diciembre 3, 2020

primera parte – Érase una vez una Comuna en París

por: Edmundo Nogales Arancibia

El movimiento tuvo la particularidad de que la mayoría de sus dirigentes eran mujeres y se apoyó en una milicia popular de 200 mil ciudadanos en armas.

Como Comuna de París se conoció al gobierno de los trabajadores instaurado en la capital francesa producto de una insurrección popular en 1871, proyecto social que, a pesar del acoso de la guerra y el sitio por parte de la burguesía nacional e internacional, logró perdurar por dos meses, encumbrándose como el primer intento de la clase obrera por dirigir su propio destino.

Raíz del conflicto

En 1848 en Francia se formó un gobierno provisional que duró escaso tiempo. Tres años más tarde Luis Napoleón Bonaparte (sobrino de Napoleón) tomó el poder con apoyo de militares y se autoproclamó emperador de Francia, dando inicio a la época del Segundo Imperio.

En 1870 Napoleón III se inclina por declarar la guerra a Prusia, que incluía al actual territorio alemán, y cuyo canciller desde hacía una década era Otto von Bismarck, figura central del Reino de Prusia e impulsor de un plan para la unificación de Alemania.

Napoleón III se oponía a la unificación de los territorios vecinos porque sabía que unidos serían un poderoso rival para Francia en lo industrial, comercial y militar. Por estas razones se apresura en declarar la guerra a Prusia, que de hecho era contra Alemania. En la ocasión el francés señaló: “estamos completamente preparados para la guerra”. Pero la realidad era otra y el pueblo lo sabía.

El año terrible

Las relaciones diplomáticas franco-prusianas, deterioradas desde Sadowa (julio de 1866), empeoraron en 1870. Bismark había empujado al príncipe Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen a aceptar el trono de España, vacante desde la revolución de 1868 y Francia consideró aquella candidatura como una provocación.

De esta forma el gobierno imperial encomendó a Benedetti, su embajador en Prusia, que obtuviera del rey Guillermo I, jefe de la familia Hohenzollern, la renuncia formal al proyecto. Satisfecha la demanda el 12 de julio, la insistencia de Francia y sobre todo su “petición de garantías” irritaron al viejo rey y llevaron a Bismarck, que quería la guerra por encima de todo, a desatar los acontecimientos: el 14 de julio de 1870 mandó publicar en la prensa “el parte de Ems”, una información deliberadamente trucada en términos provocativos y descorteses sobre la cordial entrevista mantenida entre el embajador Benedetti y el Rey. La opinión pública de ambos lados se indignó: los prusianos estaban convencidos de que su rey había sido humillado, y los franceses de que su embajador había sido ultrajado. Con una increíble ligereza, Francia tomó la iniciativa de declarar la guerra a Prusia el 19 de julio de 1870.

A Prusia le fue fácil presentar el asunto como una agresión y los estados de Alemania del Sur se le unieron. Francia, en cambio, no tenía ningún aliado seguro y quedó sola.

Además, los efectivos del ejército de la confederación alemana, su armamento pesado, logística y altos mandos, eran superiores a los del ejército francés. Así, aunque el ejército imperial partió de París entre el clamor popular, su jefe supremo, Napoleón III, era consciente de que lo que esperaba era un resultado desfavorable; el tiempo le daría la razón.

Los alemanes vencieron en pocas semanas: Alsacia cayó el 6 de agosto y Lorena el 18 del mismo mes. Incapaz de sacar partido de las oportunidades de victoria, el ejército francés se dividió en dos: una parte sitiada en Mertz, y la otra capituló el 2 de septiembre en Sedan. La noticia de este desastre provocó la caída del régimen; el 4 de septiembre el pueblo parisino invadió el cuerpo legislativo e hizo aprobar la disolución del Imperio. El mismo día se proclamó la República en el ayuntamiento.

Prolongación de la guerra

Pese a esta dramática situación, los franceses, enardecidos por el escape de León Gambetta, ministro de guerra nombrado en septiembre de 1870 luego de las derrotas francesas, que el 7 de octubre había partido de París en globo para organizar la resistencia en provincias, lucharon seis meses contra los invasores y abrieron diversos frentes con ejércitos improvisados junto al río Loira.

Desde septiembre de 1870 hasta enero de 1871 París soportó un terrible sitio: padeció hambre (se comieron ratas y hasta los elefantes del jardín botánico) y sufrió bombardeos prusianos, además de uno de los inviernos más crudos del siglo.

El 18 de enero de 1871 Guillermo I fue proclamado “emperador alemán” en Versalles. Diez días más tarde, el gobierno provisional solicitó un armisticio para discutir las condiciones de paz con el vencedor. El tratado de Frankfurt impuso a Francia la cesión de Alsacia y de una parte de Lorena, además del pago, escalonado en tres años, de una indemnización de cinco mil millones de francos.

Versalles contra París

El armisticio permitió a los franceses elegir una Asamblea Nacional, dominada por los monárquicos, que confió a Adolphe Thiers el poder ejecutivo, votó la ratificación de los preliminares de paz y, como se sentía insegura en Paris, se trasladó a Versalles. París quedó abandonada a su suerte, escapando no sólo los gobernantes sino también los dueños de las fábricas e industria.

La asamblea incurrió en una serie de torpezas que terminaron por alzar a los parisienses en su contra. El 18 de marzo de 1871 el intento por desarmar a la Guardia Nacional para que los ciudadanos quedaran inermes acabó en fracaso y propició los asesinatos de los generales Leconte y Thomas, se hizo imposible cualquier conciliación.

El comité central de la Guardia Nacional –milicia ciudadana encargada de la seguridad de la ciudad–, dueño de la situación, procedió a la elección de un Consejo Comunal. El nuevo organismo representante del poder soberano estaba integrado por unas ochenta personas, y se instaló en el Ayuntamiento con el nombre de Comuna de París.

El movimiento tuvo la particularidad de que la mayoría de sus dirigentes fueron mujeres y contó con la ayuda de la Guardia Nacional, una milicia de 200 mil parisinos armados. Por primera vez, los obreros y artesanos dominaban una asamblea electa. De esta forma, se produjo la primera revolución socialista en el mundo.

Se estableció el Consejo de la Comuna como órgano central, y para atender las distintas tareas se crearon comisiones para organizar el ejército, la salud pública, trabajo, justicia, educación, todo con la participación del pueblo de París, donde el rol de los trabajadores y de las mujeres fue imprescindible para realizar cada tarea.

Algunas de sus principales medidas fueron:

● El Ejército y la Policía fueron reemplazados por la Guardia Nacional, integrada por ciudadanos comunes, como artesanos, jornaleros y otras profesiones.

● Separación entre la Iglesia y el Estado.

● Los cargos públicos eran sometidos a elección popular y se regirían por el principio de revocatoria de mandato.

● Se deja de impartir clases de religión en los colegios, por tratarse de un tema de decisión personal.

● Las fábricas abandonadas fueron ocupadas por los trabajadores.

● París se dividió en quartiers, localidades con cierta autonomía que cooperaban con la organización central.

● Los funcionarios recibían un sueldo similar al de los obreros.

● El precio de los alquileres fue controlado por la Comuna.

● La justicia pasó a ser gratuita y los magistrados se elegirían por votación popular.

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