noviembre 29, 2020

Gajes de un empresario acelerado

El empresario de la comida al paso y líder de la opositora derechista Unidad Nacional, Samuel Doria Medina, se mandó hace días otra de sus fantásticas ideas de clarividente y de la manera más curiosa, pidió de improviso al gobierno suspender el referendo constitucional aprobatorio previsto para el 21 de febrero.

Doria Medina, comedidamente y mostrando afanes protagónicos lanzó esa sugerencia descabellada horas después de retornar de Caracas, alertando la victoria de la oposición en el Legislativo venezolano, y dijo además que suspenda la medida del referendo para que el gobierno dedique esos 148 millones de bolivianos a resolver los problemas económicos que hay en el país.

Seguramente ni a Ud., amigo lector, le llaman la atención esos anuncios de propaganda callejera que hace el empresario del cemento, y es que ni siquiera los medios aliados a éste se encargaron de amplificar la propuesta. Pero, recordemos, ¿no fue él quien de manera alarmista anunció que el gobierno estaba preparando un “corralito” bancario?

¿Acaso no fue Doria Medina quien mintió sistemática y cínicamente contra el programa Evo Cumple? O, ¿no es otra mentira la que acaba de decir al señalar que el costo del referendo asciende a 148 millones, cuando en realidad no pasa de los 50?

¿No fue Samuel quien anunció que se había caído el satélite? En fin, no ha ahorrado adjetivo alguno para afrentar a Evo Morales, y por eso llama la atención que ahora esté haciendo de su protector o su ángel de la guarda.

También, según el empresario de las hamburguesas, los resultados registrados en la elección parlamentaria en Venezuela, ganada por la oposición, dijo que se replicarán en Bolivia. Argumentó basar su criterio, y por tanto pedido, en una encuesta reciente formulada por una empresa de aparición reciente, que el oficialismo boliviano restó valor por lo endeble de su muestra y que, además, no considera el voto campesino, puntal desde 2005 que ganó Evo Morales en seis repetidas ocasiones.

Cuando escuchamos estas versiones, lanzando sugerencias en la vida política, identificamos que tienen afanes meramente protagónicos, porque no existe en un político como éste una limpieza en su palabra, mucho menos una propuesta viable frente a los desafíos del futuro político del país.

Además, estamos ante un hecho que llama la atención y habrá que advertirlo, ya que el líder cementero, como ya lo hizo en varias ocasiones, llevó propuestas con la intención de generar temor, miedo en la población ante acontecimientos que se avecinen, más que apoyar una convocatoria a respetar el ejercicio democrático.

Los desencuentros entre los representantes de la vida política nos demuestran una vez más que tienen que ver con los rasgos de la colonialidad, que se agudizan cuando los actores provienen de escenarios que les impulsan a buscar el poder, tal como le ocurre a Doria Medina a su regreso de Venezuela, donde se codeó con la derecha más recalcitrante de ese país.

Si pensamos que seguimos entendiendo el poder como esa facultad privativa de las personas, no hemos superado siquiera el neoliberalismo, peor aún el colonialismo. El poder, ese monstruo de mil cabezas, inventada como divino y luego basado en el dinero, sigue penando en esas personas que han dejado de soñar con el futuro armónico y en equilibro, y que de ninguna manera van con el momento histórico que vivimos.

Tenemos que pensar que lo que viene en febrero, ante todo, es una gran batalla para el proyecto futuro que reabrirá las esperanzas en los incrédulos de la revolución, y seguramente nos llevará a desafiar a este tipo de representantes de la vida política que no cuentan con un proyecto de país, sino que anteponen sus intereses por encima de los intereses del pueblo.


* Escritor e investigador boliviano.

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