diciembre 3, 2020

¿Reserva moral?

por: Carlos Macusaya

La frase que Guillermo Carnero Hoke plasmó en su prólogo a la Tesis india (1971) de Fausto Reinaga: “El indio es la gran reserva moral de nuestro tiempo”, hoy por hoy es desmentida por los “indios”. El caso del Fondo Indígena es la mayor muestra de este desmentido y pone en cuestión uno de los bastiones discursivos del gobierno: su carácter indígena.

Uno de los problemas más evidentes en el MAS ha sido su forma de entender lo y al indígena, como opuestos a occidente, y en general, como ajenos a los problemas de los “no indígenas”. Así se dijo que los corruptos eran los “partidos tradicionales” y el “gobierno indígena” era lo opuesto. Pero el “proceso de cambio” está llegando a un nivel donde sus propios mitos se derrumban.

Si se hubieran tomado en serio la historia de los “indios”, más allá de hacer shows para turistas, se habrían enterado de que en 1980 se formó algo similar al Fondo Indígena: el Concejo Indio de Sud América (CISA). El CISA se formó con ideas que presentaban a un “indio” ajeno a los problemas “occidentales”, pero terminó desmoronándose por los malos manejos económicos. Si los del gobierno hubieran sacado las lecciones pertinentes de esta experiencia, si supieran de ella, nunca habrían cometido el error de dar vía libre al FONDIOC.

Si con los bloqueos aymaras de los años 2000 y 2001 el “indio” emergió como actor político de trasformación, con lo que está pasando actualmente el “indio” parece ser sólo el pretexto de algunos dirigentes para “redistribuirse recursos”. En estos momentos los lamentos no son nada útiles. Hace falta algo más que eso.

La situación actual de varias organizaciones sociales y el papel que juegan sus actuales dirigentes, como se expresa en el caso del Fondo Indígena, no deben ser denunciados simplemente, sino que se debe dar una lucha en esos espacios, desplazando actores. Esta situación crítica es óptima para la emergencia de otra generación. Se trata de una situación óptima para la renovación. Lo que no se dará por buena voluntad ni por “usos y costumbres”, sino por la gallardía, por el atrevimiento de jóvenes que estén dispuestos a “entrar en la cancha”.

Se trata de ir contra la tradición dirigencial para enfrentar una nueva situación política en la que los movimientos sociales son sólo un recuerdo o son un simple slogan para encubrir acciones ajenas a los intereses colectivos. Se trata de forjar una reconfiguración en las estructuras organizacionales y de representación de eso que ingenuamente se llaman “movimientos sociales”.

Si bien en estos tiempos de “descolonización” los mitos sobre los indígenas se caen irremediablemente es tonto pensar que esto es el fin de los “indios”. El desmoronamiento de los mitos sobre los indígenas no es el desmoronamiento de una lucha, sino que se trata de afrontar nuevas condiciones de lucha.


* Comunicador social y miembro del Movimiento Indianista Katarista (MINKA).

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