diciembre 2, 2020

Crisis política brasileña: Riesgos a la democracia

por: Daniel Araújo Valença 

Para el PT hay solamente una posibilitad: demostrar su opción de clase y exigir cambios urgentes y profundos en el gobierno.

En 2015 presenté a Bolivia dos análisis sobre la coyuntura brasileña [1]. En aquel momento, señalé la difícil situación del país y las causas inmediatas de ella.

Razones históricas

Sus razones más profundas reposan en la formación social de Brasil que, en superficial resumen, se caracterizó por la preservación del latifundio, la intensa explotación del trabajo y una democracia de baja intensidad, con concentración del poder político en manos de oligarcas. Debido a su tamaño y posición geográfica, densidad demográfica y determinados contextos internacionales –como la 2° Guerra Mundial– alcanzó a desarrollarse, pero mediante una modernización “conservadora”. El país se industrializó, creció su renta nacional, aunque sin alterar sus estructuras socioeconómicas.

La burguesía no desplazó la aristocracia colonial y el latifundio permaneció intacto. La clase industrial fue la extensión de la oligarquía. De facto, puede decirse que las transiciones en Brasil se hacen “por lo alto”, lo que Gramsci llamaba de revolución pasiva.

Partido de los Trabajadores

En cuanto a las causas inmediatas, importa rápidamente rescatarlas. El ascenso del Partido dos Trabalhadores (PT) aconteció bajo condiciones muy específicas. A pesar de esa agremiación poseer características en común a las izquierdas latinoamericanas que nacieron después de las dictaduras militares –nuevos modelos organizativos que reflejan sus respectivas realidades nacionales y bases sociales más amplias– así como el MAS-IPSP, PSUV, Frente Amplio, el PT siempre tuvo a los obreros como su motor, el socialismo como el horizonte estratégico.

Ocurre que el PT fue creado en 1980, en un contexto de efervescencia popular contra la dictadura, pero de comienzo de revés de la izquierda socialista internacional. Al posterior derrumbe del régimen soviético y la derrota de la revolución sandinista, iba a sumarse la victoria de la derecha en los escrutinios de 1989 y 1994 en Brasil. Ese conjunto de hechos llevó a un período de defensiva estratégica de la izquierda socialista.

Así, desde 1995 el PT empieza un lento movimiento de reemplazar la estrategia democrático-popular y socialista –la lucha por reformas estructurales y por el socialismo– por una progresista –el combate al neoliberalismo desde la inclusión social y económica–.

Desestabilización opositora y “caso Lula”

La victoria de 2002 de Lula se dio bajo la nueva estrategia. Una vez más en su historia, la transición ocurrió “desde lo alto”, pero ahora de manera progresista y no conservadora.

El Estado comenzó a intervenir en la economía y hubo una salida de la pobreza y el hambre de decenas de millones. Pero la vía progresista presentó efectos colaterales: con el abdicar de la educación y organización política de los trabajadores, la sociedad se tornó más conservadora y, como consecuencia, el Estado y el gobierno también.

El desarrollo bajo el pacto de clases comenzó a cambiar con los nuevos vientos de la economía: con la crisis internacional de 2008 y la caída de los precios de las materias primas, el gran capital que “aceptaba” un gobierno dirigido por el PT, exigió la reducción del Estado, de los derechos sociales y laborales.

Después del escrutinio de 2014, el gobierno Dilma y el PT permanecieron con la estrategia conciliatoria. La derecha, con una mayoría en el legislativo, actos de calle y otros diversos métodos de desestabilización, intentó un golpe blando a fines de 2015. Es desde el Estado, sin embargo, que sectores del sistema de justicia intentan una investigación policial selectiva, y con permanente dirección por los medios de comunicación, especialmente la Tv Globo, a cohibir el PT, a Lula y al Gobierno.

Su último capítulo fue la “conducción coercitiva” del Presidente Lula para prestar declaración a la policía. Una flagrante ilegalidad ya que el código de proceso penal (Art. 260) determina la obligatoriedad de la intimación y la recusa del acusado como condición objetiva para la medida.

Lula fue conducido a prestar declaración en el aeropuerto de São Paulo. La elección del aeropuerto como ambiente se dio por ser el más anti-Lula, pues por allá transitan los de arriba, la cobertura en vivo de Globo mostraría un cierto “apoyo popular” a la prisión. En realidad, centenares de personas fueron hasta el aeropuerto y delante de la casa del ex presidente para prestar solidaridad. Hubo confrontación entre manifestantes y algunos quedaron heridos. Por todo el país, militantes salieron a las calles en contra la medida arbitraria.

Liberado, Lula hizo una conferencia de prensa. Habló de todo el golpe en curso y que a los 70 años le devolvieron la capacitad de lucha de los 30. A las 22hrs, Lula participaba de un acto político con movimientos sociales, en histórica noche para las izquierdas de Brasil.

Desde allí, el Ministerio Público acusó a Lula por un apartamento que no es suyo. Nuevamente una denuncia ampliamente divulgada por la prensa, antes de la manifestación conservadora que se dará en 13 de marzo. Las fuerzas de izquierda están concentrando sus energías para grandes manifestaciones el 18 y 31 de marzo, fecha simbólica del golpe de Estado de 1964.

El escenario actual

El escenario para las izquierdas consecuentes no es bueno. La derecha avanza en el Estado y en los medios de comunicación. La oposición de izquierda tampoco tiene inserción en las clases trabajadoras para frenar la derecha y representar alternativa de poder. En toda su historia, las clases trabajadoras estuvieron adelantados solamente tres veces en el escenario político nacional. Durante el gobierno Vargas y Goulart, estaban como accesorias y se trataba de vías progresistas. La tercera de ellas, con Lula en 1989, fue la primera vez en que la clase presentó un proyecto político proprio y socialista, protagonizando el proceso. Las tres experiencias terminaron con el posterior ascenso conservador.

Para el PT hay solamente una posibilitad. Rescatar su historia y disposición revolucionaria para combinar la lucha social con la electoral. Reforzar el Frente Brasil Popular, alianza de sindicatos, movimientos y partidos de izquierda, y alterar la correlación de fuerzas en la sociedad. Demostrar su opción de clase y exigir cambios urgentes y profundos en el gobierno.

Al intentar ir contra Lula de manera tan infame, la derecha proporcionó una reacción popular sin precedentes, combustible para un difícil pero posible giro en la lucha de clases en Brasil.


* Profesor de Derecho en la Universidade Federal Rural do Semiárido, estudiante de doctorado con tesis sobre la Constitución de 2009 y el proceso de cambio en Bolivia. Militante del PT.

1 Fueron ellos América Latina y la lucha de clases: reflexiones sobre el presente de Brasil y Variantes actuales de la coyuntura brasileña: la posibilidad de la salida de la crisis por la izquierda, publicados en La Época y en el blog de la Escuela Nacional de Formación Política, Construyendo el Cambio Revolucionario hacia el Socialismo Comunitario.

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