diciembre 5, 2020

La autocrítica es la única vía

por: Andrés Melendres 

Nos encontramos en una etapa crítica para el proceso de cambio, la derrota del 21F ha pegado duro en la psiquis del movimiento. Estamos ante un fuerte proceso de desgaste, pareciera que la acumulación histórica de nuestros líderes está llegando a su culminación.

Debemos reconocer que en estos 10 años, y cuatro faltantes, bajo el liderazgo de Evo y Álvaro, se ha logrado bastante en materia social y económica, sin embargo esto no ha sido suficiente para ganar a la nación. Es curioso el fenómeno que hemos venido viviendo en las últimas elecciones, y es que, como bien la CONALCAM lo dijo: “No podemos vivir de victorias, sino que también debemos aprender de nuestras derrotas”, esa es la pedagogía del pueblo.

Con el marketing político hemos buscado ganar a la nación de la forma en que lo han hecho siempre los partidos de derecha, y no hemos utilizado una concientización revolucionaria y popular. Es curioso este término que uso: “ganarse a la nación”; por 1960, Marcelo Quiroga Santa Cruz le reprochaba eso al MNR, un partido que había logrado acaudillar el movimiento de masas, pero que pronto se burocratizó. Marcelo decía algo más o menos así: “¿Qué es, pues, ya que no Revolución, el fenómeno político iniciado el año 1952? Fue un movimiento; hoy (1960) es sólo un partido. ¿Cuál la diferencia? Un partido se propone la conquista y conservación del gobierno; un movimiento intenta ganar la nación.” Tal vez esto deberíamos debatir dentro del Instrumento, ¿qué hemos intentando hacer en estos 10 años de proceso de cambio? ¿Hemos actuado como partido, o hemos actuado como un movimiento? Entonces, ¿qué es un partido y qué un movimiento?

Estoy de acuerdo con los análisis que dicen que el movimiento se ha estatalizado de alguna manera [1], y cuando un movimiento se estataliza se petrifica, deja de ser movimiento, este fenómeno de estatalización también fue denominado como una “tensión creativa” [2], el momento en que las comunidades y sindicatos pasaron a gestionar el Estado y se despreocuparon de los asuntos cotidianos de su localidad para atender lo “universal”. En fin, creo que toda “tensión” tiene un límite, así como una cuerda en una guitarra, a mayor tensión mayor probabilidad de romperse.

La derecha ha optado por otro tipo de movilización, se dieron cuenta que la vieja forma de partido ya no es efectiva, tampoco la de las ONG, sino la de los “movimientos espontáneos”, tratando de generar una “cadena de equivalencias” [3] respecto a ciertos “valores liberales aceptados” que estarían siendo atentados por el gobierno y, de esta forma, crear un “malestar social general”. Mientras nosotros nos ocupamos por administrar y ocupar el Estado ellos tratan de ganarse a la sociedad, están conquistando espacios que nos pertenecían, conquistando la calle, seduciendo al pueblo con un discurso liberal y libertario al mismo tiempo, cuando el discurso libertario debería pertenecernos a nosotros.

No debemos temerle al debate, tampoco a la autocrítica, el pensamiento es saludable, corroe el alma revolucionaria el silencio cómplice y qué mejor ejemplo de esto el caso de corrupción que se empieza a destapar con funcionarios del Ministerio de la Presidencia; no podemos permitir que en el seno del partido, so pretexto de pertenecer a “las bases”, se viole al Estado. No se trata de ser libre pensante, sino de pensar, porque el pensamiento es una facultad humana, y sin esta facultad no seremos actores sino espectadores de un proyecto que nos pertenece a todos.


* Militante de Generación Evo.

1 Ganó el No porque en el MAS el aparato estatal desplazó al orgánico, La Razón, Animal Político, 28 de febrero de 2016.

2 Tensiones creativas del proceso revolucionario, Álvaro García Linera.

3 Ver Ernesto Laclau.

Be the first to comment

Deja un comentario