noviembre 25, 2020

Los tintes ideológicos del racismo

por: Edmundo Juan Nogales Arancibia

El miércoles pasado se pronunció la sentencia contra los acusados por los hechos de racismo del 24 de mayo del año 2008 en Sucre, contra los campesinos de Chuquisaca. En cierta forma Sucre estaba mordiendo la mano que le alimenta, porque muchos de los productos que consumen cada día lo producen trabajadores campesinos.

Esa sentencia se dicta en un momento en el que el discurso racista vuelve a articular a un grupo social del país que en su mayoría vive en los espacios urbanos, lo vimos llegar con el caso del Fondo Indígena cuando volvieron los comentarios racistas, continuaron con la campaña contra la modificación de la Constitución Política del Estado –en especial en Santa Cruz– y con el caso Zapata, donde se lanzaron mensajes con insultos y muestras de racismo en redes sociales.

¿Cómo entender esa tendencia al racismo de la población urbana? Necesitamos definir qué sujeto es proclive a ese discurso, el que de alguna manera en el referéndum expresó una misma posición de rechazo a la modificación a la Constitución, lo que no significa que todo el que haya votado por el No sea racista.

Entre la población los empresarios son minoría cuantitativa, sin embargo, desde la expresión ideológica del sistema capitalista tienen hegemonía en la posición política de otros sujetos. Si no vemos la condición de clase en este análisis, resumiríamos todo hablando de la “clase media” y no podríamos entender el fenómeno. Si vemos la condición de clase, pero solo desde el lado económico, diríamos que han sido pequeños burgueses los que votaron por el No y que parte de ellos difundieron el discurso racista, pero el análisis se quedaría corto porque no entenderíamos la votación del No por parte de los funcionarios públicos y sectores con buena situación económica que en su mayoría viven en los lugares donde perdió el Sí.

Ver la posición política e ideológica de clase ayuda a entender mejor el panorama. En el aspecto económico el trabajador de un banco, una aseguradora, o un funcionario, no es un pequeño propietario, sino un asalariado que no se siente proletario y asume la posición ideológica de una clase social a la que no pertenece, la burguesía, y en algunos casos reniega de su origen indígena o proletario. Por ello, en el aspecto ideológico coincide con el pequeño burgués, el pequeño propietario.

Pero, ¿cuáles son esas líneas de coincidencia? Rechazan la gran acumulación de riqueza en pocas manos, al tiempo que tienen miedo al avance del proletariado en la construcción del socialismo, temen perder los privilegios que en este tiempo de bonanza económica han logrado y, por último, aspiran al ascenso social –como se sienten más cerca de la burguesía esperan ingresar en ella– económicamente, o al menos socialmente, a través de títulos de reconocimiento como los docentes universitarios.

En tiempos de dictadura esas llamadas clases medias fueron afectadas, aunque las aceptaban y hasta apoyaban; un ejemplo lo dieron las señoras de “clase media” que marchaban contra el gobierno de Salvador Allende en Chile y luego apoyaron la dictadura de Pinochet.

Las razones de su aceptación a la dictadura son ideológicas, así como las de su propensión al racismo, porque en el racismo encuentran un justificativo de superioridad respecto a los más explotados y asimilan la idea de que el hijo del proletario debe seguir la suerte de sus padres, esto para no correr el riesgo de ocupar ese lugar, sin contar que la dictadura golpea al campesino y al proletario asegurándoles que se mantengan abajo para que, de paso, la “clase media” siga al medio.

La transformación ideológica es un tema en el que no estamos avanzando lo suficientemente rápido.


* Integrante de la Escuela Nacional de Formación Política.

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