noviembre 24, 2020

Epifanías del Estado Plurinacional

por: Ronald Céspedes

Concentramos nuestros anhelos por otra Bolivia posible, por abrir las petacas que teníamos en nuestras casas y sacar las ropas indias, cholas y campesinas de nuestros ancestros.

Dedicado al Pacto de Unidad y al Movimiento de Mujeres Presentes en la Historia


Este escrito no pretende ser un artículo teórico sorprendente, sino vivencial, principalmente. He aprendido que a partir de lo vivencial también se puede hacer reflexión y análisis.

A las cinco de la tarde del 9 de diciembre de 2007 el teléfono celular comenzó a sonar y, por la hora y en el contexto de los sucesos precedentes en torno a la Asamblea Constituyente, por un momento me hizo temer que algo malo había pasado con alguna de las constituyentes, con las que había forjado amistad e ilusiones, como muchos otros que estábamos viviendo de cerca este importante proceso.

Constituyente

Era Rosalía, asambleísta constituyente electa por El Alto, con quien en varios momentos habíamos compartido ilusiones en torno al momento que vivíamos. “Tienes que apurarte hermano” –escuchaba entre su conversación un fondo con la voz de Silvia Lazarte– “estamos sesionando en Oruro y no tuvimos tiempo para avisarles”, dijo. “Pucha hermana y ahora que voy a hacer” –estaba en Sucre– “veré como hago para llegar y te volveré a llamar”, respondí. “Listo hermano, me avisas por favor”, replicó y cortó la llamada.

En ese momento me levanté rápidamente, me vestí, agarré un bolso pequeño y salí corriendo a la Terminal de Buses de Sucre para tomar un taxi que me llevara a la ciudad de Potosí para luego tomar un bus rumbo a Oruro. Sin embargo, llegando a Yotala, me di cuenta que objetivamente mi pretensión no se cumpliría y no llegaría a tiempo para todo el debate constituyente. Además que en ese momento el costo de transporte interdepartamental era algo que no podía fácilmente costear. Con dolor regresé a Sucre, llamé a Rosalía y le dije que seguiría toda la sesión de la Asamblea Constituyente a través de la señal de televisión boliviana.

Serían muchas horas de debate y de lecturas al texto constitucional que se iba a aprobar en detalle, de escuchar las protestas de los constituyentes de otras bancadas no afines con el Movimiento Al Socialismo (MAS) y de estar ansioso porque veía en las miradas de muchos constituyentes la determinación por llevar adelante esa sesión, que sería la última para la Asamblea.

Así amaneció la Asamblea Constituyente y, a las cuatro de la madrugada, comprendí que era conveniente llamar a otras hermanas constituyentes para darles ánimo y preguntar cómo estaban las cosas en la sesión. Cerca de las nueve de la mañana del domingo 10 de diciembre era notorio que los rostros de los constituyentes denotaban cansancio. Fue en ese momento que sucedió uno de los pasajes que han quedado registrados en mi vida con dignidad y a la vez con dolor. En un momento de esos se dijo que la Asamblea Constituyente había concluido su labor y que iba a darse por terminada la sesión y así, de manera espontánea, comenzaron a expresarse abrazos, aplausos, sonrisas y lágrimas, yo delante del televisor comencé a llorar, y un nudo en la garganta me hacía a la vez sentir un acto de dignidad.

Sí, yo comprendía esas lágrimas que estaba viendo en la transmisión de esa última sesión, me había tocado también vivir casi la totalidad de los sucesos y conflictos en torno a ella, porque estaba viviendo el nacimiento del Estado Plurinacional de Bolivia.

El nacimiento de un Estado

La experiencia narrada en los párrafos anteriores es la que introduce mi reflexión sobre las epifanías que generaron la transición de la República de Bolivia al Estado Plurinacional de Bolivia. Una refundación que no fue oficiosa, sino que respondía a una serie de procesos históricos y socio culturales en Bolivia, que en un momento determinado debían ser puestos sobre la mesa como parte de una agenda constituyente.

Se ha dicho en diversos otros contextos, con razón, que en 1825, como año de fundación e independencia de Bolivia, se excluyó una parte poblacional importante sobre la que se constituiría esa supuesta nacionalidad única –denominada boliviana–, y digo supuesta porque ello implicó en el devenir de la historia el anulamiento y casi extinción de aquellas naciones pre existentes a la emergente Bolivia, que se visibilizó en la vergüenza social y ocultamiento de cualquier rastro indio en las familias, espacios de poder estatal, institucionalidad cotidiana y geopolítica. En los hechos, indígenas, mujeres, analfabetos y hombres pobres, fueron excluidos de dicho evento constitutivo republicano, aspecto de la historia que era necesario resolver tarde o temprano en la construcción del Estado boliviano que se podría considerar como una primera epifanía, en el sentido de que de pronto las naciones pre existentes al Estado se encontraron con la noticia que eran bolivianos y circunscritos a unas fronteras determinadas rompiendo así incluso la continuidad territorial de dichas naciones.

1952

Identifico una segunda epifanía en la Guerra del Chaco, y no únicamente por los libros que hablan de dicho momento histórico entre Bolivia y Paraguay, sino también por los propios testimonios de los ex combatientes bolivianos que lograron retornar vivos a sus familias, como es el caso de mi abuelo a quien escuchaba sus narraciones vívidas y experiencias de combate. Para mi abuelo y coetáneos procedentes de los andes, popularmente llamados “collas”, ir al lugar de batalla representó un encuentro con una parte de esa diversidad cultural. Epifanía que luego desembocaría en ciclos políticos posteriores de ideologías nacionalistas, con el surgimiento de partidos políticos que reflexionan sobre el coloniaje, lo popular y las reformas necesarias sobre Bolivia, que se evidenciarían, con todas sus observaciones o no, sobre los procesos políticos llamados revolucionarios en la década de 1950.

Sin embargo, las naciones pre existentes al Estado boliviano seguían siendo excluidas como actores estatales y se acrecentaba aún más el sentido de “desclasamiento” del derecho a la auto identificación cultural de cada habitante de Bolivia. Voces como las de Fausto Reynaga son consecuencia de esa frustración y rabia justificada por como este país era un territorio adonde lo plurinacional era negado y marginado tanto de ser nombrado en público como de avanzar en su reconocimiento. Los descendientes de esa generación asumimos esa segunda epifanía con sorpresa y curiosidad por verificar dicha diversidad cultural que, luego, a medida que se fue haciendo posible el tránsito interdepartamental y aeroportuario, posibilitó in situ comprobar dichas narraciones y oralidades.

Emergencia del sujeto indio y popular

Más adelante vendría una tercera epifanía en aquella identificada con la década de 1950, cuando el sujeto indio y popular reconoce que puede generar cambio al interior de su condición social, cultural, económica y religiosa, aunque sin aún ser considerado sujeto estatal y como tal un “no sujeto” constitutivo de un Estado Plurinacional, ya que, entre otras cosas, podrían en adelante elegir, como sucede en 1953, más no serían elegidos porque aún el Estado no estaba dispuesto a tener cholas, indios, campesinos y plebeyos, en sus órganos gubernamentales.

Dictaduras

Existe una cuarta epifanía que identifico entre el periodo de 1960 hasta los primero años de 1980, en relación a las dictaduras militares, debido a que estos lamentables sucesos hasta el día de hoy no se han resuelto en tanto está inconclusa la búsqueda de la verdad de dicho periodo, como también el resarcimiento a las víctimas. Así, la epifanía en este periodo radica en el hecho de que frente a dicha persecución un notable número de bolivianos y bolivianas tuvo que exiliarse fuera del país y ese suceso, en sentido directo, permitió que esa generación en el exilio se abriera al mundo, a su complejidad cultural, religiosa, social y económica. Al retorno de la democracia estos bolivianos serían también quienes irían generando ciertos procesos de renovación del pensamiento boliviano, aunque otros, sin embargo, procuraran encaminar a Bolivia hacia un modelo neoliberal como el generado a través del Consenso de Washington, así como la promulgación del Decreto Supremo 21.060. Años después vendría la crisis de dicho modelo.

El despertar de las naciones

En la década del noventa se registran dos marchas indígenas que juntas considero constituyen una quinta epifanía en la futura emergencia del Estado Plurinacional, puesto que aquellos sujetos informales dentro del Estado, indígenas campesinos, demostraron capacidad de organización y exponer demandas a un Estado-Nación cada vez más inestable. Esta década es cuando se modifica, como consecuencia directa de esas acciones de movilización, el reconocimiento de Bolivia como pluricultural y plurilingüe, a través de una reforma constitucional. Paralelamente, se da por segunda vez una relocalización minera que provoca una gran movilidad interna en el país, desplazamientos hacia El Alto, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz.

Crisis del capital

Dar la bienvenida al 2000 no solo generó un conflicto tecnológico con el dígito mismo sino, además, notaba que el modelo neoliberal entraba en crisis, así como una inconformidad creciente de movimientos y organizaciones sociales respecto al Estado como entidad, como espacio de reconocimiento y construcción de pacto social quebrado, demagógico y capitalista.

Identifico de 2000 a 2004 una sexta epifanía que tiene un conjunto hechos importantes. En 2000 se lleva a cabo la III Marcha Indígena con la demanda de “Defensa de Recursos Naturales Tierra y Territorio” y ese mismo año se da la Guerra del Agua. El 2002 llega con la Guerra de la Coca, registrándose también la IV Marcha Indígena pidiendo esta vez la convocatoria a una Asamblea Constituyente. El 2003 contiene principalmente el suceso de la Guerra del Gas, mientras el 2004 contiene la V Marcha Indígena con la demanda de la modificación de la Ley de Hidrocarburos y la asignación de 5% del IDH para las naciones indígenas.

Asamblea Constituyente

La convocatoria a la Asamblea Constituyente, su instalación en 2006 y la refundación de Bolivia como Estado Plurinacional no puede ser comprendida de manera limitada a los hechos de 2005 a 2009, sino que debe considerar ese largo proceso de epifanías que he narrado. Por ello, cuando hoy se preguntan algunos bolivianos por qué se creó al interior de la Asamblea Constituyente una sub comisión de “Coca”, esta no se comprende sino es porque era una deuda histórica defendida que se sumó como compromiso de dignidad en la agenda constituyente, como igual pasó con los hidrocarburos, ampliación de derechos, deberes y garantías constitucionales, independencia del Estado de toda religión, no privatización del agua y reconocimiento como derecho, así como la refundación de Bolivia de un modelo republicano a uno plurinacional y por qué no, dar pie a la posibilidad de comprender el mundo y su geopolítica desde Bolivia.

La Asamblea Constituyente fue la séptima epifanía, una epifanía refundacional donde concentramos nuestros anhelos por otra Bolivia posible, por abrir las petacas que teníamos en nuestras casas y sacar las ropas indias, cholas y campesinas de nuestros ancestros. Comprendimos entonces que nunca fuimos una república. Luego, ese 25 de enero de 2009, por la noche, los resultados eran emocionantes, habíamos ganado y dimos la bienvenida, entre lágrimas, chicha y fiesta, al Estado Plurinacional de Bolivia y a la integración latinoamericana y mundial. La historia nos pondrá a cada uno en el lugar que nos corresponde, pienso.


* Fue vocero del movimiento de transexuales, transgéneros, lesbianas, gays y bisexuales de Bolivia en la Asamblea Constituyente. Es activista quewa de la diversidad sexual de Bolivia y miembro de la Red Latinoamericana Gay Latino.

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