noviembre 25, 2020

¿Cómo funcionan las negociaciones de la COP21? Entender París

por: Stephannie Carrasco Oporto

A menos de veinte días de terminar este año nos vemos constantemente bombardeados por los medios, principalmente concentrados en el tema del referendo que se nos viene en febrero del próximo año. No obstante, en el plano internacional, se ven personas enfocadas en un punto específico del globo, ¿a dónde es que dirigimos nuestras miradas últimamente?, ¿a dónde van nuestros clamores por un mundo mejor? No son pocos los ojos y los oídos que se dirigen a una ciudad: París.

No, no estoy hablando de la actual problemática relacionada a la lucha contra el terrorismo, sino a otra que tal vez debería de importarnos más, considerando la crisis ambiental que tenemos en ciernes y que seguramente demandará más compromiso y atención de todos los habitantes de este planeta, ¿cómo resolvemos el problema del cambio climático?, ¿qué hacemos para conservar el único hogar de la especie humana, en este contexto de negociación internacional?

Este tipo de temas deberían ser objeto de conocimiento general, y a la vez, de preocupación tanto de expertos como de no entendidos; investigadores, representantes de Estados, negociadores, activistas, ambientalistas, personas de a pie, mujeres, hombres y niños. Me propongo dar un breve resumen de lo que se viene desarrollando en París, como tarea de negociación, posiblemente, una de las más importantes que se hayan llevado en la historia, para evitar lo evidentemente amenazante: el cambio climático.

Inicios de la preocupación

Por los años 50 el investigador Charles David Keeling da la primera advertencia respecto al calentamiento global. Sus estudios indicaban que el CO2 (dióxido de carbono) estaba cada vez más presente en el aire, como componente contribuyente a la difusión de gases de efecto invernadero (GEI).

El CO2 es la consecuencia de la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) utilizados para la producción de energía y transporte. De acuerdo con los estudios realizados por Keeling las variaciones de los índices de CO2 se incrementaban exponencialmente en el hemisferio norte. Al 2005, las emisiones de este gas aumentaron 75 ppm respecto a 1958. Son estas emisiones las que contribuyen a la variabilidad del clima, cambio climático o calentamiento global.

¿Qué es el cambio climático?

En la I Cumbre de la Tierra, o Conferencia de Rio de Janeiro, celebrada en 1992, se redefinió el concepto cambio climático de la siguiente manera: “cambio de clima atribuido directa o indirectamente a actividades humanas que alteran la composición de la atmósfera mundial y que viene a añadirse a la variabilidad natural del clima observada durante periodos de tiempo comparables”. Esto quiere decir que el conjunto de efectos de los diferentes procesos de explotación de recursos naturales, de industrialización, de falta de prevención y/o de previsión generan cambios, es decir, son parte de una dinámica de causa y efecto.

Los efectos de tal fenómeno son latentes y no siempre visibles: sube el nivel del mar, la alteración de los ecosistemas generan migraciones, aumento del estrés hídrico, aumento y disminución de precipitaciones, disminución de nevados y de glaciares, acidificación de los océanos, sequías y desertificación de tierras, olas de calor, plagas, alteración en la coloración de los arrecifes de coral y muchos otros tipos de desequilibrios.

Si hasta hace poco nos preguntábamos, ¿a partir de cuándo notaremos los efectos de estos procesos de transformación ambiental? ahora podemos asegurar que los efectos no se sienten, no al principio al menos, pues son cosa del diario vivir en este siglo XXI. No obstante, hoy ya es innegable que el cambio climático y el calentamiento global no son un mito… los cambios en la temperatura del mundo, la alteración de los ecosistemas e incluso la extinción espontanea de muchas especies son señales de que el deterioro del medio ambiente está llegando a escalas críticas.

El Consejo Económico y Social de la ONU, en su 45 periodo de sesiones y a través de su resolución N° 1436 del año 1968, alertó por primer vez acerca del deterioro del medio ambiente por el progreso científico y tecnológico de nuestra especie. Es ahí donde comienza a trazarse una línea de actividades que apuntan a un trabajo en equipo de todos los países para evitar la generación de más daños, comenzando así a estructurarse una serie de instancias internacionales para realizar acciones.

A partir de 1987 se comienza a hablar de desarrollo sostenible como una solución a la satisfacción de necesidades no comprometiendo la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus necesidades. Asimismo, se da el impulso para trabajar en una comisión de desarrollo sostenible a partir de la conferencia de Rio o Cumbre de la Tierra, donde se dan las bases de las negociaciones allá en 1992.

Uno de los momentos más importantes de este incipiente proceso es la constitución del polémico protocolo de Kyoto en 1997. Polémico no sólo por ser el documento que busca ese anhelado acuerdo global sino porque es un relato de negociaciones cuyos resultados carecen de la fuerza suficiente para poder obligar a los Estados a comprometerse de manera real y efectiva.

No es vinculante; son 37 los países desarrollados que hablan sobre los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, entre los cuales está alcanzar la reducción global de las emisiones del 5,2% y cuyas reglas específicas se definen posteriormente en los acuerdos de Bonn y Marrakech incluyendo las ayudas a darse a aquellos países en vías de desarrollo. Estos dos últimos documentos sirven para generar un compromiso de aquellos estados que lo ratificaron, es decir, los anteriores carecen de peso real para generar obligaciones. No obstante, al final, sólo 193 países ratificaron el acuerdo, con la notable excepción de EE.UU.

Los momentos clave para sentar las directrices de los convenios

La COP 11 de 2005 estableció la aplicación del Protocolo de Kioto, a la que se sumaron 55 países, de los cuales 30 se encontraban obligados a la reducción y/o la limitación de sus emisiones de gases de efecto invernadero. Se logra efectivizar relativamente el mercado internacional de comercio de carbono, instituyéndose la adopción de un Plan de Adaptación; también se implementa el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) para fomentar las inversiones en proyectos que limiten las emisiones de gases en los países en vías de desarrollo, promoviendo el desarrollo sostenible, con la asistencia del Fondo de Adaptación del Protocolo.

Dado que los procesos de cumplimiento de los compromisos son algo demorados, se trazan entre 2007 y 2009 los preparativos para un nuevo acuerdo global con miras a Copenhague. Estos eventos se dan en Bali y Poznan y tienen como resultado el establecimiento de las orientaciones a escala global sobre los modos de tratamiento del calentamiento global respecto a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, así como acuerdos relacionados al financiamiento de la ayuda a los países en desarrollo.

Es importante señalar también que es en este tiempo, con los Acuerdos de Cancún de 2010, que se llega a la determinación de limitar el calentamiento por debajo a los 2º Celsius y se habla de financiar –con base en los treinta mil millones de dólares comprometidos en las conversaciones de 2010 a 2012– cien mil millones de dólares como monto de esa ayuda.

Se lanza el mecanismo REDD+, orientado a la reducción de emisiones que proceden de la degradación de bosques y la iniciativa de transferir tecnologías de los países del centro a los de la periferia. Con esto, se busca adaptar a estos estados no desarrollados a los eventos naturales y climáticos que son consecuencia de los actos de toda nuestra especie.

La Plataforma pro 2015, Durban

La Plataforma de Durban (ADP, por sus siglas en inglés) es la conductora del proceso de adecuación de estado para la adopción del acuerdo universal de este 2015. Este paquete de decisiones tiene como puntos principales: lanzar un proceso encargado de reflexionar sobre el protocolo como instrumento jurídico con fuerza de ley.

Se trata de un intento de compromiso vinculante, aplicable a todas las partes del CCMNUCC de las Naciones Unidas, mediante un plan de trabajo para poder identificar las opciones de las brechas de ambición o compromisos de reducción de emisiones al 2020 en cumplimiento con el compromiso de mantener el calentamiento por debajo de los 2 grados. Otras expresiones de esta voluntad son la prolongación del Protocolo de Kyoto como nuevo compromiso a partir de 2013 y el lanzamiento efectivo del fondo verde; además de la promesa de financiar un monto de ayuda a países no desarrollados que se prorroga año tras año.

2015, París y las negociaciones

La Conferencia de Partes del COP21, que actualmente se lleva a cabo en la periferia de París, en “Le Bourget”, reúne estos días alrededor de cincuenta mil personas, veinte mil delegados diplomáticos de 195 países y otros tantos que representan las diversas organizaciones de la sociedad civil.

Las agendas son programas extensos de negociaciones, discursos y actividades en diferentes mesas de trabajo, aunque nada está dicho hasta al último minuto del día de finalización de la Conferencia.

Dos semanas para lograr un ambicioso acuerdo global sobre el clima que pueda limitar el calentamiento del planeta a sólo 2 grados centígrados de aquí al 2050, mientras las aproximaciones hechas por científicos indican el gran reto de esta tarea.

Los agentes encargados de la negociación

Al ser la Conferencia de Partes del COP21 el órgano supremo o de toma de decisiones de la Conferencia Mundial de Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMUNCC), su trabajo se realiza en conjunto con la Comisión Especializada (CMP, por sus siglas en inglés) que puede ser definido como un grupo de personas encargados de la implementación del Protocolo de Kyoto.

La conferencia conformada por: representantes de los 195 Estados, los representantes de empresas transnacionales (nótese aquello), activistas ambientales y representantes de los pueblos indígenas.

Se trabaja junto con la CMP, compuesta por órganos que guían el trabajo de tres cuerpos de negociación: el Grupo de Trabajo Especial sobre la Plataforma de Durban para una Acción Reforzada (ADP); el Órgano Subsidiario de Implementación (SBI); y el Órgano Subsidiario de Asesoramiento Científico y Tecnológico (SBSTA).

El Grupo de Trabajo Especial sobre la Plataforma de Durban para una Acción Reforzada (ADP) es un órgano designado por los gobiernos para poder desarrollar el nuevo acuerdo propuesto, de carácter vinculante, que se negocia estos días en París, expresado en medidas como la adaptación y mitigación de los efectos del calentamiento global, la protección de los océanos y el financiamiento a los países subdesarrollados con un monto de 100 mil millones de dólares, para poner en funcionamiento este nuevo protocolo hasta el año 2020.

El Órgano Subsidiario de Implementación (SBI) es el órgano técnico especializado en los mecanismos de realización del compromiso que se prevé se aplicará en 2020 (en caso de obtenerse dicho compromiso). El SBI apoya el trabajo de la Conferencia de Partes y la CMP mediante la evaluación y el análisis de la implementación efectiva de la Convención y el aún vigente Protocolo de Kyoto de 1997.

Finalmente, se encuentra el Órgano Subsidiario de Asesoramiento Científico y Tecnológico (SBSTA), que es el grupo de personas con experiencia técnica y científica en todo lo referente al cambio climático, como ser: efecto invernadero, recursos naturales, medio ambiente, geología y otros temas. Reporta a la COP y la CMT, proporciona información y asesoramiento oportunos sobre todas aquellas cuestiones científicas mencionadas, siempre en relación a los puntos que se van negociando en la Convención y el Protocolo de París que se desarrolla mientras se escriben estas líneas.

Se tiene previsto que si se llega a un compromiso vinculante entre los representantes de los 195 Estados asistentes, este llegue a ponerse en vigor a partir de 2020. Mientras tanto, cada uno de estos estados debe trabajar de manera individual para la generación de planes y políticas públicas medioambientales, industriales, de energías renovables y desarrollo sostenible, que junto con sus bases normativas nos lleven a cumplir la meta entre 2030 y 2050.

Existe una financiación de 100.000 millones de dólares anuales, que vendrían a ser depositados para los países considerados en vías de desarrollo como una colaboración para trabajar en el tema de adaptación y a su vez afrontar los efectos del calentamiento global. El problema es ¿quiénes dan este monto? La OCDE, Organización de Países Industrializados, se pronunció al respecto, señalando que desde hace tiempo, meses atrás, los bancos multilaterales y los acuerdos bilaterales han ido destinando dos tercios del monto establecido.

El proceso de negociación ya comenzó y las diferentes mesas de trabajo tienen el compromiso de entregar resultados a la presidencia de la COP mientras lidian con los otros representantes y entablan más negociaciones, conversaciones y acuerdos.

Hay, por lo tanto, un despliegue de personal técnico y político que viene y va entre compromisos, discursos, representaciones, manifestaciones pero sobre todo un gran trabajo de “lobby”, que no tiene descanso y que no da por sentado nada hasta la clausura de todo el evento.

Las alianzas y negociaciones entre países ya estaban preestablecidas desde antes que sus representantes pisen París. Sus borradores, no obstante, son algo dinámico. Hay ilusiones y sobre todo hay un juego de intereses empresariales por detrás; los auspiciadores de todo este gran despliegue de personal y recursos son diferentes en todo sentido, pero con intereses económicos claros. La sociedad civil de todo el mundo está atenta, al igual que nuestros pueblos, al documento que es evaluado y discutido entre todos estos sujetos decretos anteriormente. La lección de las anteriores experiencias realizadas hasta el momento apunta a que todo depende de la habilidad de nuestros representantes.


* Abogada y estudiante de la Mención de Relaciones Internacionales y Diplomacia de la Carrera de Ciencia Política.

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