noviembre 29, 2020

¿Cómo se dice corrupción en aymara?

La oposición al gobierno ha puesto en el centro de su estrategia de desgaste el tema de la corrupción, con especial énfasis en el Fondo de Desarrollo Indígena Originario Campesino (FONDIOC). Tanto los intelectuales de izquierda ortodoxa (Insurgentes) como de la derecha neoliberal (Diego Ayo) se han dedicado a detallar los procedimientos y cantidades acerca del manejo de tal fondo.

En el caso de Ayo se ha demostrado que sus datos no son oficiales, por lo tanto no es un trabajo serio, sino que forma parte de todos los pasquines, de medios privados aliados, que llevan odio racista, práctica muy cotidiana de este autor.

En el caso de la izquierda ortodoxa, extraña que sus conceptos no tomen en cuenta el origen de los malos manejos de recursos estatales que forman parte de las prácticas de cooptación del movimiento campesino-originario-indígena.

¿Cómo olvidar que durante décadas los dirigentes sindicales fueron asalariados del antiguo Ministerio de Asuntos Campesinos? Las relaciones entre gobierno y sindicatos campesinos siempre estuvieron encadenadas por la corrupción inducida desde el sistema político colonial mediante una práctica de cooptación de las dirigencias sindicales, que cubre un abanico que comenzaba con el MNR y terminaba en ADN en el centro, y más a la derecha en el MIR.

El equivalente de ser dirigente sindical campesino fue el de recibir fondos, comportamiento que fue creado, consolidado y funcionalizado por el Estado neoliberal, uno de los eslabones fuertes del colonialismo.

Estas reflexiones no se pueden exigir a personajes como Ayo, porque ya tienen el cerebro formateado con el pensamiento neoliberal, pero sí a los analistas sensibles con los movimientos sociales.

En mi caso, iré más allá de ese contexto republicano, y a la luz del despojo sistemático de los territorios originarios, de la fuerza de trabajo y de los productos agropecuarios de las comunidades, por parte del Estado colonial y luego por el Estado republicano aparente creado en 1826, me encuentro convencido que una transferencia de recursos económicos a las organizaciones campesinas es apenas un grano de sal de la gran deuda que tiene el Estado boliviano con los pueblos originarios.

El uso de esa transferencia debe ser estrictamente fiscalizada por los mecanismos internos de estas organizaciones, porque de otra manera el reconocimiento constitucional de gobierno, que reconoce la forma comunitaria, sería solamente un enunciado. Bajo el régimen de gobierno comunitario la responsabilidad de la transferencia se encuentra en su propio sistema de control, que debe aplicar las sanciones correspondientes en los casos que lo ameriten.

¿Qué hace, entonces, un empresario cuestionando? ¿Aceptaría el empresario hotelero Murillo que las comunidades originarias cuestionen su propiedad por considerar una ocupación ilegal, contraria a los usos y costumbres de los pueblos originarios, y que su derecho de propiedad se encuentra anclado en las disposiciones de un Estado liberal que se apropió de tierras que no le pertenecían? Por supuesto que no, gritaría a los cuatro vientos.

El reconocimiento de la plurinacionalidad y el deslinde jurisdiccional de los ámbitos de la aplicación de la justicia, según precepto constitucional, no deja dudas para afirmar que el tema del FONDIOC ha sido un caballo de Troya utilizado perversamente desde un concepto de “corrupción” que ya no corresponde al uso de recursos públicos sino al ámbito del sujeto comunidad.

Para ser más claros, ¿en qué momento se exige transparencia en el uso de recursos a las universidades? Todos sabemos que es un misterio aún cuando el mecanismo de transferencia es el mismo. En ambos casos obedecen a un marco legal aprobado en el Estado neoliberal.

La construcción de un Estado Plurinacional supone estar a la altura de asumir una nueva epistemología y una profunda revisión de nuestras matrices conceptuales, se trata de poner de cabeza, como dijo el viejo Marx, todo lo que aprendimos del saber eurocentrista.


* Escritor e historiador potosino.

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