noviembre 23, 2020

Apuntes sobre luchas feministas

por: Esther Eunice Calderón Zárate 

Ahora nos queda agradecer a las mujeres y a los hombres que luchan. Agradecerles por la vida que entregan, no como sacrificio, sino como ofrenda.

“Gracias por tu vida (ofrenda tuya)

-él”

Waromar, Liliana Bilbao

Frecuentemente, cuando paseo por las calles de La Paz, observo a las mujeres consideradas referentes del feminismo boliviano y percibo un caminar disperso, casi sin rumbo. Más allá de su aparente agresividad, cuando las sigo por la radio o las encuentro en algún evento académico o social, percibo un profundo resentimiento que aflora en ellas. Se muestran como campos de batalla con un tendal de muertos. Parece que su supuesta “libertad” las ha dejado vacías. Ellas se consideran libres, pero la “libertad” que predican no me libera.

También soy mujer y sufro diariamente los efectos que produce el sistema androcéntrico moderno, sin embargo, durante varios años me he preguntado por qué su lucha me interpela pero no me convoca y por qué no logro, como mujer, ser también portavoz de las ideas que plantean.

Entre otras luchadoras, reconozco el papel importante de María Galindo [referente actual de la lucha feminista en Bolivia] en tanto que visibiliza los terribles sufrimientos de las mujeres bolivianas, pero al mismo tiempo confieso que su feminismo genera en mí pesadumbre y consternación [1]. Reitero, no me convoca.

En la realidad práctica, aceptar su feminismo significaría negar a mi padre, y a mi madre también, pues ambos se eligieron [y permanecen juntos hoy] para compartir su vida como complemento recíproco. Simultáneamente, negaría a mis abuelos y abuelas, y a sus abuelos. En un futuro, negaría a mis hijos varones. ¡¿Cómo negar a los autores de mi existir y a mi vida misma como posible creadora de un nuevo ser?!

Como afirma Rafael Bautista en sus Reflexiones des-coloniales, el feminismo liberal produce un distanciamiento radical con el hombre y deja a la mujer completamente sola [2]. De este feminismo tradicional, extendido y difundido mediáticamente en nuestro país huyen los hombres [evidentemente], aún aquellos que han tomado consciencia de ser cautivos y que se esfuerzan por ser libres del sistema androcéntrico.

Sin embargo, esta lucha feminista radical, mediática y liberal no es la única lucha por la liberación de las mujeres. Desde nuestras culturas proviene una alternativa: la lucha de las mujeres indígenas. Ellas han vivido y viven un sufrimiento triple: por ser mujeres, por ser pobres y por ser indias [3]. Por ello, su lucha es diferente, renovadora, liberadora y con un horizonte redentor, ignorado sistemáticamente por el feminismo radical.

El sufrimiento y la lucha de nuestras mujeres indígenas es superior a las peleas egoístas e individualistas de los otros feminismos. Ellas nos enseñan a luchar por la comunidad, por todos. Como señala Bautista, la lucha de las mujeres indígenas es una lucha también por el hombre, por los hijos y la familia. Se constituye una lucha por la vida que produce la libertad de todos. “Reivindicar a la mujer es reivindicar a la PachaMama (…)” [4].

¿De quién o de qué quiero ser libre?, ¿acaso del varón que al igual que yo es un ser humano que busca libertad?, ¿puede encontrarse la libertad en el individualismo y aislamiento?, ¿por qué no luchamos juntos por nuestra libertad?

Al mirar la lucha de las mujeres indígenas comprendo que la liberación no puede ser unilateral [5], porque liberación egoísta no es liberación. Se trata de salvar la vida, liberar al hombre, y recuperarlo, para hacernos cargo de la vida, varones y mujeres.

A partir de la crítica al sistema androcéntrico tenemos que recuperar al hombre, pues él también es víctima, consciente o no, de este sistema [6]. Entonces, no se trata de anular al hombre para alcanzar la liberación, “no es una liberación de esto o lo otro, sino de toda relación de dominación”.

Esta lucha, que es distinta, me inspira, porque veo en ella a mi padre y a mi madre juntos, a mis abuelos y bisabuelos; veo también a mis futuros hijos. Me siento parte de esta lucha porque es nuestra y es de todos. Y, sus consecuencias políticas no son sectoriales. Como nos muestra Bautista, esto se traduce en política como el hacerse responsable por todo y por todos [7].

Entiendo que el hacernos responsables por todos excede nuestro mundo humano, pues también significa ser responsables de todo lo que nos rodea, de la PachaMama y de todos los seres que la habitan, y también de los cielos. “Somos la cultura de la vida, presuponemos la complementariedad, la reunión de lo que la vida ha dispuesto para renovarse siempre (…)”.

La consecuencia a nivel político ya no es una política androcéntrica ni antropocéntrica, sino “cosmocéntrica” [habrá que re-pensar dicho término]. Hacer política no será solamente servir al pueblo, sino también servir a la Madre Tierra, a los animales, las plantas, al aire y al agua; construir políticas públicas para protegerlos y garantizar su existencia.

“La descolonización es sólo viable si acontece de modo práctico, en el desmontaje de nuestras propias creencias y certidumbres”. A través del planteamiento de Bautista hemos iniciado este desmontaje, ahora queda para mí pendiente el problema de transitar a la descolonización práctica que, en términos de lo que hemos expuesto significa iniciar la lucha para recuperar la dignidad y la vida de la mujer, y así, al mismo tiempo, recuperar la dignidad y la vida de todos.

Ahora nos queda agradecer a las mujeres y a los hombres que luchan [8]. Agradecerles por la vida que entregan, no como sacrificio, sino como ofrenda.


* Esther Eunice Calderón Zárate es politóloga y representante de la Comunidad Crítica Creativa. esthercalderon26@gmail.com

1 Queda pendiente [pues no es tema de este ensayo] mi compromiso por exponer y sustentar argumentativamente las razones que producen en mí estos “sentimientos” y que me llevan a establecer una distancia clara con su feminismo.

2 Véase de Rafael Bautista, Reflexiones des-coloniales. Rincón Ediciones. La Paz, 2014, pp. 25-40.

3 Ídem, p. 28.

4 Ídem, pp. 25-26, 28, 32.

5 Como afirma Bautista: “Ni el varón ni la mujer pueden ser libres si su liberación es unilateral (…) no podemos ser libres, como humanidad, si no liberamos primero a la PachaMama”. Ídem, p. 39.

6 Planteamos aquello en consonancia con la siguiente afirmación de Bautista: “la crítica a un sistema androcéntrico tiene que ver con la crítica a la auto-referencialidad del individuo moderno burgués, que deja a la mujer como un mero apéndice en todas sus realizaciones personales egoístas. Ídem, p. 28.

7 Ídem, pp. 33, 39. “Una crítica al mundo androcéntrico quiere reivindicar la responsabilidad que significa ser padre y madre”. Reivindicando al padre y a la madre reivindicamos también al hijo.

8 La primera versión del presente artículo se escribió para el 21 de junio del año en curso, el nuevo año aymara 5523. Agradezco a las mujeres y varones que forman parte del Taller de Descolonización y al profesor Rafael Bautista, fundador y director del taller durante más de un año, porque a partir de sus constantes interpelaciones y los diálogos críticos mis reflexiones han adquirido vida y espíritu. Agradezco al taller por la inapreciable enseñanza de la importancia de la construcción comunitaria del conocimiento. En el decurso de mi propia vida voy comprobando que las construcciones teóricas que no son entregadas a conocimiento del pueblo y que no son sometidas al aporte de las visiones y reflexiones críticas de la comunidad son pensamientos cuyo potencial transformador es casi nulo. ¡Jallalla hermanas y hermanos!

Be the first to comment

Deja un comentario