifado una legitimidad ganada en los momentos difíciles de procesos electorales en medio de enfrentamientos y acusaciones, para dar lugar a una nueva, que tenía como tarea construir una identidad institucional, que exprese a la naciente Democracia Intercultural. El principio legal se cumplió y la proporcionalidad de género y de representación indígena, fueron parte de que se estaba cambiando la representación institucional en el nivel nacional y en las departamentales.

Falencias

Habrá que recordar que estos primeros vocales, elegidos para esta responsabilidad, se encontraron con el estupor de tener el poder de decidir sobre la administración y la promoción de las democracias; siendo que su experiencia provenía fundamentalmente de la sociedad civil y alguno de haber trabajado en la antigua Corte Electoral. Es decir, la nueva institucionalidad empezaba huérfana de ideas y proyectos para su transformación, y sí de muchos proyectos individuales, de quienes asumieron que sus méritos los habían conducido a ese espacio y no la igualdad de oportunidades que propugnaba el nuevo Estado Plurinacional, lo que generó en consecuencia una pérdida del norte político institucional, para dar lugar a la improvisación y al uso desmedido del espacio de poder.

Parte de esta transición inicial tuvo que ver con la nueva imagen institucional, que se mostraba complicada de construir por cuanto debía expresar y presentar un nuevo nombre y contenido, una nueva manera de entender la democracia en tanto intercultural, pero además dentro la coyuntura casi inmediata, la primera elección de jueces y magistrados para el Órgano de Justicia Plurinacional. La difícil coordinación entre la diversidad expresada en la nueva composición, generó que las responsabilidades centrales se fueran postergando y, en definitiva, la presentación de la nueva institucionalidad.

A menos de tres meses de las elecciones judiciales, no se contaba con el logotipo institucional ni del proceso electoral, aun cuando varios diseñadores habían presentado más de 200 propuestas. A exigencia del SIFDE, brazo operativo del TSE, los vocales votaron de emergencia por el logotipo que estuvo vigente durante casi cuatro años. El criterio aunque apresurado fue el de que el diseño expresara las nuevas funciones y responsabilidades del OEP, y el resultado fue el de un logotipo sobre cargado de significaciones y de no fácil lectura comunicacional.

Democracia Intercultural

Cabe destacar el esfuerzo que se realizó para que el nuevo rumbo fuera expresado en esta imagen institucional, así como la elección posterior del árbol de la diversidad con manos y votos que se convertiría en el logotipo de la campaña y posteriormente en la imagen de la Democracia Intercultural que tuvo al SIFDE como a su principal impulsor.

Los errores institucionales cometidos a través de acciones individuales de los vocales, no borraron los esfuerzos para que la Democracia Intercultural sea convertida en el nuevo discurso institucional, aunque el peso administrativo heredado buscará imponer la lógica del viejo Estado y de la institución electoral de tan sólo administrar procesos electorales.

Los vocales procuraron mantenerse al margen de enarbolar los contenidos de la nueva Democracia, por el desconocimiento de la temática, pero también por la falta de interés para profundizar esa tarea estratégica fundamental, optando por la salida más fácil, la del esfuerzo mínimo de repetir los procedimientos de la antigua CNE y de disfrutar de los beneficios del poder, disputando privilegios, pegas a repartir y viajes. De todas formas, el SIFDE realizó importantes avances en la temática de la Democracia Intercultural, de esta manera cerca de 20 libros se editaron y repartieron en la población, decenas de cartillas educativas, la creación del Instituto para la Democracia Intercultural y eventos nacionales e internacionales sobre la temática que buscaban responder a la expectativa histórica de Bolivia de construir su propia democracia.

Pero todos sabemos cómo acabó esta parte de la historia, y como empezó la nueva, con vocales elegidos bajo los procedimientos legales y respetando la representación tanto de género como lo indígena originario campesino.

Bajo la premisa de recuperar la legitimidad institucional se ha buscado tecnificar al personal para administrar procedimientos y procesos electorales, dejando de lado la propia formación del personal, y peor aún, a la propia población sobre las tareas propias de la Democracia Intercultural. Apenas si se ha acompañado los procesos de autonomía indígena y no existen propuestas para acompañar a Charagua, la única autonomía indígena que resultó aprobada en el referéndum. En fin, podríamos decir que lo procedimental y el ánimo de ganarse la confianza ciudadana haciendo lo mismo que hacia la CNE, ha generado un conservadurismo institucional, y el objetivo es ser cada vez más Corte Electoral que Órgano Electoral Plurinacional, dejando de lado la propia Constitución y las leyes electorales.

Nuevo logo

Valga como ejemplo de lo anterior la presentación del nuevo logo del Tribunal Supremo Electoral, que no es ni más ni menos que una ánfora con colores, réplica de los logos electorales de la antigua Corte Nacional Electoral, o como también dicen algunas explicaciones de los vocales, que lo nuevo es la representación de una mesa de negociación, que no es ni más ni menos que la versión oenegista e institucional de la democracia, no porque el dialogar sea malo, sino porque quedarse en lo procedimental encubre precisamente el debate y la construcción de fondo que es el de la Democracia Intercultural que queremos construir, nos quedamos en la convocatoria individual al voto y la palabra, pero dejamos de lado la visión comunitaria y de los derechos colectivos de los pueblos.

Los miedos institucionales de ser involucrados con una corriente política, han llevado al extremo institucional de buscar mostrarse asépticos y “neutrales” en un contexto político nacional donde contamos con una Constitución POLITICA del Estado Plurinacional que genera horizontes de equilibrio entre lo individual y lo colectivo, así como la legislación electoral señala misiones y tareas relacionadas con el desarrollo de la Democracia Intercultural.

Esperamos abrir la deliberación, siempre saludable para seguir avanzando, sin pensar que las instituciones son intocables, peor aún los vocales que cumplen una labor de servicio en el Estado para hacerlo cada vez más democrático e Intercultural a partir del reto de la construcción institucional de una democracia auténticamente nuestra, diversa y plurinacional.


* Sociólogo y ex Director del SIFDE-OEP.

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