noviembre 26, 2020

Marcelo

por: Luis Guaraní

Los jóvenes se enfrentaban a los tanques con el pecho descubierto

El primer encuentro

Corrían los años de plomo (1971-1978) y por ese entonces, un imberbe adolescente puso patas arriba al Colegio Nacional Bolívar… no era para menos. Junto a otros compañeros habíamos decidido plantear, exigir e imponer, a la promoción de ese año el nombre de “Marcelo Quiroga Santa Cruz”. Por supuesto, todos los profesores se habían opuesto rotundamente, la dirección del colegio de igual forma, y entonces más de mil estudiantes, rebelados contra la planta docente y su dirección, nos encontrábamos en esas andanzas, con el colegio patas arriba, cuando de pronto en la dirección reciben una llamada telefónica: “informan que Marcelo Quiroga Santa Cruz está en la puerta del colegio y pedía hablar conmigo”. ¿Cómo se enteró Marcelo de la revuelta? No sé. Entre presuroso, nervioso y con la mente en blanco me dirigí a la puerta y ahí estaba él, me tendió la mano y me dijo “compañero…”, haciéndome comprender que ese (el camino de la revuelta en el colegio) no era el camino… que el camino era la militancia. Así comencé la militancia política junto a uno de los líderes más importantes de la historia política boliviana.

Años de resistencia y lucha

En la memoria popular Marcelo Quiroga Santa Cruz va a ser conocido como defensor de los recursos naturales. Fue el autor intelectual de la nacionalización del petróleo, en su condición de Ministro de Minas y Petróleo (1969), durante el gobierno del General Alfredo Ovando Candía. Sin embargo, fue ministro durante sólo un lapso, hasta su renuncia, debido a lo que consideraba la capitulación gubernamental frente a la empresa de petróleos nacionalizada (Gulf Oil Co.).

Ya en la arena política, fundó el Partido Socialista en 1971, acompañado por un grupo de intelectuales y dirigentes sindicales. El cruento golpe militar del 21 de agosto de 1971, encabezado por el General Hugo Banzer Suárez, determinará nuevamente su camino al exilio.

El final de la dictadura de Banzer, en 1978, abrió paso a la palestra a Marcelo Quiroga Santa Cruz, electo como diputado –junto a cinco diputados socialistas– el 30 de agosto de 1979, cuando lanzó el más célebre juicio de responsabilidades de la historia nacional: documentos reservados, archivos internacionales, copias de los “decretos reservados”, desnudaron uno de los regímenes en los que más delitos económicos, políticos y de lesa humanidad se habían cometido.

En catorce horas de intervención congresal demandó a Banzer ante la justicia boliviana por emplear: “el poder invocando la representación de las Fuerzas Armadas y lo monopolizó en beneficio propio y de quienes le seguían”, lesionando la integridad económica de la República, toda vez que dictó una Ley de Hidrocarburos contraría al interés nacional, viabilizó la venta de tierras fiscales en beneficio propio, promovió detenciones, exilios y desaparición de opositores al régimen, violaciones a la libertad de prensa y de asociación, matanza del valle, asesinatos a sus ex colaboradores Andrés Selich Chop y Joaquín Zenteno Anaya, delitos contra la seguridad, soberanía e integridad nacionales, permitir la intervención extranjera en asuntos internos del país, delitos contra la economía nacional y popular, etc.

“Queremos decir a todos en este juicio, como lo anunciamos en el primer instante, que éste es inexcusablemente un juicio político. Es un juicio de naturaleza política que sólo la ignorancia política o la mala fe identifica con el juicio partidario o la expresión subalterna de enconos y resentimientos personales. Es un juicio político porque es de naturaleza política el delito que hay que juzgar. Es juicio político porque los administradores deshonestos del interés nacional, aquellos que se enriquecieron ilícitamente, aquellos que violaron derechos y libertades fundamentales, no incurrieron en los delitos mencionados y probados como personas privadas. Lo hicieron en ejercicio de funciones públicas. En el caso de Banzer, en el ejercicio de la más importante función pública del país, desde la Presidencia de la República.”

Huellas

En el desarrollo político de Marcelo Quiroga se pueden observar por lo menos dos fases. Una es la del Marcelo de los sesenta, humanista, cristiano y nacionalista; la otra, la de los setenta y ochenta, marxista y socialista. Hay, sin embargo, firmes lazos de continuidad en ese estilo político sobrio, preciso e insobornable, frente a la lógica prebendal del Estado.

La independencia de clase como principio político, la insurrección popular como modalidad de acceso al poder, el frente antiimperialista y antioligárquico como dirección superior fueron aspectos sustantivos en su pensamiento, debate y acción. Marcelo es, tal vez, el que más ha contribuido desde la década del sesenta a mantener y desarrollar en la conciencia y mentalidad política popular la idea de que sin soberanía nacional y popular sobre los recursos naturales y la producción no hay ninguna perspectiva de desarrollar las condiciones para la vida social, y mucho menos las condiciones para la justicia e igualdad social y la libertad política de los bolivianos.

Quiroga Santa Cruz será reconocido en varias facetas, como literato con las novelas “Los deshabitados” (1957) y “Otra vez Marzo” (1990), obras respetadas internacionalmente. Y es que preocupado por las expresiones artísticas y estéticas en 1952 fundó y dirigió el semanario “Pro Arte”, en 1959 la revista “Guión”, dedicada a la crítica cinematográfica y teatral, en 1964 el periódico “El Sol”. Ya en 1953 es nombrado delegado boliviano ante el Congreso Continental de Cultura y seis años más tarde expone en el Congreso Intercontinental de Escritores. Además de su labor literaria amaba el arte cinematográfico, incursionando en este campo, para en 1964 realizar el cortometraje “El combate”. Esta multifacética trayectoria nos muestra el ímpetu y el talento de Marcelo Quiroga Santa Cruz.

Junto al inicio de su camino militante, a principios de la década de los sesenta, fue sellada también la eliminación física de Marcelo Quiroga Santa Cruz.

El asesinato de Marcelo Quiroga fue paciente, perversamente madurado y fríamente ejecutado. Fue balaceado con una ráfaga de ametralladora en la sede de la COB y trasladado al Estado Mayor del Ejército, en el Gran Cuartel General de Miraflores, donde fue ultimado después de haber sido brutalmente torturado.

La memoria de Marcelo Quiroga Santa Cruz debe ser considerada como un lugar y un instrumento para conectar el pasado y el presente de la lucha por la liberación nacional y el socialismo en Bolivia.


* Cineasta.

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