diciembre 3, 2020

Borrón y cuenta nueva

por: Carla María Ariñez Sanjines

El hombre moderno, a pesar de creer en la historia, es incapaz de crearla, pues simplemente ésta se crea sola o a través de un número restringido de hombres.

Se acerca el fin de año. Ese momento que de alguna forma todos esperan, pero a la vez se quejan de su llegada: “¡uy este año se ha pasado volando!”, “¡cada vez el tiempo pasa más rápido!”, “parece que era ayer que estábamos celebrando carnaval”. En fin, todo tipo de exclamaciones de sorpresa por la llegada de diciembre. Y cada año es igual.

Sin embargo, a pesar de las quejas o sorpresas por la llegada repentina de ese temido 31, para todos supone un “borrón y cuenta nueva”. De alguna forma estamos convencidos que el año siguiente será mejor, que todo lo que salió mal en éste, el próximo cambiará, que el momento que ese calendario pase al primero de enero… BOOM por arte de magia llegó la solución a todos nuestros problemas. Pero no sólo a nuestros problemas sino a todas aquellas cosas que nos molestaron de nosotros mismos o que hicimos mal. Todos nos ponemos 10, 15 o X número de metas (que vale sincerarse y decir que normalmente no las cumplimos) y empezamos el año con todas las ganas del mundo. Da igual que al 31 llegaste agotado de cansancio, el primero te renuevas (una vez que se pasa el chaki claramente).

Pero pensemos, ¿de dónde viene esta idea de renovarnos, recrear, volver a empezar? Esta pregunta me recuerda los esbozos teóricos que nos plantea Mircea Eliade en su libro El mito del eterno retorno. El autor nos habla sobre el hombre arcaico que no cree en la historia más que como una cuestión cíclica, que se va regenerando conforme se vuelve al mismo punto en el ciclo cósmico y en ese punto de ‘reinicio’. Es curioso pensar eso y la idea del año nuevo que describimos al inicio nuevo reflejaría un poco esta concepción cíclica ya que empezamos de nuevo, nos reinventamos, decidimos cambiar de dieta, dejar de fumar, empezar de cero. Volvemos a ese punto de partida.

Como explica Eliade, el hombre moderno, a pesar de creer en la historia, es incapaz de crearla, pues simplemente ésta se crea sola o a través de un número restringido de hombres, que disponen de medios para obligar a los demás a soportar las consecuencias de la historia. Por otro lado, el hombre arcaico al tener la capacidad de reinventarse y comenzar nuevamente el ciclo tiene mayor libertad como creador.

Ahora pensemos de nuevo en ese 31 de diciembre, todos estamos convencidos de estar escribiendo nuestra historia de forma lineal, sin embargo, aprovechamos esa pequeña oportunidad que nos da el calendario para borrar lo malo y empezar de cero, esa idea cíclica de reinventarnos cada vez. Sea cual fuere el caso creo que lo que le importa a la mayoría es tomar el champagne y desear que cada deseo de esas uvas se cumpla.

Puede que sean simples supersticiones, pero por si acaso este año nuevo no se olvide de ponerse calzón rojo para la pasión, amarillo para la platita (no sé qué pasa si usamos los dos a la vez), botar agua sucia, barrer la casa para sacar las penas, poner lentejas en sus bolsillos para que no falte nada, subir gradas con maletas para los viajes, saltar de una silla con el pie izquierdo para empezar el 2016 con el derecho, etc., etc., etc. No vaya a ser que nuestra versión 2.0 nos guste todavía menos que la anterior que queremos mandar al año pasado. Sin embargo, salud y feliz año nuevo para todos.

* Socióloga.

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