noviembre 25, 2020

Cuba: Entre Obama y The Rolling Stones

Dicen los cubanos que el mejor termómetro para saber lo que realmente pasa en su país es tantear “la calle” y ver aunque sea un capítulo de la novela brasileña que estén pasando en la tv. En “la calle” –aunque la telenovela no es menos importante– nos concentraremos en esta ocasión ya que dos son las cosas que inquietan a ese amistoso pueblo estos días: la visita del presidente de EE.UU., Barack Obama, el 21 y 22 de marzo, y el esperado multitudinario concierto que gratuitamente ofrecerá la banda de rock británica The Rolling Stones en La Habana el próximo 25 de marzo.

Lo de Mick Jagger y compañía es el fiel reflejo del aprecio, respeto y reconocimiento que los artistas del mundo entero profesan a una Revolución que durante medio siglo ha sabido promover las artes –en todas sus ramas–, elevándolas a un sitial sin precedentes en la historia.

Lo del presidente Obama es la muestra fehaciente de que los señores imperialistas al fin se han dado cuenta de que no hay artimaña ni agresión que destruya los anhelos de un pueblo que se ha decidido a construir un modelo distinto y más justo de sociedad, el socialista. En consecuencia, o cambiaban aquellos su estrategia agresiva o continuaban en un aislamiento político regional sobre todo tomando en cuenta que desde hace más de dos décadas no hay pueblo honesto que no simpatice con la Revolución Cubana en esa desigual contienda.

Ha sido EE.UU., a quien el Che Guevara llamó “los grandes enemigos del género humano”, quien unilateralmente decidió romper relaciones diplomáticas con Cuba el 3 de enero de 1961, al tiempo que promovía, bajo las administraciones de Eisenhower y Kennedy, contundentes planes de sabotaje y terrorismo, invasiones directas y, finalmente, el aislamiento continental de la naciente revolución a través de la hasta hoy nefasta Organización de Estados Americanos (OEA).

También ha sido Washington y no La Habana la que ha tenido que desistir de sus añejas políticas de guerra fría y aproximarse a la administración de Raúl Castro para restablecer las relaciones diplomáticas entre ambas naciones y reconocer en los hechos que pocos países han sido tan respetuosos de los derechos humanos como Cuba.

Para “la calle” dar inicio a la normalización de relaciones con su histórico enemigo es más sencillo que lo que los analistas puedan señalar: 1. Las relaciones bilaterales se llevan a cabo en base al respeto mutuo y en igualdad de condiciones; 2. La Revolución Cubana no negocia asuntos soberanos y menos aún su carácter socialista; 3. Cuba jamás desistirá en apoyar los procesos liberadores de los humildes en el mundo entero, y en el contexto actual, a la hermana República Bolivariana de Venezuela; 4. EE.UU. debe devolver inmediatamente el territorio ilegalmente ocupado de Guantánamo, donde está instalada la más oprobiosa cárcel yanqui. 5. EE.UU. debe derogar inmediatamente las leyes que promueven la migración ilegal en la Isla.

Punto aparte es la exigencia de la Revolución del cese del bloqueo económico, comercial y financiero que EE.UU. impuso a Cuba en 1961 y cuyos daños materiales –los humanos son incuantificables– se elevan hasta el día de hoy a un monto de: 833.755 millones de dólares, es decir, alrededor de un millón de millones de dólares.

En un gesto de verdad histórica Barack Obama debe reconocer que el bloqueo económico contraviene la Carta Fundamental de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) al proponerse de manera planificada el exterminio masivo de un pueblo. Además, debe indemnizar a la Revolución Cubana por años de agresividad de toda índole; sólo así podrá normalizar relaciones con Cuba y con el resto de los países de nuestra América.

¿Se da cuenta de cuantas cosas se piensan y dicen en “la calle”? Ojalá la visita del Nobel de la Paz produzca un baño de humildad de los yanquis y tres días después los cubanos coreen felices Like a Rolling Stone.

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