noviembre 24, 2020

La condición del extractivismo en Bolivia

El Estado se asegura la regulación y la participación mayoritaria en la explotación de los recursos naturales y la redistribución tanto productiva como social de las rentas obtenidas.

Antecedentes históricos

La compleja estructura económica y social de Bolivia, comienza a construirse desde el mismo momento de la invasión española en el siglo XVI. Ese hecho desarticula la organización que durante siglos funcionó en la región, implantando una nueva estructura política e institucional, apoyada en la explotación de los recursos naturales. El mercantilismo europeo se conforma y consolida con la explotación de la plata que a su vez condiciona y define el entramado social y económico del Alto Perú. La economía y la sociedad se configuran alrededor de la explotación de la base material abundante en recursos naturales.

Luego vendría la minería del estaño con una especialización productiva que nos colocaría entre los productores mundiales más importantes. De hecho, la minería del estaño había heredado de la minería moderna de la plata sus técnicas y avances tecnológicos por lo que el paso de la plata al estaño fue relativamente fácil para la sociedad boliviana [1]. La expansión de los usos del estaño amplió el mercado internacional consolidando relaciones de producción propiamente capitalistas.

Después de 107 años de fundación de la República, la guerra del Chaco, la derrota militar y la sensación de despojo como había pasado antes en la guerra del Pacífico, marcan un viraje político en la economía extractivista boliviana. La maldición de los recursos naturales abundantes, terminaban en guerras que solo aseguraban la reproducción social de las clases dominantes vinculadas principalmente a la minería. La Revolución Nacional de 1952 rompe el régimen de apropiación de las rentas generadas por el extractivismo minero reordenando la sociedad y la economía con la nacionalización de las minas y la redistribución de las tierras controladas por la oligarquía minero feudal.

De manera temporal, se resolvió el conflicto central de la sociedad boliviana atada a la disputa por el excedente generado por la producción extractivista. La nacionalización de las minas y la participación del Estado en la explotación de las materias primas aseguraban un salto a la modernidad organizativa y tecnológica de la producción. El período desarrollista, no solo en Bolivia, sino toda la región, fue una etapa de industrialización intensiva. El Estado participaba activamente en la economía. En el caso boliviano, lo hacía a través de instituciones como la Corporación Boliviana de Fomento, la Corporación Minera de Bolivia, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, entre las más importantes. Con la Revolución del 52 se promueve la Marcha al Oriente y el desarrollo agroindustrial del país. Su objetivo era diversificar la economía nacional y cambiar la matriz primario exportadora a la que se creía culpable de todos los males del país.

Paradigma “civilizador”

La explotación de las materias primas continúo siendo la principal fuente de ingresos de Bolivia durante los 30 años siguientes en los que además se consolidó el paradigma del crecimiento económico asociado a la concepción de la economía neoclásica en el que el triunfo de la razón y del conocimiento científico eran la condición para entender la sociedad y sus relaciones con la naturaleza. En Occidente, las enormes capacidades de transformación surgidas de la industrialización vinieron a corroborar las posibilidades de pensar en términos de progreso universal, desterrando el pesimismo provocado por la escasez, la emancipación de la razón científica [2] y la posibilidad de producir todo lo necesario para el logro del bienestar humano. Demandaban materias primas. Con esa racionalidad, la especialización productiva nos colocó como proveedores de dichas materias primas a ser industrializadas fuera del país. La naturaleza al servicio de la humanidad.

La dominación de la naturaleza a través de la ciencia y la técnica, permitiría el progreso y el desarrollo. Los saberes y creencias locales, sus técnicas de producción y relacionamiento con la naturaleza, eran considerados una condición no moderna, por lo tanto, un resabio que había que superar en las condiciones de la acumulación capitalista. La cosificación de nuestra base material se tradujo en expolio y saqueo. La vocación “extractivista” desarrollada durante siglos impuso relaciones de carácter crematístico con la naturaleza. A pesar de todo, la etapa desarrollista de nuestra historia económica fue el de mejor desempeño y bienestar social en el país hasta que llegaron los Programas de Ajuste Estructural, sustentados en el agotamiento de un modelo estatal que se había sobredimensionado y cuya administración clientelar, prebendal y corrupta, no resolvió la necesidad de inversión y reinversión en las empresas productivas a cargo del Estado. A eso se sumaba la crisis de la deuda y la caída de los precios de exportación de los minerales.

A través de medidas de shock se desmantela el Estado considerado un agente nocivo para los mecanismos naturales que tenía la economía y el mercado en la asignación de recursos y utilidades. El neoliberalismo privatiza las empresas estatales y la economía se hace terciaria logrando la ausencia del Estado y de normas que resguarden en bien común. El modelo de producción primario exportador no cambia sustancialmente y la economía boliviana sigue dependiendo de ese modelo de producción, por ahora. Lo sustancial no es el extractivismo como tal, ya sea minero, agro-forestal o hidrocarburífero, sino, las rentas del extractivismo, el “excedente de plusvalía” que se exporta sin reinvertir en el aparato productivo que la genera y deja mínimas utilidades en los países exportadores de materias primas como el nuestro hasta que esa base material se agote físicamente.

Es el caso de los imperios coloniales, donde la plata y el oro que llegaba a España terminaba en manos de los banqueros flamingos y de allí a los “clothiers” ingleses (productores de paños de lana) u a otros próceres de la Revolución Industrial (a la cual España todavía no había llegado…), o donde, a la inversa y más reciente, las crisis económicas sufridas por Francia después de la guerra de Argelia e Indochina, o como el caso de Portugal después de la independencia de Angola, Mozambique y Guinea-Bissau, no están asociadas solamente al déficit fiscal generado por dichas guerras, sino a la pérdida de una “renta” importante, muy superior al costo requerido para asegurar sus aparatos militares y burocráticos coloniales (Pierantoni, A. 2015).

Acerca del extractivismo

Se concibe el extractivismo como un modelo bio-depredador por excelencia que genera violencia de Estado a favor de los intereses de las empresas extractivistas y transnacionales en un ámbito de ausencia de acuerdos nacionales para manejar estos recursos naturales, sumados a la falta de instituciones sólidas y la aparición de grupos de poder que se disputan las elevadas rentas mineras o petroleras que generan una pugna distributiva que provoca tensión política y conflicto por la explotación de los recursos naturales en la que los gobiernos tienden a relajar sus estructuras tributarias y ambientales para promover actividades extractivistas que se distribuyen inequitativamente y aumentan la ingobernabilidad (Acosta, A. 2009).

La paradoja que exponen los críticos del extractivismo (administrado por transnacionales), es el hecho de que hay países ricos en recursos naturales que a pesar de su explotación y de tener importantes ingresos financieros, siguen siendo pobres. El mendigo sentado en una silla de oro como se escuchaba decir a los abuelos en el caso de Bolivia. Sin embargo, el extractivismo actual cuenta con la participación de Estados sociales en el que los gobiernos progresistas se aseguran de apropiarse del excedente de plusvalía o parte de él para su redistribución y ampliación de su base productiva. Algo que no pasaba en la lógica extractivista anterior.

En Bolivia, el Estado se asegura la regulación y la participación mayoritaria en la explotación de estos recursos y la redistribución tanto productiva como social de las rentas obtenidas. Esos recursos, a diferencia de lo que sucedía en años anteriores, en los que el grueso de dicha renta se exportaba como utilidades y lo que restaba se destinaban al pago de la deuda externa, ahora financia importantes programas sociales que contribuyen a bajar la pobreza de manera sustancial y a mejorar las condiciones materiales de reproducción de la fuerza de trabajo. Si bien no cambia el modelo de acumulación primario-exportador, en las actuales condiciones es la fuente de ingresos que se reinvierte y genera procesos de industrialización que, en el futuro cercano, cambiarán la base productiva del país con la agregación de valor a esas materias primas.

El extractivismo es visto como la apropiación de enormes volúmenes de recursos naturales o prácticas intensivas para la exportación de materias primas a los mercados globales (Gudynas, E. 2013). Esta visión está asociada estrictamente a los efectos de dicha explotación en la naturaleza y cuya “mochila ecológica” generará un pasivo ambiental que el país y la sociedad deberán cubrir o asumir en algún momento en el futuro. El desafío de los gobiernos revolucionarios es el de tener conciencia de la superación del viejo paradigma de la dominación de la naturaleza para extraer de ella los mayores beneficios posibles para la acumulación del capital. Si nuestro cuestionamiento al extractivismo solo va por el lado ambiental, el capitalismo nos responderá con una elaborada y sofisticada estrategia: la Economía Verde diseñada para mercantilizar la naturaleza con un aparente menor impacto ambiental.

Reflexiones

Se reconstruye la presencia y acción del Estado en el proceso de desarrollo con el propósito de alterar las bases estructurales de la producción y acumulación extractivista con la participación de los movimientos y organizaciones sociales que han contribuido a la recuperación del “excedente de plusvalía”, para derrotar el extractivismo con las mismas rentas que ésta genera y que ahora son reinvertidas y redistribuidas.

¿Es posible un cambio de la matriz productiva, la superación de las condiciones de producción con siglos de especialización heredadas del antiguo régimen, en tan solo 10 años de gestión de gobierno?, ¿más aún cuando los primeros años estaban dirigidos a asegurar la permanencia en el gobierno ante al intento de restauración y retorno de las oligarquías? Es una condición de posibilidad histórica. Se cumplió con una primera etapa que consistía en la nacionalización y recuperación de los excedentes de plusvalía. En una segunda etapa de duración larga, con esos mismos recursos se logrará la industrialización de esas materias primas con un nuevo Estado capaz de gestionar de manera eficiente empresas consideradas estratégicas para la soberanía nacional. Los conflictos sociales históricamente asociados a la disputa por el excedente económico generado por la producción primaria han sido resueltos.

La condición de indefensión del Estado ha sido superada. Ahora, el Estado Plurinacional está facultado para modificar las condiciones contractuales y asegurar el control de los excedentes generados por la producción primaria. Por un tiempo seguiremos inmersos en esa producción primaria exportadora con una relación de dependencia con los precios internacionales. Por el momento, el modelo extractivista es nuestro vínculo con el mercado mundial. La transformación de las condiciones iniciales de producción primaria a una siguiente etapa llevará tiempo y su velocidad dependerá de la capacidad que se tenga para implementar un proceso industrializador que genere mayor valor agregado. En esta estrategia, el nuevo Estado y sus instituciones son protagonistas centrales.

En homenaje a Marwan D. Tahbub, un luchador social palestino (Jerusalem, 6 de julio de 1946 – La Paz, 5 de enero de 2016)

Bibliografía

– Acosta, Alberto. La maldición de la abundancia, CEP, Swissaid y Abya-Yala, 2009. En http://www.extractivismo.com/documentos/AcostaMmaldicionAbundancia09.pdf

– García Linera, Álvaro. La Condición Obrera. Estructuras materiales y simbólicas del proletariado de la Minería Mediana (1950-1999). IDIS-UMSA. Comuna. La Paz, 2001.

– Pierantoni, Andrés. Extractivismo y reprimarización. Caracas, 2015.

– Unceta, Koldo. Desarrollo, subdesarrollo, mal desarrollo y postdesarrollo. En Carta Latinoamericana, publicación del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES) de Uruguay, en el marco del programa D3E (Desarrollo, Economía, Equidad, Ecología). 2010.


* Economista boliviano.

1 García Linera, Álvaro. La Condición Obrera. Estructuras materiales y simbólicas del proletariado de la Minería Mediana (1950-1999). IDIS-UMSA. Comuna. La Paz, 2001. Pág. 83.

2 Unceta, Koldo. Desarrollo, subdesarrollo, maldesarrollo y postdesarrollo. Una mirada transdisciplinar sobre el debate y sus implicaciones. En Carta Latinoamericana, publicación del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES) de Uruguay, en el marco del programa D3E (Desarrollo, Economía, Equidad, Ecología). 2010.

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