noviembre 27, 2020

La cueca: Mucho más que un ritmo patrimonial boliviano

Para los cultores de la cueca, quienes podemos pasar noches enteras disfrutando de sus letras y melodías, además de bailarlas hasta que entre jaleos y expresiones de júbilo los zapateos y el aro arrebaten nuestras fuerzas, ayer fue un día de festejo, al ser declarada patrimonio nacional.

Y claro, esta decisión sólo pudo darse en el Estado Plurinacional pues, aunque parezca mentira, iniciativas similares impulsadas durante el Estado republicano, no lograron el interés de quienes actuaban como legisladores de entonces. Ni que decir de quienes fungían como autoridades de cultura.

Como el ser tocado por un rayo es inenarrable, lo es también el ser tocado por alguna melodía o letra de una cueca. Eso no se puede contar ni describir. Para hablar de la cueca fundamentalmente hay que sentir y sobre todo vivir (la).

Por eso la cueca es parte del alma boliviana, es el cielo y las montañas que nos hablan en la soledad y el silencio, son las aves muchas veces encubridoras de nombres o personas a quienes suplen para poderles contar secretos que no se dirán a quienes representan, son las flores de todas formas y colores que seducen, enamoran o entierran pasiones, son los ríos y arroyos que nos cantan al oído sus consuelos cuando un amor se ha ido y a veces, cuando también vuelve.

La cueca siempre responde a las preguntas que normalmente no tienen respuesta, es a veces profunda filosofía o sabiduría popular.

La cueca es vida y muerte, nacimiento y final. Todo al mismo tiempo y en el mismo espacio.

Es un rito que se inicia con una mirada directa, normalmente contestada con un bajar de ojos y buscar el pañuelo para levantarse y seguirte para ocupar un espacio que se convierte en infinito y a veces invisible, pues mientras bailas, muchas veces suceden cosas que nadie vea.

La primera quimba será el instante en que el pañuelo que esconde la intimidad del primer encuentro -en medio de miradas curiosas que observan los gestos y movimientos de ti y tu pareja- implicará tu primer atrevimiento al acortar las distancias o guardarlas en lo que implica el paseo, donde se te permitirá a veces tomar por segundos eternos la cintura añorada o en otros, ser nada más que un acompañar protocolar.

El zapateo se vendrá luego, en el que sentirás que se te despliegan las alas, para circular en torno a tu pareja, en un vuelo que te lleva a empezar a sentir los perfumes de quien te acompaña también zapateando, a veces huyendo y a veces entregándose como preludio de la segunda parte.

La segunda parte, aun teniendo la estructura de la primera, jamás será igual pues a ella llegarás cargado de pasiones o desencuentros. En ese instante normalmente sabrás que se viene después. Pasiones o tal vez olvidos que marcarán las cadencias, espacios y vehemencia de tu mirar y danzar.

La tercera visita ya es de viejos conocidos, decididos a ser sólo conocidos o potenciales visitantes de sueños y a veces hasta de alcobas.

La cuarta es el principio del fin. Sea este de alborozo o de simple encuentro y amistad, porque al bailar una cueca, siempre, pero siempre, te convertirás en al menos conocido, pues jamás olvidarás a la pareja que te acompañó a bailar una cueca.

La segunda quimba normalmente tendrá más fuerza, pues suele ser o la confirmación de la cercanía conseguida, o la distancia mantenida y a veces, constituye el momento final en que ambos se dan la oportunidad de recorrer esa distancia para transformarla en cercanía y posibilidad de sueño.

El segundo zapateo siempre implica un quiebre del corazón, pues tu impulso se verá frenado por un charolazo al piso que en su ruido detendrá tu danzar para dar paso a los vasos o tutumas que te invitarán a tomar hasta encontrar el fondo, mientras algún trovador se atreve a lanzar el aro, un picaresco cuento corto que en su final te arrancará al menos una sonrisa.

Continuada la cueca, concluirás con el zapateo para terminar a los pies, de quien podrá ser tu amada, o al menos conocida, pues reiterando, jamás uno olvida a quien te acompañó a bailar una cueca.


* Es zoociologo, con maestría en quimeras. Hizo su doctorado en la pluriversidad de Los Sauces en Lian Ma He Nan Lu. Alguna vez fingió como diplomático.

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