junio 19, 2021

La urgente necesidad de fortalecer el poder popular

En algunos países de la región hemos sido incapaces de construir un sujeto político que modifique en un sentido profundo la correlación de fuerzas existentes.

A partir del fracaso de los modelos neoliberales en Latinoamérica y el Caribe (LAC), en el último decenio del siglo anterior y primera década del presente, los países de la región han demostrado una gran capacidad de movilizaciones populares que han precipitado la acción de propuestas de contenido progresista y popular.

Vuelta a los “clásicos”

La intensa publicidad realizada por los medios en contra del rol del Estado, y el derrumbe para siempre del socialismo y la mal llamada “crisis del marxismo”, ha logrado menoscabar el espíritu de organización de las fuerzas populares, hecho que se expresó en la indiferencia más o menos generalizada ante toda tentativa de discutir la problemática de la estrategia política para la conquista del poder y la organización, asumiendo para sí las transformaciones necesarias hacia una sociedad distinta.

En LAC, la cuestión de la organización ha sido lamentablemente desatendida, en tanto que las oligarquías conservadoras, junto a los intelectuales colonizados por el pensamiento único, perfeccionan sus estructuras organizativas y extienden el alcance de sus operaciones coordinadas por toda la región, articuladas a financiamientos que provienen desde el centro hegemónico imperialista.

En estas circunstancias, la pertinencia de las reflexiones de los clásicos del marxismo se reafirman, para interpretar los acontecimientos que a partir de fines del siglo XX y principios del XXI se están sucediendo en LAC.

En los últimos veinte años la región ha experimentado grandes movilizaciones populares ante el fracaso de la política neoliberal que se había impuesto en el continente. La respuesta de los pueblos permitió la emergencia de levantamientos históricos como: Ecuador en 1997 y 2000; lucha contra la autocracia fujimorista en Perú en 2000; derrocamiento gobiernos de dudosa legitimidad en Argentina en 2001; y la irrupción, en octubre de 2003, de las masas campesinas e indígenas en Bolivia, que terminaron desalojaron del poder a Gonzalo Sánchez de Losada. Estas gestas de los desposeídos fueron vigorosas pero también insuficientes. Las masas populares, lanzadas a la calle con actitudes de espontaneidad eran indiferentes ante las cuestiones de organización. En algunos de estos países, estos movimientos no lograron instaurar gobiernos de signo contrario al que desalojaran con sus luchas, tampoco construir un sujeto político capaz de modificar en un sentido más profundo la correlación de fuerzas existentes en sus respectivas sociedades. De ahí que poco después de estas revueltas se produjera una restauración de las fuerzas políticas y las debilidades de los nuevos gobiernos impidieran profundizar los procesos, según les exigía el poder popular.

Importancia del poder popular

Frente a las contradicciones que se van presentando, sólo queda la alternativa de comprender que el poder popular y su lucha, no tienen otra salida que tomar el poder o presionar a sus gobiernos, profundizar los procesos de transformación. Para este objetivo no disponen de otras armas que la organización y la ideologización de sus bases. La realidad latinoamericana está demostrando que esa sentencia es más válida para hoy que en las circunstancias de los momentos iniciales del contra-neoliberalismo. Por ello, no se trata, de modificaciones meramente técnica sino profundamente políticas.

La base material o la estructura económica, o lo que representa y explica la economía como ciencia, es un aspecto fundamental para la profundización de estos procesos. La organización social debe asumir las propuestas para las transformaciones de esta base material. Asumiendo sus propias responsabilidades desde su trinchera productiva. Las transformaciones en las relaciones productivas y sociales son tan importantes como las que se deben materializar en el campo político.

Los que ocurrió en materia económica, en los países de gobiernos progresistas en LAC, es que se atendieron necesidades urgentes para disminuir los índices de pobreza, tanto extrema como moderada. Sin embargo, perdura la debilidad en materia de transformaciones hacia una nueva economía. Se han mantenido atados, en todos los casos, incluso fortalecidos, a las lógicas de la organización de capitalismo periférico, mediante acuerdos con las burgoligarquias para mantener los privilegios que siempre han tenido. En este sentido, por ejemplo en Bolivia, tenemos una burguesía financiera potenciada y nada militante del proceso de cambio, una oligarquía de oriente que lo único que hace es exigir más privilegios para su sector, empresarios privados que exportan capitales hacia los paraísos fiscales.

Alentar el debate político

Para el politólogo argentino Atilio Borón, la ausencia de la discusión respecto a la problemática de la organización constituye una falta muy grave si se tiene en cuenta que en la coyuntura actual el escenario latinoamericano podría aportar una riqueza y variedad de experiencias populares realmente notables aunque no por ello exentas de autocríticas.

En el presente siglo las únicas economías sostenibles serán aquellas que opten por renunciar a tener como único objetivo el crecimiento y cuyo principio constitutivo fundamental sea “la justicia distributiva y de bienestar material de sus pueblos”, a partir del intercambio de equivalentes y mesura en el consumo.

No estamos planteando que, en países como los nuestros, se renuncie totalmente al crecimiento, en tanto que los beneficios obtenidos sean utilizados en el mejoramiento del nivel de vida de millones de personas. Sino que este último objetivo debe ser la leimotiv del crecimiento.


* Economista y analista desde la economía política crítica.

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