diciembre 2, 2020

Entre Ucrania y Siria: La geopolítica imperial

Washington y la Unión Europea tienen por objetivo final establecer una política de cerco contra el gobierno ruso de Vladimir Putin.

EE.UU. en crisis

La crisis económica financiera desatada el 2008, puso en evidencia una crisis en los Estados Unidos cuyo estallido venía postergándose desde hacía varias décadas. Según escribe Atilio Borón (2012) en el libro Latinoamérica y la Geopolítica del Imperio, diversos documentos elaborados por el Pentágono, el Departamento de Estado y la propia CIA, sobre los escenarios futuros (en torno al año 2020 o 2030) “coinciden en que Estados Unidos jamás volverá a disfrutar la supremacía que supo tener en la segunda mitad del siglo XX y que ese tiempo ya se acabó”.

Estados Unidos enfrenta una crisis caracterizada por la pérdida de su gravitación económica en el mundo, al fin de la Segunda Guerra Mundial su contribución al PIB mundial rondaba el 50%, en la actualidad es 25%, sufriendo además de dos “déficits gemelos” (fiscal y de balanza comercial) que han adquirido dimensiones extraordinarias. El dólar norteamericano ha declinado significativamente su valor, de ser la única moneda de reserva de valor se convirtió en una divisa sostenida por sus propios rivales, como China, Japón, Corea del Sur y Rusia, sobre esto, el Estado se endeudó al lanzar varias guerras sin subir los impuestos y reduciendo más bien los impuestos a los ricos y a las grandes corporaciones. En síntesis, Estados Unidos hoy es más pobre que en 1945. El número de pobres de dicho país pasó de 25 millones en el año 1970 a 46,2 millones en el año 2010.

Esta crisis fue postergada por una otorgación indiscriminada y sin freno de créditos bancarios a toda la población, pudiera ésta pagarlos o no, cuyo fin fue garantizar la demanda interna sin que los salarios aumentaran. Desde el gobierno de Reagan las medidas de desregulación financiera estuvieron dirigidas a incentivar el crédito para paliar la crisis; éstas desmontaron todo el sistema de regulación financiera establecido desde 1930, eliminaron las trabas a la libre circulación de monedas y abrieron la puerta a una amplia variedad de negocios financieros, entre ellas las tarjetas de crédito y los créditos “sub prime”, que no eran otra cosa que créditos riesgosos otorgados a personas con baja capacidad de pago.

Como resultado del incremento histórico de los precios del petróleo, que el 2008 tocó su techo histórico alcanzando 130 dólares por barril, millones de personas dejaron de pagar esos créditos, la burbuja especulativa alimentada por el crédito barato reventó y el sistema financiero de los Estados Unidos, siendo considerado uno de los más avanzados y complejos del mundo, colapsó. Esta crisis le costó al mundo millones de dólares, ahorros personales, trabajos, casas y la caída de millones de personas debajo de la línea de la pobreza.

Para evitar una situación similar a la de 1929, el gobierno de los Estados Unidos procedió al mayor salvataje estatal de los bancos privados de la historia, socializó su deuda y quedó en déficit por miles de millones de dólares que destinaron para el salvataje de los bancos. En Estados Unidos, la deuda pública que en 2009 ascendía a unos 13 billones de dólares (o sea, 13 millones de millones de dólares), es decir, un 90% del PIB, en 2011 alcanzó una cifra equivalente a la totalidad del PIB (Borón 2012).

En 2009, el alto grado de integración mundial de los sistemas financieros nacionales determinó una rápida propagación de la crisis y el mundo entero se vio arrastrado a su vorágine. Los gobiernos de todo el planeta se vieron obligados a poner en marcha programas de estímulo económico, que implicaban aumentos en el gasto público, muchas veces financiados con deuda externa. Este mayor endeudamiento generó una crisis fiscal, que explica la posterior crisis del Euro y la de Grecia en particular.

¿Cuál fue la solución de los Estados Unidos para salir de su crisis?

La profunda crisis de los Estados Unidos desencadenó la búsqueda de una “solución militar” a los problemas, impulsada por el complejo-militar industrial de los Estados Unidos. Después del fin de la guerra fría, el complejo–militar industrial, que es un gran aparato creado para la guerra, literalmente quedó sin trabajo y encontró un nuevo sentido en la invención de guerras en el Medio Oriente y en la llamada “lucha contra el terrorismo”, que halló su justificativo en el atentado de las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre del 2001, momento en que el presidente George W. Busch creó discursivamente el “Imperio del Mal”.

¿Por qué controlar el Medio Oriente?

Hoy es cada vez más complicado el acceso seguro y previsible a los recursos naturales, en particular petróleo y minerales estratégicos. La histórica subida de los precios del petróleo el año 2008, para algunos analistas, fue interpretada como una crisis del pico de petróleo, que es el punto en que las reservas de petróleo empiezan a disminuir mientras la demanda aumenta. Aparentemente la caída de la oferta del petróleo y el aumento de sus precios, fue controlada por los Estados Unidos con el desarrollo del fracking, que es una técnica extremadamente cara y contaminante de explotación de gas no convencional capturado en las rocas con el que inundaron los mercados provocando un aumento de la oferta y, por tanto, la caída de los precios internacionales del gas y petróleo. Pero claramente esta no es una solución duradera.

Entonces, la primera razón para controlar la región de Medio Oriente radica en que allí se encuentran los yacimientos más grandes y más ricos reservas de petróleo y gas natural. Controlar el flujo de esos recursos le da a Estados Unidos una gran capacidad de apalancar a la economía capitalista mundial y a otras potencias. Por otro lado, el Medio Oriente es un punto de enlace con Europa, Asia y África; por eso tiene una crucial importancia militar, está al centro de esenciales rutas comerciales y es lugar clave para la construcción de gasoductos para la distribución de gas hacia Europa.

Los Estados Unidos y la OTAN han desarrollado una verdadera estrategia militar para controlar el oriente medio que consiste en instaurar y respaldar a tiranos dependientes de Estados Unidos en Arabia Saudita, Egipto y Afganistán, lo que implicó también respaldar al estado de Israel y reforzarlo para convertirlo en una base militar de la OTAN para, finalmente, destruir cualquier fuerza o régimen que amenace esa situación, además de colocar gobiernos títeres como ocurrió en Irak y Afganistán y Libia.

Luego de la ocupación de Irak el 2003, justificada con la excusa de la destrucción de armas masivas cuya existencia nunca logró demostrarse, vino la de Afganistán con las excusa de Al-Qaeda y después la de Libia que culminó con el asesinato de Muhamad Gadafi el 2011. El siguiente blanco sería Siria, sin embargo esta última ocupación no fue tan sencilla como las anteriores, porque el presidente Al-Assad de Siria es aliado de Putin y ha sido clave para Rusia, para garantizar las rutas de suministro de gas de Rusia a Europa. Por tanto, es posible suponer que los ataques contra Libia y Siria sean en realidad parte de un plan más amplio de la OTAN contra Rusia, que tiene por finalidad acabar la dependencia energética de Europa respecto a ésta.

El conflicto en Siria y Ucrania es contra Rusia

Sin duda el otro gran frente para los Estados Unidos, y en general para la OTAN, hoy en día es Rusia, que ha recuperado su lugar de potencia en el mundo con el establecimiento de alianzas estratégicas con otras potencias emergentes como China e India, que está desafiando a EEUU y la Unión Europea. Rusia es también una gran potencia gasífera y Europa depende de ella para su abastecimiento energético ya gran que parte del gas que consume es ruso y llega a través de los gasoductos que atraviesan Ucrania [1]; es así que el viejo continente teme a esa dependencia tanto como la necesita, ya que Rusia ha utilizado el precio del gas natural y los gaseoductos en dirección a Europa como parte de su política exterior, y en 2006 y 2009, detuvo brevemente el suministro que atraviesa por Ucrania [2]. (ver mapa 1)

(Ver mapa mencionado en el PDF de este número en:

https://www.la-epoca.com.bo/portada/1451083415/digital/#/25/zoomed)

Esa es la razón por la cual Europa durante los últimos años ha desarrollado una intensa política hacia Ucrania, tratando de conquistarla para que sea parte de la Unión Europea, torpedeando su relación con Rusia. Sólo entre el 2012 y el 2013 Kiev recibió de la Unión Europea más de 470 millones de euros para mejorar su economía para “convencer a los ucranianos que entre la UE y la Unión Aduanera de Moscú la primera trae mejores réditos” [3].

El 2009, Yanukovich, candidato pro-ruso, gana las elecciones y la Unión Europea junto a Estados Unidos ofrecen a Ucrania un tratado de libre comercio a cambio de millones de dólares de ayuda; el 2013 Yanukovich rechaza el acuerdo y estallan las protestas en Kiev apoyadas por la Unión Europea, así el Presidente reprime las fuerzas anti-rusas y mueren más de 100 personas. Yanukovich tiene que huir del país refugiándose en Rusia y Ucrania se divide. Moscú ocupa militarmente la península de Crimea y en marzo del 2014 los habitantes de esa península votan por incorporarse a la federación Rusa. La comunidad internacional todavía no acepta esa anexión que ha sido un golpe inaceptable para la Unión Europea y los Estados Unidos.

Conflicto en Siria: Todo por un gasoducto

Frente a la conflictividad de las rutas de gas ruso por Ucrania, la OTAN diseñó un plan alternativo de transporte de gas desde Qatar, pasando por Turquía, con el fin de romper o la menos debilitar la dependencia europea respecto del gas ruso, pero la única vía posible para la construcción de este gasoducto es por Siria, aliada incondicional de Rusia. Entonces, la OTAN necesita ocupar Siria, desplazar los gasoductos rusos y construir otros provenientes de Qatar (ver mapa 2).


(Ver mapa mencionado en el PDF de este número en:

https://www.la-epoca.com.bo/portada/1451083415/digital/#/25/zoomed)

La principal arma de la OTAN contra Siria, para desestructurarla por dentro y luego ocuparla, ha sido el potenciamiento del Ejército Islámico (EI), grupo terrorista también conocido como ISIS o Daesh, dentro de su territorio. Hay pruebas suficientes para afirmar que el EI ha sido creado por los Estados Unidos y sus aliados en Europa como instrumento para desestabilizar el Medio Oriente y luchar contra sus opositores, en particular en Siria. Actualmente es el ejército irregular más grande y rico del mundo, con 30 mil combatientes y con un ingreso aproximado de dos millones de euros por día, que cuenta con armas sofisticadas de última generación compradas a la OTAN, cuyo financiamiento proviene tanto de países del Golfo Pérsico, entre ellos Arabia Saudita, Qatar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos [4] y de los Estados Unidos, como de la venta de petróleo proveniente de los territorios ocupados de Mosul, Irak, y el tráfico de mujeres, órganos y antigüedades. Es una brazo que se desprendió de Al-Qaeda para hacer frente a la invasión de Irak el 2003; el 2010, apoyado por Arabia Saudita cruzó a Siria donde creció gracias a la guerra civil y hoy ocupa territorios en Irak, Siria y el sur de Turquía, casualmente los territorios que la Unión Europea necesita para garantizar el paso de los gasoductos desde Qatar hacia Europa. Es claro entonces que el actual conflicto en Siria responde a razones geopolíticas y geoestratégicas de la OTAN.

¿Una nueva Guerra Fría?

El derrocamiento de Gadafi, el de Viktor Yanukovich en Ucrania y el actual ataque contra Siria, pueden leerse como parte de una estrategia más amplia dirigida contra Rusia. Sin duda, Washington y la Unión Europea (UE) tienen el objetivo final de establecer una política de cerco contra el gobierno ruso de Vladimir Putin [5].

EE.UU. ha utilizado la crisis en Ucrania como un pretexto para ampliar su presencia militar en la región que rodea a Rusia, involucrando en ello a países que fueron parte del bloque socialista liderado por la ex Unión Soviética. La Cumbre de Newport 2014 de la OTAN la dotó de una Fuerza de Reacción Rápida con base en Polonia, que el Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, explicó que sirve para “reforzar la defensa colectiva de los miembros de la OTAN” pero, ¿defensa contra quién? La respuesta del propio Stoltenberg fue: “la Fuerza de Reacción Rápida se va a situar, especialmente en Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia y Rumania, es decir Europa del Este y cerca de las fronteras rusas¨. [6]

Hasta el momento las medias desarrolladas contra Rusia han sido implantar los ejercicios militares de países miembros de la alianza no atlántica (OTAN) en la frontera con Rusia, su expansión hacia el Este ocupando territorios que antes fueron parte del bloque oriental, el apoyo al gobierno ultranacionalista de Kiev, las políticas de sanciones establecidas contra Moscú y la destrucción, asedio y derrocamiento de sus aliados como Gadafi, Al-Assad y probablemente Irán en el futuro. La respuesta rusa ha sido reforzar el arsenal de misiles intercontinentales dotados de ojivas nucleares.

Hay analistas que creen que desde el conflicto de Ucrania, Estados Unidos y Rusia han entrado en una nueva Guerra Fría. Es claro que en Washington existe una importante corriente de opinión pública compuesta por medios de comunicación, grupos republicanos y ultra derechistas como el Tea Party y el complejo militar industrial que están alentando una guerra contra Moscú. Sin embargo, se han encontrado con un rival que actúa de manera mucho más inteligente y asertiva y que ha sabido mover sus fichas estratégicamente. Los Estados Unidos son más imprudentes que antes y cuentan con el ejército de mercenarios más sangriento y fanático de los últimos tiempos, lo que pinta un futuro un poco más sombrío que el de la Guerra Fría, cuyas víctimas inmediatas son sin duda los miles de desplazados de Siria y otros países ocupados por el EI, que diariamente mueren ahogados en el mar Egeo intentando entrar a Europa.


* Socióloga.

1 Ricardo Bajo, “Ucrania o la excusa para arrodillar al oso Ruso”, publicado en Ruptura, Revista de análisis internacional, La Paz: academia Diplomática 2015.

2 Idem

3 Ricardo Bajo, en el Artículo “Ucrania o la excusa para arrodillar al oso Ruso”, publicado en la Revista de análisis internacional Ruptura, La Paz: academia Diplomática Plurinacional (2015).

4 http://www.granma.cu/mundo/2015-11-14/quien-financia-al-estado-islamico

5 http://www.hispantv.com/newsdetail/OPINIoN/23676/EEUU-versus-Rusia,-Ucrania-como-excusa

6 Idem

Be the first to comment

Deja un comentario