noviembre 24, 2020

Las mujeres somos la mitad de cada pueblo

por: Asamblea de Feminismo Comunitario

Hoy soñamos el país y el mundo en que queremos vivir, decidimos políticas públicas que nos benefician, construimos leyes, planes y programas para nosotras y para todo el país.

Como Movimiento de Feminismo Comunitario, presentamos un recuento de lo conseguido por las mujeres no sólo el 2015, sino una reflexión de lo que en el proceso de cambio se está planteando y logrando desde las mujeres para el país, para construir el vivir en comunidad. Hacemos esto como parte de nuestra responsabilidad política con un proceso que tenemos que profundizar y que somos las organizaciones sociales quienes debemos hacerlo, porque no podemos ni queremos hacer la crítica desde la gradería, una crítica sin argumento, irresponsable, victimista, egocéntrica y farandulera, absolutamente funcional a la derecha racista y fascista que quiere recuperar el poder político en Bolivia. Nos estamos jugando el país y las feministas comunitarias vamos a defenderlo en la cancha, en la calle, en la casa, con el cuerpo, no comodonas sentadas.

Política de, por y para las mujeres

La idea principal contenida en la política pública del Plan Nacional para la Igualdad de Oportunidades PNIO, es la idea de hacer una política pública para las mujeres en Bolivia, desde la comprensión que no somos un sector entre tantos sectores y tema entre tantos temas o un problema entre tantos problemas, sino que somos la mitad de toda Bolivia. Lejos de aquella visión neoliberal, reduccionista conceptualmente, esa de minimizar a las mujeres a un rinconcito pedigüeño y que cualquier beneficio para las mujeres en todo nuestro derecho se convertía en un favor. Ciertamente esa ha sido una forma constante en las políticas públicas de la ultra derecha y de la derecha entender que las mujeres somos una minoría “carenciada” o sea una minoría de la que hay que tener pena y con la cual hacer caridad.

Las mujeres somos la mitad de cada pueblo, decir que somos la mitad de Bolivia es recuperar la dimensión y la importancia de todas las mujeres en la construcción de nuestro país, sus comunidades, y pueblos constituyentes. Es ubicarnos como mujeres a la par de nuestros hermanos hombres, es abandonar los rinconcitos que las teorías feministas institucionales y burguesas nos asignaron, esas políticas públicas que de la mano de las teorías de la equidad de género de la cooperación internacional otorgaron una base política social, económica al neoliberalismo.

Hoy las mujeres soñamos Bolivia y soñamos el mundo en el que queremos vivir, decidimos políticas públicas que nos benefician, construimos leyes, planes y programas para nosotras y para todo el país.

Los grandes debates

Peleamos contra el machismo en nuestras propias organizaciones y en el propio gobierno entendiendo que la autonomía política de las mujeres es fundamental para luchar contra el patriarcado y sus instrumentos como el capitalismo neoliberal, el racismo, el colonialismo el control de nuestros cuerpos y deseos de felicidad y tranquilidad. Hemos puesto en la discusión la penalización del aborto, tema tabú para los derechistas y ultra derechistas neoliberales.

¡Sí! claro que falta, pero eso que era lo intocable como la penalización del derecho a decidir de las mujeres, en este proceso de cambio, las mujeres, las feministas comunitarias lo debatimos todos los días y no sólo frente a la institucionalidad, frente al Estado o frente al Tribunal Constitucional, lo debatimos frente a nuestros compañeros; si vamos a pelear contra la penalización de nuestras decisiones hablaremos también de la eyaculación irresponsable de ellos, porque los compañeros ejercen la autonomía de sus cuerpos y solamente es el cuerpo de las mujeres que no tiene autonomía y que es aún un territorio colonizado, pero esa discusión sólo ha sido posible en este proceso de cambio, profundizando los argumentos sobre el “Vivir Bien para las mujeres”, la defensa de nuestros cuerpos, el respeto a nuestras decisiones y la responsabilidad con la vida, la nuestra y la de la naturaleza.

Logros y desafíos

En Bolivia hemos conseguido desde las organizaciones sociales como el feminismo comunitario –y no desde la academia, los colectivos o las ONG– reposicionar las luchas del pueblo y sus movimientos frente al patriarcado y no solamente frente al capitalismo. Para nosotras el patriarcado es el sistema de sistemas, el que articula al capitalismo, racismo, colonialismo y género.

Sólo en Bolivia existe hoy un proceso de despatriarcalización agendado en las organizaciones y el gobierno. Hablar de despatriarcalización nos ha permitido a las organizaciones de mujeres profundizar nuestra comprensión del sistema y sus operadores y plantear acciones como la despatriarcalización de la economía, exigiendo que la riqueza producida por el trabajo del hogar y reconocida en el artículo 338 de la CPE retorne a las mujeres a través de una jubilación universal y digna, la despatriarcalización de la banca con un banco de las mujeres, con créditos de vivienda social que reafirmen la vivienda como un derecho fundamental.

Pensando así la despatriarcalización, en toda su dimensión estructural, hay que decir que una Unidad dentro del Vice Ministerio de Descolonización, es pues insuficiente, nos queda chica para todo lo que las mujeres estamos pensando y haciendo en el proceso, es necesario una cabeza de sector, un Ministerio de Despatriarcalización que implemente un Plan Nacional de Despatriarcalización a la par del Plan Nacional de Desarrollo para que los ataques al sistema no sean de chiripa si no estén estratégicamente diseñados. No podemos conformarnos con una Unidad, o con un Vice Ministerio de Igualdad de Oportunidades sin presupuesto, sin personal, y menos aún, asumirnos bajo la tutela de un Vice Ministerio de Descolonización –paradójicamente colonialista, misógino, esencialista, esotérico que reivindica la organización Inca–, como si no hubiera sido también una organización de dominación de los pueblos sostenida en el control del cuerpo de las mujeres.

Hay que profundizar el proceso ¡Sí! Tenemos que hacerlo, reconociendo que hemos avanzado, que las mujeres hemos pasado de luchar por la partición política tan mentada por las ONG, a la decisión política ¡No queremos sólo participar y ser adornos o levanta manos! Queremos decidir, y hoy lo hemos logrado.

En este proceso de cambio, hemos pasado de sancionar la violencia hacia las mujeres como intrafamiliar a comprenderla como estructural, ahora ya no es un asunto privado si no un delito público, ya no se trata de atender la violencia si no de acabarla. La Ley 348 y el Decreto 2.145 establecen condiciones y presupuesto para erradicar la violencia hacia las mujeres, ahora que no se efectivice porque a los alcaldes y gobernadores no les interesa, o porque ni la policía ni los SLIMs mejoran sus acciones y protocolos en los que las mujeres siguen siendo las primeras sospechosas, eso es muestra de una falta de voluntad política producto de una cultura machista en la que nuestro cuerpo y nuestra vida vale menos, y contra eso hay que luchar, no basta la Ley 348, pero ayuda pues.

Las mujeres somos la mitad de cada pueblo, tenemos que lograr que el Vivir Bien no sea para una mitad mientras la otra mitad vive mal, y eso significa profundizar el proceso y también defenderlo de los ataques de la derecha, la ultra derecha y de la izquierda derechizada. No estamos hablando de defender a una persona si no a una historia de dignidad y profundo amor que hemos construido con sangre en los últimos nueve años ¡Sin warmikuti no hay pachakuti!

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