noviembre 24, 2020

Estrategias oficialistas, estrategias opositoras

El dilema de Evo líder público vs. la vida privada de Evo, urdiendo la trama del nexo de corrupción entre ambas dimensiones a través de una guerra sucia, fue el guión utilizado por la derecha.

En el contexto de lucha ideológica al interior de la mayoría histórica, y en el contexto del referéndum, existió una coincidencia fundamental y es que el liderazgo símbolo de Evo es la expresión del cemento de unidad. Las organizaciones sociales plantearon la necesidad de mantenerlo, y la estrategia del Sí se emprendió desde el éxito de la gestión y el horizonte de país rumbo a la Agenda 2025. También algunas organizaciones reconocieron autocríticamente que en diez años no se había avanzado en el potenciamiento de nuevos liderazgos nacionales.

La oposición por su parte planteó su estrategia inicial desde la necesidad de la alternabilidad democrática como argumento central y de la “ambición de dos personas” que buscan quedarse en el poder.

La campaña oficialista

No terminamos de entender el nuevo contexto político del referéndum y repetimos la campaña electoral de la victoria anterior. Subrayar la gestión y la inexistencia de propuesta alternativa. Otra vez se movilizó más a los funcionarios públicos que a las organizaciones sociales. Los portavoces siguieron siendo los mismos funcionarios y no los dirigentes sociales. Se pretendió minimizar el papel de los MCS y de las redes sociales. Se puso en evidencia que a diez años del proceso no se ha realizado una autocrítica para continuar así como la gran carencia en la formación política de una mayoría que apoya pero se ha hecho silenciosa. Aún en esas condiciones y con una mala campaña se logró un 49% de voto duro, militante y que sigue a pesar de la campaña opositora.

La campaña opositora

La oposición diversa se multiplicó a partir del descontento ciudadano en zonas urbanas, de los disidentes del MAS, y en pequeña proporción, de los partidos opositores que luego pretendieron apropiarse del triunfo del No. Sin embargo estos partidos políticos, con fuertes ligaciones con las fuerzas reaccionarias internacionales, fueron el canal para generar una estrategia electoral, con recursos humanos y materiales que demostraron que no se improvisaba sino que se había planificado cada uno de los golpes mediáticos.

El apoyo externo es entendible dentro la estrategia geopolítica del Norte, frente al único gobierno que aún persiste en su planteamiento progresista. Las declaraciones y los aprestos de movilización, junto a la renovada agresividad racista en los medios, dan cuenta de que el objetivo continúa siendo finalmente desmoronar moralmente el liderazgo evista. De esta manera se han planteado todas las condiciones para el llamado “golpe blando”.

La estrategia de la oposición

El equipo de asesores mediáticos, junto a Walter Chávez (asesor del MAS durante nueve años y en todas las campañas), planteó el dilema de Evo líder público vs. la vida privada de Evo, urdiendo la trama del nexo de corrupción entre ambas dimensiones a través de una guerra sucia. Buscaron que el ciudadano se concentre en la “novelada” dimensión personal antes que en las transformaciones que ha tenido el país.

Finalmente, redituaron la luchas planteadas en 2006 y 2008, buscando destrozar la imagen simbólica del sujeto histórico indígena originario campesino representada por Evo, evidenciando que la mirada colonial y discriminadora aún persiste en varios sectores de clase media que se sienten desplazados de las esferas del poder.

¿Golpe blando?

El gobierno ha demostrado que no existe una relación entre Evo y la corrupción denunciada por la oposición, aunque la reacción fue tardía, como respondiendo ante un ataque artero que no se esperaba y peor aún entrando a explicaciones que dieron lugar a una novela por capítulos donde el guionista opositor decidía el papel del “malo oficialista” y del “bueno opositor-víctima” –donde no faltaron los héroes mediáticos que ayudaron primero a enlodar el escenario para finalmente victimizarse y seguir con la tragicomedia política–.

Nunca se resaltó por parte de los opositores, y quizás muy tímidamente desde el oficialismo, que el Presidente había pedido desde el 2009 que se levantara el secreto bancario en su caso transparentando cualquier sospecha sobre su responsabilidad en la gestión pública. Tampoco que se había procesado la boleta de garantía de CAMC, que ha empezado un proceso de investigación con una comisión parlamentaria que ha encarcelado a varios funcionarios públicos que al parecer han hecho uso indebido de bienes para favorecimiento de intereses privados.

La ofensiva persiste en el plano político mediático buscando victimizar a algunos portavoces de la estrategia que han tenido y tienen toda la posibilidad de seguir emitiendo su opinión, pero que haciendo uso de su “libertad de expresión” pretenden movilizar a la “ciudadanía” para frenar a la “dictadura” a través de acciones callejeras y la persistente agresión en los MCS y las redes sociales. Es la aplicación del golpe blando con la receta venezolana.

El camino de la autocrítica

Lo dicho no quita una vez más la necesidad de profundizar el proceso de autocrítica interna y el fortalecimiento político de nuevos liderazgos. Tampoco el que entendamos que el líder histórico en este proceso de transición revolucionaria sea también un líder en su propia construcción personal revolucionaria, como todos en este proceso. Que es capaz de enojarse y patear al oponente en un partido de fútbol, que se deprime y se alegra, que a pesar de los avances político-institucionales mantiene actitudes machistas y que obra como la mayoría de los hombres bolivianos. Nadie puede dudar que represente el cambio de época histórica que ha vivido el país en estos años, menos que siga siendo el cemento de unidad popular que necesitamos.

El sí de lo que viene

El proceso de cambio y la lucha continúan, por eso debemos asumir la autocrítica como método revolucionario de ajuste colectivo del proceso. Necesitamos deliberar para retomar el papel protagónico de las organizaciones sociales y del sujeto histórico, acompañado de un rearme ideológico y la formación política de nuevos liderazgos. Debemos prestar especial atención a la reafirmación del voto duro que es la militancia fundamental del proceso. Necesitamos en esta nueva etapa visibilizar el proyecto político del socialismo comunitario más allá de los liderazgos, recuperando el sentido movilizador de la política revolucionaria y de la ética del compromiso; es necesario generar escenarios responsables y propositivos para la lucha ideológica en la diversidad de la mayoría.

La oposición, en esta democracia intercultural que construimos, deberá ser capaz de proponer proyectos alternativos de país, democratizando su estilo de construir poder colectivo e incluyente porque Bolivia no volverá atrás.


* Sociólogo.

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