enero 10, 2022

Organizaciones sociales y sillas musicales

¿A quién le pertenece este país? Si los derechos son algo que debe conquistarse una y otra vez so pena de perderlos, entonces muy pocos estarán en desacuerdo con la afirmación de que el actual Estado Plurinacional le pertenece, aunque no de manera exclusiva, a las organizaciones sociales.

Esto no quiere decir, por supuesto, que el resto de la población boliviana no tenga palabra al momento de definir el curso de esta nave, de este Estado, pero estas grandes mayorías que se organizaron a principios de este siglo para dar al traste con el viejo sistema de partidos son, de forma fáctica, las reales directoras de nuestra historia. Al menos hasta ahora.

Pero nada en esta vida está garantizado, y la imposibilidad de que el presidente Morales pueda presentarse como candidato en las próximas elecciones generales de 2019 pone sobre la mesa un debate muy importante: ¿qué harán las organizaciones sociales para no perder el control del Estado?

La actual crisis de gobierno refleja que dicho control nunca se consolidó realmente. Es altamente probable que una reconfiguración del escenario político sea inevitable en los próximos años, y esto quiere decir, como en el juego de las sillas musicales, que aquellos que no sean lo suficientemente ágiles para sobrevivir a una inminente coyuntura de competencia política desaparecerán.

Una aclaración sobre las reglas del juego de las sillas musicales: los competidores se forman alrededor de una cantidad de sillas que es siempre menor a la cantidad de participantes, quienes dan vueltas a su alrededor al compás de la música. Una vez que esta música deja de sonar, todos se apresuran por tomar un asiento. Aquellos que fueron demasiado lentos quedan fuera del juego.

El carácter competitivo de este divertido juego es una analogía más que apropiada para describir una posible coyuntura de reconfiguración del tablero político. Una coyuntura que, en resumen, se caracterizará por condiciones cambiantes e imprevisibles, donde los actores políticos tendrán que demostrar versatilidad con las cambiantes reglas de juego.

Las organizaciones sociales, como sujeto interesado en el mantenimiento de su influencia en el poder estatal, deben afilar sus sentidos y utilizar toda su energía para asegurar la mayor cantidad de sillas que puedan conseguir dentro de los puestos de representación política del Estado.

Y esto quiere decir que deben aprender a adaptarse a nuevas condiciones, que involucran, seamos honestos, un eventual escenario sin el presidente Morales.

Líder indiscutido del proceso de cambio, figura crucial para entender el desarrollo histórico reciente de Bolivia, tiene ahora una responsabilidad impensada: superar el juego de intereses personalistas que involucran no sólo a los políticos del oficialismo sino también a los de oposición.

Alguna vez alguien dijo que éramos un país de montañas grandes y gentes pequeñas. Las organizaciones sociales deben demostrar en los siguientes años que son más grandes de lo que muchos se atreven a reconocer. Los líderes de este proceso tienen la misma obligación.

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