noviembre 25, 2020

“En el mundo hay ricos y pobres y uno tiene que tomar parte por los pobres”

Es un llovido y frío viernes en La Paz cuando, temprano por la mañana, el equipo de nuestro semanario se reúne con la senadora Adriana Salvatierra, líder del grupo juvenil Columna Sur.

Contra lo esperado, la primera hora transcurre hablando de política nacional e internacional –tema que podemos ver le apasiona– al amparo de un reparador café. Tras hablar de lo divino y lo humano y notar el rápido transcurrir del tiempo, dimos vida a nuestra pequeña agenda donde disparamos interrogantes que amenamente fueron atendidas por una de las jóvenes políticas de mayor proyección en Bolivia.

La Época.- ¿Cuándo y por qué decidiste hacer de la política una opción de vida?

Adriana Salvatierra.- No marco un momento de decisión, creo que me crié con eso, acompañando a mi padre y mi madre; por el hogar del que vengo no tengo un momento específico, sí hay un año clave de participación que fue el 2005.

¿Comienzas a militar en la adolescencia?

Sí, a los dieciséis años. Pero, en mi hogar estaba la noción básica de que hay ricos y pobres y uno tiene que tomar parte, y tomar parte por los pobres.

Eres líder o la cabeza más visible del grupo Columna Sur, ¿cuál es su origen y su proyecto político?

Comenzamos a organizarnos en 2007-2008, en el clima de tensión de Santa Cruz, cuando estaba lo de las tomas de las instituciones, y empezó básicamente en un semestre de la universidad, con jóvenes que también eran de provincia –otros de La Paz– y de barrios, que se atrevían a dar la cara por el proceso frente al silencio de muchos y el odio de muchos más.

Empezamos con actividades como acompañar las visitas del Presidente. Luego tomamos un rol más serio respecto al estudio y, terminado ese periodo de confrontación entre región y Estado, nos encerramos a estudiar, claro, con nuestras limitaciones de tiempo.

¿Qué estudiaban?

La mayoría estudiaban ciencias políticas.

Esos tiempos marcaron el carácter de nuestra organización. Hasta el uniforme tiene mucho de entender que en determinado momento podés necesitar la clandestinidad o el ocultar tu identidad para pasar y seguir apoyando.

¿Rojo y negro además?

Rojo y negro. No teníamos poleras entonces siempre fue gorro y pañoleta, además era fácil para nosotros ir a un acto y quitarnos la gorra y la pañoleta y poder andar tranquilos. En cambio había compañeros de otras organizaciones que por las poleras le sacaban la mugre.

Pienso que eso ha marcado el carácter de la organización hasta en la forma de cantar, de militar, asumir la calle, pensar el territorio, etc. Esas han sido las características de Columna Sur.

¿Y los objetivos?

Fueron similares a los de muchas otras organizaciones en un contexto específico, en un proceso de cambios específico, aunque todavía nosotros pensamos que sigue siendo nuestra tarea tirar el actual proceso –con su montón de corrientes ideológicas– más hacia la izquierda, y dentro de la izquierda la izquierda marxista.

¿Por qué crees que las ideas de Marx pueden continuar vigentes?

Porque las condiciones de opresión no han cambiado. Pese al proceso de cambio y sus avances todavía hay gente que sigue acumulando riquezas a costa de la pobreza de muchos. Todavía existe un sistema que reproduce privilegio y consideramos que hay políticas que incluso van oxigenando eso.

Creemos que dentro de esta división social de clases hay que identificarse y –como te decía– tomar posición, definir tu posición en un sistema que, en el caso de Santa Cruz, se agudiza por cuestiones de familia, etc.

Además, porque creo que este sistema conduce finalmente a asesinar a la humanidad para que dos o tres sobrevivan.

¿Crees en el comunismo?

Sí, firmemente.

¿Cuál es la importancia de los jóvenes en este proceso de cambio? ¿Sientes que están los jóvenes al debe con el proceso o el proceso con ellos?

El neoliberalismo ha tenido sus consecuencias y ahora está en una carrera acelerada por hacernos perder la esperanza. Hoy vale más lo individual –y con esto no cuestiono a las personas que estudian y trabajan para tener mejores niveles de vida que me parece es aceptable y coherente– y pienso que eso no puede motivar tu vida; hay mucha gente que se saca la mierda para acumular y está bien, por ahí no daña a otros y es fruto de su trabajo, aunque no concibo esa carrera acelerada para tener una mejor casa, un mejor tele o auto.

Mucha juventud ha entrado en esa lógica, y en esta etapa en particular nos están buscando romper y quebrar la esperanza, además de vaciar ideológicamente a la juventud al punto de que no crean en nada, que todo sea relativo, exacerbando el individualismo.

Falta trabajar en la juventud ese aspecto de la conciencia de lo colectivo, del sacrificio, humanizar un poco más nuestro propio trabajo, nuestra vocación de estudio, nuestras relaciones; en estos diez años de gestión eso ha quedado un poco relegado. Nuestra última escuela de formación política se cerró el 2010 o 2011 y han pasado cinco años en que el Movimiento al Socialismo no tiene una escuela de formación política seria y la formación de las organizaciones y de los muchachos es básicamente una iniciativa propia, desordenada además porque buscan traer invitados, etc. No hay respuestas a esas necesidades de la juventud.

¿Qué rol le atribuyes a la mujer como sujeto de cambio?

Un rol fundamental porque logra generar tejidos y alianzas con mucha mayor facilidad, también es capaz de trabajar con otra óptica la política; por ahí suene machista pero creo que las mujeres somos mucho más apasionadas con lo que hacemos, asumimos las tareas, oficios, objetivos, con mayor pasión que el resto.

Sin embargo, ser mujer tampoco es un condicionante para que asumas un rol de rebeldía, o sea, hay mujeres que están en el congreso y que tienen un rol político conservador. Creo que tienes que tener un rol de mujer consciente no solo de la inequidad de tareas en cuanto a género, la distribución y la construcción del poder, por ejemplo, sino, además, una fuerte identidad con tu clase social, con los objetivos partidarios y con el movimiento al que representas.

Se le ha visto a Columna Sur apoyar actividades en defensa de las minorías sexuales, ¿por qué un énfasis en esa materia?

Porque es un tema pendiente ya que nuestro sujeto revolucionario en Bolivia no tenía eso como parte de la agenda. La agenda del proceso de cambio ha sido la “descolonización” –ni siquiera despatriarcalización como un objetivo general–, el entrar no en una lucha de clases pero sí en una mejora de las condiciones de vida; pero, por ejemplo, no ha pasado eso con los derechos de las mujeres que no han entrado en el imaginario como una verdad o una razón colectiva.

Tanto la agenda de los derechos sociales y reproductivos, particularmente la que tienen las mujeres respecto a ese tema, no ha avanzado. Por ejemplo, se viene la discusión de la ley de identidad de género contra nosotros mismos, contra compañeros de nuestra bancada del Movimiento al Socialismo que no la comparten; y es que a veces encontramos gente de la oposición mucho más progresista en ese tipo de temas.

Como dices, desde Columna Sur hemos hecho algunas actividades al respecto aunque tampoco es que estemos permanentemente tratando esta materia, no es nuestra agenda de trabajo, pero sí entendemos que es parte de la lucha por los derechos humanos.

Debutaste en la “militancia callejera”, ¿cómo compatibilizas tu labor de parlamentaria con “la calle”?

Dividiéndome, redoblando esfuerzos. Sé que dentro de mi propia organización si me quedo solo en el rol parlamentario y me encierro a estudiar y tratar de hacer gestión desmoralizo a mis compañeros, entonces soy la que a veces insiste en las reuniones, la que aunque llueva en La Paz si hay que salir salimos porque así lo dijimos y debemos cumplir.

El rol de parlamentaria de ninguna forma llega a encontrarse, chocarse o impedir que siga con mi labor militante, eso más bien pone a los compañeros en la posición de que hay que continuar saliendo a la calle y siendo consecuentes. A veces se está cansado pero hay que insistir tercamente en cumplir los objetivos.

¿Qué te disgusta y qué te gusta de la labor parlamentaria?

Me disgusta mucho la burocracia. Me disgusta mucho que haya compañeros que no son compañeros y que por sus propias aspiraciones estén dispuestos a complicarte.

¿Al interior del Parlamento?

Sí, como hay eso también al interior de cualquier partido. Claro, no es la regla, hay un mejor ambiente con los diputados y senadores de las juventudes. Es decir, creo que es un defecto individual y no un defecto colectivo, pero el poder es disputa y hay muchos que no queremos entrar en esa disputa de poder por el rol individual, o por objetivos individuales, y es que uno cree que desde donde pueda aportar abiertas están las puertas.

¿Y lo que te gusta?

Lo que me gusta es que abre posibilidades de perfeccionar el trabajo de la militancia. Te aporta algunos mecanismos con los cuales vos podés complementar la militancia. Por ejemplo, un mecanismo simple: “las peticiones de informe escrito”, con ellas puedo interpelar a un gobernador o alcalde que no está cumpliendo tareas que deberían ser cumplidas, por ejemplo, la implementación de las casas de acogida de la mujer, de la conformación de los consejos municipales, las juventudes, etc.

Poniendo nuestra mirada en la coyuntura nacional, ¿qué pasó el 21F? ¿En qué se ha fallado?

Hay errores internos y también ataques externos, ambas cosas.

En lo externo hay que apuntar que nosotros no combatimos solos, sabemos que detrás de esto hubo plata de los gringos. Estuvo el Imperio metido, empresas, no disputamos territorialmente con otras organizaciones sino con empresas y eso era desesperante; la plata se dispuso para eso y tuvo un origen, y sabemos y tenemos la certeza de que ese origen está en arcas del norte.

También tuvimos una oposición que logró, tanto en líneas comunicacionales como estratégicas, articular sus objetivos con los de desgaste a nivel continental para los países progresistas.

En lo interno fue que el referendo nos encontró débiles como organizaciones, todavía con los lastres de las elecciones subnacionales, donde había una desmovilización de los ejércitos locales nuestros, de nuestros compañeros y direcciones políticas, compañeros desmoralizados y otros que no tenían ya las mismas condiciones para militar.

Igualmente hubo errores internos a la hora de lecturar nuestra respuesta frente a la oposición. Fue una campaña para nosotros muy reactiva y que no logró instalar debates en la agenda, como sí lo logramos hacer en 2014. Antes lográbamos instalar el debate, por ejemplo, en la agenda económica, social, política, etc. Nosotros disponíamos cuál iba a ser el debate en los medios de comunicación y esta vez no pudimos.

¿Ahora estuvieron a la defensiva?

Sí. Incluso el papel de calle fue reactivo porque hasta los recorridos los marcaron ellos y nosotros fuimos borrando y pintando.

No alcanzamos a expresarle a la gente que nuestra agenda era por un proyecto de futuro.

Empezamos la campaña con dudas. Muchos te decían tenés un 80% de aprobación en la gestión –entre “muy buena”, “buena” o “regular”– pero un 40% que decían un Sí para que te quedés, y nunca logramos cerrar esos márgenes. Nunca hubo un nexo entre la gestión y la necesidad de continuar con esa gestión.

Esas dudas se acrecentaron con las denuncias de Valverde, pese a que nunca pudieron probar –ni van a poder hacerlo– que el Presidente había incurrido en tráfico de influencias. Pero, instalar la duda sobre un proceso, un proyecto y un líder, ha sido lo más nocivo de este referendo.

¿Cómo ves nuestra América? ¿Los procesos progresistas de la región?

En resistencia. Somos un ejército diezmado, no está Néstor ni Chávez, e independientemente que algunos digan que nadie es imprescindible pienso que jugaron un rol protagónico innegable en la articulación regional.

Muchos pensaron que Bolivia iba a asumir ese rol y algunos no sabemos si tenemos la posibilidad real y concreta de hacerlo, no solamente en propuesta o ideas sino en trabajo.

Nosotros fuimos directamente ayudados por Venezuela en ejecución de proyectos como “Evo cumple”, y la solidaridad fue efectiva. Cuba dispuso de médicos, o sea solidaridad concreta, en hechos. Nosotros no sabemos, más allá de nuestras intenciones, si tenemos la capacidad real de contribuir a mejorar las condiciones en los otros países y si tenemos posibilidades materiales de volver a esa sincronía de gobiernos progresistas.

No sé si en este momento lo que se viene en América Latina es un escenario solamente de resistencia buscando condiciones democráticas que nos permitan militar o el de tener la capacidad efectiva de rearticularnos para volver a tomar el poder de los gobiernos. En todo caso ninguno de los dos escenarios me asustan o me parecen tristes, siento que nos obligan a redoblar esfuerzos.

¿En qué estaremos fallando? A diferencia de los sesenta y setenta, ¿carecemos de creatividad?

No sé si no estamos creando desde otros puentes. Pienso que sí se ha hecho un esfuerzo, el problema es que habían muchos frentes que atacar y las agendas eran bastante particulares; no era lo mismo la agenda de Venezuela que la de Bolivia, lo que obligaba que las formaciones culturales de Venezuela fueran distintas a las de Bolivia.

No sé si se deba a un tema de capacidades, sí siento que la agenda interna nos obligó a centrarnos en nosotros mismos. La solidaridad que yo siento Bolivia ha tenido con el resto de los países ha sido infinitamente menor que la que otros países han tenido con Bolivia; nuestra agenda era tan acelerada que nos obligaba a centrarnos en los objetivos que teníamos que cumplir como revolucionarios desde nuestro territorio.

¿Cómo vislumbran el escenario 2016-2019?

Pienso que se puede venir un escenario de violencia bastante complejo, no lo descartamos. Seguimos teniendo las mismas tareas: resistir, estudiar y militar. Aunque nos hace falta pensar seriamente en expandirnos, llegar a otros frentes.

En su gorra y pañoleta suele estar presente la estampa del Che Guevara, ¿qué representa para ustedes?

Del Che generalmente se rescata la consecuencia hasta el final. Hay poca profundización respecto a su pensamiento político, económico, filosófico, aunque nosotros tratamos de abordarlo.

El Che entregó su vida por sus ideas, por un proyecto, y para nosotros eso es muy importante. Cuando nosotros decimos “no hay vuelta atrás” es porque sabemos que si retrocedemos no nos van a admitir, de ahí que asumimos esa posición militante del Che de avanzar pese a todo, y avanzar con una necedad a prueba de bala.

En el 50 aniversario de su muerte debemos valorar la calidad de militante que era, como se forjaba como militante, su disciplina, ética, transparencia, la capacidad de convencer a los compañeros para seguir luchando. Che no defendía ideas individuales sino para el colectivo.

Para finalizar, quisiera hacerte un breve jueguito/cuestionario que Jenny y Laura, hijas de Carlos Marx, le aplicaron a su padre allá por 1860.

● Cualidad que más estimas en las personas: lealtad.

● En el hombre: consecuencia.

● En la mujer: lealtad.

● Tu rasgo distintivo: pasión.

● Noción de felicidad: lejos de todo.

● Noción de infelicidad: el caos.

● Defecto que consideras perdonable: indecisión.

● Defecto que te inspira rabia: deslealtad.

● Ocupación predilecta: militar, la calle.

● Poeta preferido: Benedetti.

● Prosista preferido: Gelman.

● Héroe preferido: Santucho.

● Heroína preferida: Tania.

● Flor preferida: Orquídea.

● Color preferido: rojo.

● Color preferido en los ojos y el pelo: negro.

● Nombre preferido: Anahí.

● El plato de comida que más te gusta: papas fritas.

● Máxima de vida: ¡defender la alegría!


* Director de La Época.

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