noviembre 30, 2020

2015: Crisis económica y elecciones golpean al proceso latinoamericano

por: Eduardo Paz Rada

Nuestra América ha sido históricamente un espacio de lucha entre la dominación y la liberación, y este momento no es la excepción.

La excesiva apuesta política a las estrategias electoralistas, dejando en un segundo plano la profundización de los procesos y la politización, organización y movilización de los movimientos populares; la ofensiva interna de las oligarquías locales y la externa del imperialismo; así como la expansión de la crisis de las metrópolis capitalistas hacia América Latina y el Caribe, expresada en la reducción de precios de los más importantes productos de exportación y en la presión del poder financiero mundial, han marcado las tendencias de este periodo, afectando los avances de la unidad e integración emancipadora de nuestros pueblos.

Si bien en abril de 2015, en la Cumbre de las Américas realizada en Panamá, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, fue dura y personalmente criticado por los jefes de estado del continente demandando el desbloqueo a Cuba y el cese de su agresión a Venezuela; los resultados electorales en Venezuela y Argentina y la fuerte campaña contra el gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil, gestados en los últimos meses del año, son una señal peligrosa para las fuerzas nacionales y populares en la medida en que se han asentado las propuestas económicas neoliberales más ortodoxas y los proyectos políticos conservadores acompañados de manifestaciones de desconcierto en sectores antes comprometidos con los gobiernos populares y antiimperialistas.

El riesgo mayor se cierne sobre los procesos de integración y unidad de los pueblos y países de la región que avanzaron durante la década 2005-2015 en la formación de proyectos como la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA), la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) sin la tutela y la injerencia norteamericana y bajo el espíritu del proyecto bolivariano de integración y tomando en cuenta las tendencias de la política mundial en el siglo XXI.

Se trata, por tanto, de un momento histórico de desafíos y alta sensibilidad y conflicto, debido al impulso que han tomado los sectores neoliberales que pretenden proseguir su ofensiva en Perú, Ecuador, Nicaragua y Bolivia, lugares donde se realizarán elecciones y consultas en 2016, frente a los esfuerzos por afianzar en la región una perspectiva nacional-popular soberana e independiente.

Señales fuertes de la ofensiva contra Dilma

Los primeros indicios de la fuerte ofensiva conservadora en la región se manifestaron, desde el pasado año, en Venezuela con la campaña mediática y política y con la presión interna y externa de desabastecimiento de productos básicos, en paralelo a la baja internacional de los precios del petróleo y con la arremetida contra el gobierno brasileño con denuncias de corrupción relacionadas a la empresa estatal PETROBRAS y a obras de infraestructura para el Mundial de Futbol. El Secretario de Estado del gobierno norteamericano, John Kerry, no descartó, en ese momento, una invasión a Venezuela.

En 2014, en las elecciones brasileñas, en las que el imperialismo y la oligarquía brasileña jugaron a dos cartas: Aecio Neves y Marina Silva. Ambos aunaron fuerzas en la segunda vuelta para presionar al gobierno de Dilma Rousseff inmediatamente después de los comicios, llevando a la presidenta a nombrar al representante de la banca privada Joaquim Levy en el estratégico Ministerio de Finanzas. La presión no paró ahí puesto que en 2015 comenzó la ofensiva buscando la revocatoria de mandato impulsada por el ex Presidente neoliberal Fernando H. Cardoso y el Presidente de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha, provocando mayor inestabilidad política.

Luis Inacio Lula Da Silva salió al paso buscando reducir las presiones sociales y políticas en la perspectiva de ser el candidato presidencial en el futuro, entretanto la conspiración contra el gobierno de Brasilia solamente ha abierto un cuarto intermedio mientras los sectores de trabajadores del campo y la ciudad, los campesinos sin tierra y los millones de marginados esperan que la presidenta Rousseff y el PT, en lugar de hacer más concesiones al poder financiero internacional y a las transnacionales, reorienten las decisiones a favor de quienes han respaldado a Lula y a Dilma y ahora sienten que se incumplen los acuerdos.

A ello se suma la presión de los poderosos gobernadores, “los coroneles”, de varios Estados, de los medios de comunicación controlados por monopolios como la red O Globo, la CBN o la revista Veja, entre otros, que no han reducido su presión opositora y conspirativa convocando a manifestaciones y actos en distintas ciudades del gigante sudamericano.

La importancia y peso estratégico y geopolítico de Brasil en el continente es indudable. Se trata de una de las diez economías más poderosas del mundo, del eje político y económico fundamental de Sudamérica y su desempeño y decisiones afectan a todos los países de la región y, además, es parte de la asociación Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS), el cónclave de potencias emergentes que se ha convertido en el equilibrio planetario frente a Estados Unidos y la Unión Europea rompiendo el esquema unipolar y abriendo paso a la multipolaridad internacional.

Por otra parte la rica región amazónica forma parte de su patrimonio territorial, la misma que es la tentación de las metrópolis imperiales y de las transnacionales que pretenden convertirla en reserva de “toda la humanidad” en tanto reserva de múltiples recursos naturales. Al respecto los militares brasileños han marcado con claridad su defensa como parte soberana de su país.

El proyecto macrista y la desestabilización de Venezuela

El triunfo electoral del neoliberal Mauricio Macri en Argentina, por menos del 2.8%, sobre Daniel Scioli, débil candidato oficialista, ha marcado las tendencias de la coyuntura sobre todo por la claridad de su proyecto político, social, económico e internacional, a pesar de tener en contra a la mitad de la población argentina, en muchos casos bien organizada. Las elecciones mostraron una clara polarización de fuerzas, sin embargo las políticas sociales de Cristina Kirchner que impulsaron la recuperación económica y el incremento de las fuentes de trabajo no fueron suficientes ante las campañas relacionadas a hechos de corrupción no explicados satisfactoriamente y a la especulación cambiaria y de la deuda con los fondos buitre.

Como en el caso brasileño y prácticamente en toda la región, el poder de los medios de comunicación monopolizados por las corporaciones privadas y transnacionales jugó un papel central en la desestabilización de la presidenta. La reacción del Grupo Clarín ante la ley que establece la democratización de la información y la comunicación fue enorme y declaró una guerra abierta para no perder sus privilegios y mantener su dominio sobre la opinión pública.

Si en la campaña electoral el discurso de Macri fue medido, demagógico y contradictorio, a los pocos días de asumir el control del gobierno se ha desenmascarado al anunciar que su prioridad será beneficiar a la oligárquica Sociedad Rural Argentina y sus herederos, reducir el rol del Estado en la economía, afectar las políticas sociales relacionadas con la educación, la salud y los servicios básicos y dar curso a las demandas de los fondos buitre, para ello nombró como Ministro de Finanzas a un hombre de la banca internacional como Alfonso Prat Gay. Sobre la ley de medios de comunicación estableció por decreto que queda en suspenso y sin ejecución.

Por otra parte, marcó la cancha sobre su relación prioritaria con Estados Unidos y no con los países de América Latina, traicionó la causa argentina de las Malvinas al obviar el tema en su discurso, quitarle la importancia que tiene y manifestar su simpatía con Inglaterra, estableció su cercanía con Israel y su alejamiento de Irán y manifestó directa y crudamente su animadversión al gobierno de Nicolás Maduro de Venezuela, formando parte de la internacional enemiga del proyecto bolivariano heredado del comandante Hugo Chávez.

Pocas semanas después de las elecciones presidenciales argentinas se produjeron las elecciones parlamentarias venezolanas, precedidas de una campaña millonaria encabezada por los gobiernos de Estados Unidos y España y respaldada por todos los representantes del neoliberalismo en la región, en las que los candidatos del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) fueron derrotados en la gran mayoría de las circunscripciones electorales.

La crisis de los precios del petróleo, con una tremenda baja en los últimos meses, la excesiva dependencia de los mismos, el desabastecimiento de productos de consumo masivo, el contrabando hacia Colombia y la falta de una política económica sostenible que impulse el autoabastecimiento y el control interno, fueron determinantes para que se den los resultados anotados, especialmente por la fatiga de la población que se manifestó con la abstención en los comicios puesto que la oposición conservadora unificada apenas subió en su votación acumulada.

Los medios de comunicación, encabezados por CNN de Estados Unidos y El País de España, fueron los protagonistas centrales para desarrollar una poderosa y millonaria campaña de desprestigio del proceso venezolano bajo el argumento de la ausencia de libertades individuales, de fraude electoral, de desconocimiento de los resultados y de ruptura del proceso democrático. Estos y otros medios, así como los impostores como Felipe Gonzales, ex Presidente “socialista” de España y mensajero de bancos y transnacionales, fueron desmentidos fehacientemente por la realidad del proceso venezolano.

Al respecto del mismo se abre un interrogante importante, especialmente sobre las tareas que debe cumplir el gobierno de Nicolás Maduro y el PSUV para revertir la situación sobre la base de la organización y participación del pueblo con miras al futuro, tomando en cuenta que la nueva mayoría parlamentaria va a desarrollar un plan de desestabilización ampliado con el objetivo de romper uno de los eslabones más importantes de la unidad latinoamericana.

Movimiento en los bastiones antiimperialistas

La novedad histórica mayor del año se ha instalado en Cuba a raíz de los acercamientos producidos con el gobierno de los Estados Unidos desde finales del pasado año, los mismos, después de intercambio de detenidos y declaraciones conjuntas, culminaron con la apertura recíproca de embajadas, después de más de cincuenta años del aislamiento a la isla y de la presión en los últimos años de los países hermanos de América Latina y el Caribe.

Los encuentros de Raúl Castro con Obama han tenido un tono de mutuo respeto y consideración aunque queda pendiente el tema del bloqueo económico y comercial que se encuentra en manos del Congreso norteamericano. Sin embargo, corresponde apuntar que se trata de una relación sumamente desigual que ha llevado al gobierno cubano a una espera nerviosa sobre los siguientes pasos, lo cual ha limitado sus movimientos, en tanto la Casa Blanca desarrolla fuertes arremetidas sobre la región y se da pausas frente a La Habana.

En Ecuador, Bolivia, El Salvador y Nicaragua los movimientos han sido menos intensos de los que se produjeron en Argentina, Brasil y Venezuela, lo que no quiere decir, de ninguna manera, que las fuerzas imperialistas y sus aliadas conservadoras se hayan quedado tranquilas puesto que, a través de los poderosos medios de comunicación televisiva, radial y escrita, los grupos opositores neoliberales, los grandes comerciantes de la especulación, las agencias internacionales, las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y la inteligencia y el espionaje norteamericano, han mantenido en jaque a los gobiernos nacionalistas y populares.

En el caso de Nicaragua el presidente Daniel Ortega ha estado batallando contra la presión externa de los países vecinos y la interna de la oposición que se ha convertido en un freno a todas las iniciativas impulsadas por el poder ejecutivo, más aún cuando Estados Unidos, con el gobierno de México como aliado principal, ha desarrollado una intensa actividad de control a los países del istmo centroamericano.

En Bolivia y Ecuador, a su vez, la vanguardia contrarrevolucionaria se ha instalado en los medios de comunicación, las oligarquías regionales y en las ONG, poderes fácticos que se arrogan la representación de la “sociedad civil”, para realizar campañas millonarias con el argumento de que se debe terminar con el extractivismo a nombre de una abstracción ambientalista que busca paralizar las economías y frenar el impulso del desarrollo generado en los últimos años. La falacia de la disyuntiva extractivismo versus ambientalismo ha quedado desmentida por la historia de los propios pueblos, tomando en cuenta además que las ONG que defienden la postura conservacionista están financiadas por los millones del poder financiero mundial y por las potencias metropolitanas.

En las elecciones regionales y municipales realizadas en ambos países el desempeño oficialista no ha sido de los mejores porque, en 2014, han ganado los candidatos de oposición en importantes bastiones urbanos ecuatorianos como Quito y Guayaquil y, en 2015, en importantes departamentos y ciudades bolivianas como La Paz, Santa Cruz y Tarija, abriendo una interrogante sobre las perspectivas electorales.

Sin duda el factor de mayor incidencia negativa en el crecimiento económico de la región ha sido el de la reducción de la demanda de materias primas en el mercado internacional, especialmente con la caída estrepitosa de los precios de los hidrocarburos, fuente central de recursos para ambos países, provocada por la desaceleración de la economía china, la sobreproducción de petróleo y los juegos de poder en la estratégica región del Medio Oriente.

Posicionamiento del eje proclive a Estados Unidos

La Alianza del Pacífico (AdelP) impulsada por Estados Unidos, después de su fallido impulso al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que fue derrotado por los gobiernos nacionalistas de la región en 2005, ha generado iniciativas comerciales y económicas en un bloque de países de la región que adhieren a las políticas librecambistas de Washington: México de Enrique Peña Nieto, Colombia de Juan Manuel Santos, Perú de Ollanta Humala y Chile de Michelle Bachelet.

Esta iniciativa ha servido para sacudir el tablero integracionista por la vía integradora, defensiva y proteccionista del MERCOSUR, UNASUR y CELAC que se han visto paralizados en esta gestión.

Este acercamiento regional con el gobierno de Washington ha tenido un telón de fondo de crisis internas y de baja credibilidad de los presidentes Humala, Peña Nieto y Bachelet, quienes han enfrentado durante 2015 fuertes remezones políticos. En el caso de Chile, la presidenta no ha podido calmar los enfrentamientos en su bloque de gobierno, se encuentra paralizados sus proyectos sobre la economía y la educación y ha perdido la brújula en su disputa frente a la demanda marítima boliviana; a su vez Humala tiene bajísimos niveles de aceptación, ha enfrentado fuertes movilizaciones sociales y está prácticamente de salida; y, finalmente, Peña Nieto mantiene un país en dura crisis económica, no tiene control sobre el avance del narcotráfico y sobre los grupos paramilitares que controlan regiones enteras del país.

Un caso especial es el de Colombia que, en La Habana y después de gestiones del comandante Hugo Chávez, ha avanzado durante el último año en el proceso de pacificación con las reuniones que realizan los representantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y del gobierno de Santos para sellar un acuerdo que zanje más de cincuenta años de enfrentamientos. En otro ámbito, sin embargo, el gobierno de Bogotá y las Fuerzas Armadas mantienen una alta dependencia del Pentágono.

La zona fronteriza colombo-venezolana ha estado marcada por las tensiones debidas a la existencia de poderosas mafias de narcotráfico, contrabando de gasolina y alimentos y por paramilitares que han impulsado la desestabilización del gobierno de Nicolás Maduro, quien ha tenido que adoptar fuertes medidas para controlar la región y asegurar la soberanía y la convivencia de las poblaciones hermanas de la frontera, con aceptación del gobierno de Juan Manuel Santos.

Lucha por el poder mundial

Sería muy difícil entender plenamente la coyuntura latinoamericana y caribeña si no se toman en cuenta los movimientos estratégicos en la geopolítica mundial, la misma que marca de manera integral las grandes tendencias que, en el la gestión 2015, han tenido momentos de altísima importancia. Luego del fin de la Guerra Fría a principios de los noventa del pasado siglo, el planeta parecía orientarse a la plena unipolaridad y la dictadura de Estados Unidos acompañado de sus aliados europeos, sin embargo el nuevo siglo deparó sorpresas insospechadas.

La emergencia de Rusia, China e India, potencias comunistas del pasado las dos primeras, con su población, territorio, poder atómico, derecho a veto, expansión económica a escala planetaria, impulso de proyectos de complementación económica y comercial con decenas de países en los cinco continentes y desplazamientos militares en zonas clave del mapa mundial, coloca a los mismos en situación de ventaja frente a las potencias tradicionales que están sufriendo crisis económicas estructurales de muy difícil solución inmediata.

Lo que parecía un inamovible dominio militar y económico norteamericano y europeo, en sociedad con el sionismo israelita, sobre Oriente Medio y sus recursos petroleros, se vio de pronto alterado con la presencia de los nuevos protagonistas como Irán y Rusia y luego China. Las invasiones militares sobre Irak y Afganistán de las décadas anteriores se complementaron con los bombardeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a Libia, pero cuando se intentó la misma acción sobre Siria se manifestaron los nuevos jugadores no solamente oponiéndose sino actuando directamente en el conflicto y cambiando las condiciones del conflicto.

De igual manera, el intento de la OTAN por frenar la influencia rusa en Europa Oriental recibió una respuesta contundente no solamente con relación al asedio de Ucrania o la anexión de Crimea, sino con una reacción directa para mantener su poder sobre la región que transformó radicalmente el mapa de desplazamientos e influencias y el control fáctico de territorios.

Más aún cuando la crisis en Medio Oriente provoca las masivas migraciones africanas y árabes sobre Europa Occidental ahondando más su crisis económica, desatando la xenofobia y la violencia contra los extranjeros que, en el contexto mayor de la expansión del Islam, provoca que los sectores radicales del mismo realicen acciones de terror como el ocurrido en el corazón de París hace algunas semanas, dejando un ambiente de temor, incertidumbre y malestar a pesar de los mensajes de tranquilidad de los gobernantes de Francia y Alemania.

La poderosa economía china que ha alcanzado un control e influencia en todo el mundo, este año ha tenido una reducción de su crecimiento lo que no impide su lugar de segunda-primera potencia mundial pero afecta a las economías de otros países, entre ellas las de Latinoamérica, en lo que corresponde a su demanda de materias primas, productos agrícolas y alimentos.

Temas fundamentales en el tablero de nuestra América

La ofensiva conservadora y las acciones del imperialismo en América Latina y el Caribe, sin embargo, han recibido respuestas importantes. Las movilizaciones populares de los últimos días en Brasil respaldando a Dilma Rousseff, las organizaciones de base en Argentina que están atentas a actuar frente a la descarada política neoliberal macrista en un país dividido en dos, los movimientos sociales en Bolivia encabezados por la Central Obrera Boliviana (COB) en el Consejo Nacional por el Cambio (CONALCAM) y las misiones venezolanas son parte de la recuperación y reconstrucción del proyecto integracionista de la Patria Grande.

Si bien MERCOSUR, CELAC, UNASUR y ALBA se encuentran en un momento de dificultades, los principios y los alcances se mantienen y deberán ser reactivados especialmente profundizando los alcances de la integración defensiva de las Fuerzas Armadas, de la complementación comercial, económica y financiera con la formación de una entidad monetaria propia y la coordinación política y diplomática sobre la base de la defensa de la soberanía y la dignidad conseguidas en los tres lustros últimos.

Esto no significa desconocer el permanente asedio imperialista sea a través de maniobras militares en el Atlántico Sur, de ejercicios militares con Fuerzas Armadas de la región, de sociedad con Inglaterra por mantener el control de las Islas Malvinas Argentinas, de defensa de las transnacionales instaladas en nuestro continente o de controlar los recursos naturales estratégicos.

Los territorios y países de América Latina y el Caribe han sido históricamente el espacio de lucha entre la dominación y la liberación, entre el movimiento patriótico de la semicolonia contra el poder imperial y este momento no es la excepción.


* Sociólogo y docente de la UMSA. Escribe en publicaciones de Bolivia y América Latina.

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