diciembre 1, 2020

Obama hace historia

por: Andrés Sal.lari

Las relaciones entre Cuba y Estados Unidos nunca han sido normales ya que hasta 1959 la Isla era de hecho una neocolonia yanqui.

El significado de la visita de Barack Obama a Cuba no puede comprenderse a cabalidad si es tomado como un hecho aislado que sólo sirvió para “normalizar” las relaciones entre Washington y La Habana, tras más de 50 años de tensiones provocadas por la instalación de un gobierno comunista en la Isla.

Enmienda Goldberg

Para comenzar permítame ofrecerle un ejemplo ficticio que nos ayude a dimensionar los hechos que se intentan analizar:

Corre el año 2007 y Bolivia debate los términos de la Asamblea Constituyente que darán lugar a la nueva Constitución Política del Estado.

El país está ocupado por tropas estadounidenses que inclusive tienen un gobernador militar cuyo nombre es Philip Goldberg; bajo esa presión los constituyentes deben aceptar una enmienda previamente redactada y aprobada por el congreso de los Estados Unidos.

¿Entendió bien? El gobierno de Estados Unidos aprueba una ley, su ejército mantiene ocupada Bolivia y por ende esa ley tiene que anexarse a la nueva CPE sin discutirse ni modificarse. Es la única opción para que se retiren las tropas.

Adicionalmente el gobernador Goldberg declara en todos los medios de comunicación que ninguna de las cláusulas lesiona la soberanía de Bolivia.

La enmienda Goldberg dispone:

Artículo I: …el Gobierno de Bolivia nunca celebrará con ningún Poder o Poderes extranjeros ningún Tratado u otro convenio que pueda menoscabar o tienda a menoscabar la independencia de Bolivia ni en manera alguna autorice o permite a ningún Poder o Poderes extranjeros, obtener por colonización o para propósitos militares o navales, o de otra manera, asiento en o control sobre ninguna porción de dicho país.

Artículo III: …el Gobierno de Bolivia consiente que los Estados Unidos pueden ejercitar el derecho de intervenir para la conservación de la independencia boliviana, el mantenimiento de un Gobierno adecuado para la protección de vidas, propiedad y libertad individual y para cumplir las obligaciones que, con respecto a Bolivia, han sido impuestas a los EE.UU. por el Tratado de París y que deben ahora ser asumidas y cumplidas por el Gobierno de Bolivia.

Artículo VII: …para poner en condiciones a los EE.UU. de mantener la independencia de Bolivia y proteger al pueblo de la misma, así como para su propia defensa, el Gobierno de Bolivia venderá o arrendará a los EE.UU. las tierras necesarias para carboneras o estaciones navales en ciertos puntos determinados que se convendrán con el Presidente de los EE.UU.

Adicionalmente Goldberg impone otro tratado que otorga el arrendamiento sin límite de fecha para que Washington ejerza soberanía en la base aérea de Chimoré.

República neocolonial

Estos hechos obviamente no existieron en Bolivia, aunque suenan peligrosamente cercanos de la realidad política hasta antes de la llegada de Evo Morales al poder.

Lamentablemente sí existieron en Cuba, se produjeron a inicios del siglo XX cuando la Isla recién se había independizado de España y marcaron el inicio de un proceso neocolonial que llegó a su fin el 1 de enero de 1959 con el triunfo de los barbudos liderados por Fidel Castro y el Che Guevara.

La enmienda, por supuesto no se llamó Golberg, se llamó Platt, en referencia el senador estadounidense Orville H. Platt; a los artículos redactados más arriba cámbiele Bolivia por Cuba y son textualmente los que quedaron incluidos en la constitución cubana desde 1902 hasta 1934 cuando fue modificada, no por decisión de Cuba, sino por la del presidente Franklin Roosevelt que impulsaba la política del “Buen Vecino”. Claro que no modificó un ápice en relación a Guantánamo.

Estos antecedentes no hacen más que evidenciar que para los sectores dominantes y la clase gobernante de Estados Unidos, las islas caribeñas –pequeñas, débiles y detonantes de la guerra Hispano-estadounidense (Spanish-American War, 1898) – no llegaron ni siquiera a integrar su patio trasero, fueron tratadas como su baño para el servicio doméstico.

Triunfo de la Revolución Cubana

La llegada al poder de un grupo de jóvenes revolucionarios que promovieron un sistema soberano en la mayor de las Antillas –y a sólo 144 kilómetros de Estados Unidos– fue una afrenta demasiado irreverente para una potencia adicta a las enmiendas Platt. Washington no podía permitirlo, pero su política tendiente a la destrucción de ese proceso soberano no funcionó. Tardaron 57 años en aceptar que la inteligencia de Fidel pudo más que ellos; demasiado tiempo.

Por todo esto y en el marco de la normalización de las relaciones entre Washington y La Habana el especialista cubano Francisco López Segrera asegura que “las relaciones entre Cuba y Estados Unidos nunca han sido normales… antes de 1959 la Isla era una neocolonia de EE.UU., donde el embajador de este país tenía más poder que el presidente de la nación cubana… EE.UU. ha percibido el tema de Cuba más como un asunto doméstico que como una relación internacional con un país soberano”.

Cualquier parecido con lo vivido en la Bolivia pre Evo no es una mera coincidencia.

Obama en Cuba

Valorar los significados de la visita de Obama a Cuba –y su posterior viaje a Argentina– en un clima de restauración conservadora continental no es una tarea sencilla y requiere indudablemente la inclusión de múltiples y diversas vertientes.

Martín Granovsky publica en Página/12 de Argentina:

“Quitarle trascendencia histórica al viaje sería infantil. No es lo mismo ordenar el desembarco de mercenarios en Playa Girón que pasear con Michelle Obama por la Habana Vieja. En términos continentales, no es lo mismo estimular la guerra civil en Colombia y la militarización de la lucha antinarcóticos que aprovechar el paso por La Habana para que el Secretario de Estado John Kerry se reuniese, como hizo el pasado lunes, con representantes de las guerrillas de las FARC y el Ejército del Pueblo”.

Para el pensador Atilio Borón: “El punto de partida de cualquier análisis sobre la visita de Barack Obama a Cuba y Argentina es la constatación de las derrotas sufridas por el ocupante de la Casa Blanca tanto en el ámbito doméstico como en el internacional… en consecuencia, tanto en lo interno como en la arena internacional Obama es un presidente urgido por recibir buenas noticias que le permitan abandonar su cargo con algunos lauros que lo instalen en un lugar relativamente honorable en la historia. Poco probable que las obtenga en alguno de los dos frentes; pero en el internacional le queda una carta en la cual podría anotarse algunas victorias significativas. El exasperadamente lento y laborioso desmontaje del criminal bloqueo a Cuba, aún en vigor, sería uno de sus logros”.

Borón no pierde de vista que Obama ya adelantó que Washington todavía promueve un cambio de régimen en Cuba, sólo que por otros medios; un detalle para nada menor en toda esta historia, pues evidencia el fracaso aceptado por Obama en cuanto a las políticas impulsadas para destruir a la Revolución Cubana no ha llevado a una reflexión tendiente a eliminar cualquier intención intervencionista, sino más bien ha derivado en una redefinición de las estrategias pero sin alterar el objetivo final. O sea que la intervención continuaría por otros métodos.

Garrote y zanahoria

Esto abre la puerta a una pregunta necesaria acerca de si Obama intenta generar una división en el debilitado bloque bolivariano aplicando la vieja estrategia del garrote y la zanahoria, ya que mientras emite toda una serie de gestos amistosos hacia Cuba no se olvida de renovar el híper peligroso e injerencista decreto que declara a Venezuela como una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos.

Obama aseguró en La Habana que “no tiene sentido sostener políticas de la Guerra Fría” demostrando una fuerte contradicción, ya que sus actos evidencian que esta quedó en el pasado con Cuba pero tiene vigencia plena para Venezuela.

La cancillería y el gobierno cubano tienen bien en claro que no caerán en la trampa del garrote y la zanahoria y que tampoco cederán sus banderas históricas ni serán prenda para promover una división bolivariana. Es por eso que a menos de 48 horas del arribo de Obama al Aeropuerto José Martí se le adelantó Nicolás Maduro, que fue reconocido por Raúl Castro con la orden del poeta y libertador cubano, Orden José Martí, la más importante del país. A Obama no se la dieron.

Adicionalmente en la conferencia de prensa brindada por Obama y Raúl, el presidente cubano fue enfático al declarar que los ataques y la desestabilización que se intenta fomentar contra Venezuela son contraproducentes para el ambiente en el continente.

Pero retomamos a Granovsky y coincidimos en que sería infantil no reconocer la trascendencia –y se podría agregar osadía– en el hecho político vivido en La Habana, ya que todavía hay sectores muy poderosos dentro de Estados Unidos que no aceptan semejante sometimiento y legitimación a la “dictadura” cubana.

Dijo Obama:

“Para llegar acá tuvimos que recorrer una gran distancia, superar barreras históricas, ideológicas… el embargo [bloqueo] es una carga obsoleta sobre el pueblo cubano… como presidente de EE.UU. le solicité al Congreso que levante el embargo… Cuba tiene recursos increíbles y un sistema de educación que valora a cada niño y cada niña… ustedes no van a alcanzar su potencial si no se hacen cambios aquí en Cuba, pero los cambios dependen del pueblo cubano, cada país, cada pueblo debe forjar su propio destino”.

Obama dejó la Isla tras 72 horas trascendentes y enmarcadas por un clima de gran distensión, fue nada más y nada menos que el primer presidente estadounidense en realizar una visita bilateral a Cuba (la de Coolidge en 1928 fue para un evento multilateral).

Posteriormente viajó a Argentina para empoderar la gestión de Mauricio Macri, el cambio que está interesado en promover para nuestro continente. Con Brasil y Venezuela tambaleando, los gobiernos progresistas de la región viven su momento de mayor debilidad. Para el primer presidente negro de Estados Unidos, el fin de los procesos de cambio y la rendición de la Revolución Cubana podría ser un gran legado.


* Conductor del programa de tv Ojo con los medios, trasmitido diariamente por Abya Yala.

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