enero 12, 2022

Los ecos de la literatura universal

por: Liliet Disotuar

Cuando aún no existía la escritura, se hacía literatura y era divulgada mediante la voz y la palabra viva.

“Uno escribe para despistar a la muerte y estrangular los fantasmas que por dentro lo acosan; pero lo que uno escribe puede ser históricamente útil solo cuando de alguna manera coincide con la necesidad colectiva de conquistar la realidad”.

E. Galeano


Si tomamos en cuenta el vastísimo legado que, en materia cultural, integra lo más selecto del patrimonio de la humanidad, la presencia de la literatura resulta imposible de soslayar como expresión de la conciencia social de los hombres que durante siglos reflejaron sus más hondos sentimientos, ideas, luchas y aspiraciones, formando un conjunto de valor imperecedero dentro de las manifestaciones artísticas del mundo, siendo testigos excepcionales del paso del hombre por la historia.

Al referirnos a la literatura acuden rápidamente los autores y obras que, de un modo u otro, marcaron nuestras vidas. Desde la primera infancia, cuando apenas distinguíamos las palabras y “jugábamos a leer”, a interpretar el mundo como los adultos, hasta la actualidad, en que disfrutamos de las creaciones de autores, considerados genios de las letras y padres de los hitos que han sabido captar las esencias universales, definiendo el posterior desarrollo de los más importantes movimientos y tendencias.

Arte y literatura

El arte, visto como práctica de reconocimiento, apropiación y expresión libre impone dramáticos retos a nuestro conocimiento o percepción. Apelamos en muchos casos a la intuición y las vivencias como herramientas para dialogar con estos hechos creativos. Útil intercambio en que la literatura trasciende los esquemas de la palabra impresa en el papel, para crear personajes, historias, imágenes, situaciones que exploren y revitalicen los recursos del lenguaje, sin reduccionismos formales que la empobrezcan como suceso artístico y estético, portador de belleza y sensibilidad. Dotada de una capacidad crítica que nos ofrece el privilegio de anticipar el futuro, advierte al lector en raptos intuitivos, organizados por las continuas observaciones de la sociedad y a los que se confiere cierta misión guiadora, de alta permanencia, resonancia y trascendencia.

Sus palabras abren las puertas al torrente de la subjetividad y contienen los símbolos que expresan el sentido o significación del mundo. Cada época aportó innovaciones y temáticas a explotar, por momentos respetuosos de ciertos cánones y desechando otros, en dependencia de sus intereses, pero siempre en función de reflejar el entorno, de mostrar la vida con luces y sombras, dando pistas al lector que le ayuden a desentrañar el misterio de la creación humana, pues como expresara Carlos Marx: “La producción intelectual de una nación se convierte en patrimonio común de todas. La estrechez y exclusivismo nacionales, resultan día en día más imposibles, de las numerosas literaturas nacionales y locales se forma una literatura universal”.

El viaje

Iniciemos este viaje que tiene como único destino a la literatura. Dispuestos los sentidos para emprender una travesía en que sondearemos algunas de las obras más brillantes, pero no todas. Ya que el tiempo apremia, la síntesis es obligatoria para este apretado recorrido, que ha de convertirse en decisivo impulso (nunca en tropiezo) y ansias de conocimiento que lleven a la búsqueda y el estudio individual.

Para definir la literatura, debemos considerar lo complejo que resulta la conceptualización de una expresión que se resiste a obedecer a literatos y estudiosos. Tendríamos a bien abordarla con una mirada desprejuiciada, donde permitamos que hable con voz propia y considerando aquellos factores que sin ser netamente artísticos resultan provechosos.

Es evidente que estamos ante una manifestación que utiliza como instrumento la palabra. Incluye a su vez las producciones nacidas en determinados períodos. Abarca no solamente temas relacionados con el arte, la cultura y en el que la imagen creada cobra amplia relevancia. Dentro de sus funciones más importantes destacan la expresiva, gnoseológica, utilitaria, estética, lúdica y formativa. Dada la variedad de su campo de estudio, han surgido disciplinas que, desde un enfoque científico, arrojan luz sobre este tema. Sobresalen los aportes de la Teoría Literaria como estudio minucioso desde una rigurosa metodología.

Las letras son por definición, fuerzas propulsoras del cambio, y es su función, socialmente emancipadora, creativa. La palabra ha de ser puesta en libertad; debemos dejarla crecer ante las corrientes de aceptación o rechazo de las grandes masas, para ubicarla como centro de la formación de niños, jóvenes, adultos y ancianos. Nunca es tarde si queremos dar entrada en nuestras vidas al conocimiento. En momentos que reclaman altos niveles de experimentación, se exige al lector y desafía al creador, con la premisa de forjar sujetos críticos.

Orígenes

Sus orígenes se remontan a los gérmenes de la Comunidad Primitiva, primeros albores en que, gracias al papel del trabajo, el hombre fue humanizándose. Realizó tareas que demandaban una creciente complejidad, seguido de la paulatina, pero contundente evolución del lenguaje. Los sonidos guturales, gritos ininteligibles, se articularon. Mejoró la modulación, se adaptaron las cuerdas vocales hasta llegar finalmente a recitar y entonar melodías colectivas. He aquí uno de los primeros peldaños que acercaron al hombre al milagro del arte, la literatura oral.

Cuando aún no existía la escritura, se hacía literatura y era divulgada mediante la voz y la palabra viva. Los individuos que realizaban estas actividades, las consideraban como una forma más de acompañar las duras faenas cotidianas. Estas canciones de trabajo se integran a los proverbios y mitos para formar parte de la reconocida Poesía Primitiva.

¡Cuántas leyendas y fabulaciones fruto de la imaginación desbordante!

Las composiciones artísticas se transmitían oralmente, de padres a hijos y de generación en generación. Eran anónimas, concebidas en la colectividad y cualquiera de sus integrantes podía aportar alguna modalidad a este amasijo de tradiciones, costumbres y conservarlo para enriquecerlo. Tenían un carácter mágico, pues mediante la invocación, el conjuro y la exhortación, se proponían influir beneficiosamente en las actividades que desempeñaban. Las canciones de labor tenían temas diversos como la caza, la pesca, la siembra, recolección, cría de ganado, navegación, labores artesanales, valores morales, costumbres y servían para impulsar el trabajo por el carácter estimulante de las palabras y los movimientos. Dan fe de la perdurabilidad de estos tesoros, los vestigios hallados en regiones como Estonia, Nueva Zelanda y China, pruebas concluyentes de que la naturaleza humana lleva en los genes la semilla de la creación, como parte constitutiva de su ser.

Del antiguo oriente llegan las voces de la literatura mesopotámica, india, hebrea y egipcia. Sus obras son intérpretes que ayudan a entender estas civilizaciones. Desde sus estructuras y organizaciones jerárquicas, hasta los valores humanos y paradigmas estéticos acariciados, que nos acercan a la riqueza de una cultura en las que germinaron las más variadas expresiones literarias. Algunos de sus fragmentos relevan la fuerte intención del hombre por dejar una constancia de su existencia y así preparar el trayecto hacia el otro mundo, la muerte.

Mundo antiguo

Por su importancia es imposible no referirnos a la literatura egipcia en que sobresalen los “Textos de las Pirámides”, “Las instrucciones de Pthahotep” y “El libro de los muertos”, obra más importante y que pudiera catalogarse como un libro-guía sobre el más allá. En él, se advierten los peligros de ultratumba e indican las vías que deben transitar los muertos en el tormentoso peregrinaje hacia esa otra forma de vida.

En Mesopotamia contamos con “La epopeya de Gilgamesh”, desde la India llegan “Mahabharata” y “Ramayana” y la literatura hebrea entregó un verdadero monumento considerado por especialistas como el libro más leído y estudiado del mundo: la “Biblia”, donde se retratan las tradiciones históricas nacionales de todo un pueblo, pasando por la sabia reflexión en materia ética, comportamiento civil, que la convierten en un texto realmente edificante, o por decirlo de otro modo: es el libro de libros.

Nos detenemos ahora para adentrarnos en la cuna de la civilización occidental, Grecia. Asiento fundamental en cuanto a las letras y el arte. Los pueblos helénicos no desmerecen el lugar alcanzado y han servido a la creación artística posterior, inspirando con ejemplos como “La Ilíada” y “La Odisea”. Un rasgo notable de esta literatura se encuentra en los géneros literarios, clasificados en tres grupos. El primero integrado por el género épico, caracterizado por presentar temas heroicos en un tono grandilocuente. El segundo es el género lírico y sus variadas formas como la oda, la elegía, la poesía y las canciones. Por último, el género dramático merece especial atención, ya que en Grecia nace precisamente el arte de la representación, en sus rostros más reconocidos: la tragedia y la comedia. Los dramaturgos como Esquilo, Sófocles y Eurìpides, dieron forma, pensamiento y vida a los más altos ideales de la cultura, e hicieron del teatro griego motivo recurrente para artistas, que hasta hoy, retornan a la fuente viva, las piezas dramáticas.

De Grecia pasamos a Roma donde el placer de la literatura siguió in crescendo. La fuerza de comediógrafos como Plauto, Terencio; la poesía de Tito Lucrecio y el más osado Virgilio, resultan cartas de presentación para una cultura latina, a la que aportaron esclavos y hombres libres. Haciendo uso de la palabra para devolverla convertida en arte, pura experimentación. A pesar de haber seguido los pasos griegos, esto no les impidió dejar una huella perdurable, al dar colores propios a las ideas que enaltecieron.

El Medioevo

La historia universal ha estado acompañada de expresiones variadas como reflejo directo de las condiciones de vida de las personas. Tal es el caso de la literatura medieval, pródiga en remembranzas y evocaciones que recuerdan las gallardas figuras de los caballeros, ataviados con portentosas armaduras, señores de lúgubres y tenebrosos castillos. Protagonistas de las más cruentas batallas, en que su astucia los hacia ufanos vencedores. Personajes míticos, con facultades casi sobrenaturales. Elegidos capaces de enfrentar la fiereza de los dragones y gigantes. En esta etapa hubo una preeminencia del tema religioso, enfatizando el temor y respeto del hombre, criatura mortal, ante el poderío divino que le incitaba a mantener una mansedumbre y obediencia ciega, formas que encontraron las autoridades eclesiásticas de enajenar y manipular las conciencias, sacándole sustancial ganancia.

El heroísmo medieval descolló como tópico de interés para los literatos del período. Sobresalen los cantos de gesta, que narraban los avatares de los pueblos y sus figuras más excelsas. Las melodías de los trovadores, bardos y juglares contaban estas historias llenas de proezas, donde se hablaba de la conquista de nuevos territorios, el establecimiento de reinos, la destrucción de otros tantos, entre los que podemos encontrar el “Poema del Mío Cid”, convertido en clásico de todos los tiempos.

El talento artístico siguió dando resultados ostensibles, particularmente en la región de Italia y ciudades como Venecia, Génova, Florencia y Bologna, dieron espacio a profundos pensadores de la talla de Dante Alighreri, autor de la “Divina Comedia” y Geovanni Boccaccio, padre del “Decamerón”, una divertida y reflexiva obra, no exenta de complejidad filosófica, donde se reúnen las leyendas de la época, fusionándolas en un todo único, armónico y perfecto. Su creador tomó como bases el material llegado a sus manos procedente del Medioevo, puliendo, acabando amorosamente los detalles e infundiendo vida a cada partícula. Boccaccio nos devuelve una obra magistral, que revela el dominio soberano del arte, iniciando un nuevo movimiento que pretendía la renovación.

Renacimiento

La llegada del Renacimiento trajo consigo modificaciones en cuanto a la concepción del mundo. El hombre por primera vez fue centro de las transformaciones. Resurgieron las actividades intelectuales, estimuladas por el reavivamiento del aprendizaje antiguo y su aplicación a las artes y letras de los pueblos modernos. El placer y el disfrute de la cultura, con sus nuevas energías, alcanzó gran difusión llegando a países como Inglaterra, Francia, Italia y España.

Sobre la última nación centraremos la mirada, debido a la importancia que tuvo la literatura hispánica como influencia decisiva durante la gestación de los movimientos artísticos en nuestro continente. La España más tradicional mantuvo vigente el espíritu caballeresco. Conservó elementos propios y nos obsequió una novela impregnada del idealismo renacentista, que se identificaba con el anhelo de lances extraordinarios que palpitaba en el espíritu de su gente.

Los conquistadores del Nuevo Mundo inspiraron sus aventuras en el ejemplo de los caballeros, pues el influjo de la literatura en los hechos de la vida real era muy vivo por aquel entonces. La figura de Miguel de Cervantes Saavedra y su obra cumbre “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”, son testimonio de ello. Esta genial epopeya cómica, síntesis de los problemas espirituales, es representación simbólica de las aspiraciones y fracasos del hombre. De gran audacia y originalidad, cargada de preceptos ideológicos, concepciones estéticas, rica en valores morales que nos acercan a los contratiempos de un imaginativo hombre que sueña con ser hidalgo, héroe de caballería y se lanza a los mundos acompañado de su fiel escudero. Peripecia que, como la vida misma, le irá mostrando todas sus alegrías y sinsabores; donde se desnuda la condición humana en sus egoísmos, avaricias, pero también desde la bondad, la solidaridad y el altruismo.

Don Alonso Quijano y Sancho Panza, su amigo inseparable, representan la contradicción entre lo que el ser humano aspira a convertirse y lo que realmente es. El Quijote, calificada como la primera de las novelas modernas; un canto al amor, al riesgo y goce de vivir plenamente. Gigantesco mural por el que desfilan una gran variedad de personajes, salidos de una narración, en que por momentos se diluyen las fronteras que hacen de la realidad un asunto de locos y de la locura, un estado de perfecta lucidez. Simpáticos rejuegos cervantinos que entretienen y hacen reflexionar al hombre del siglo XXI.

Reto americano

Para la Literatura Latinoamericana seguir esta ruta universal ha representado un reto sin precedentes. Desafío ante la historia que nos alienta a escribir nuestro propio relato, auténtico, digno, realmente nacional. No somos huérfanos en esta materia, pues habitamos una tierra bendecida, tocada por la maravilla y donde el talento se ha hecho sitio desde las culturas precolombinas. Pensemos en obras como el “Popol Vuh”, que reflejan la identidad del ser americano, cuidadosamente resguardada y perpetuada.

Sobre dicho aspecto retornaremos en próximos trabajos que nos permitan entender con profundidad y argumentos válidos la trascendencia de estas creaciones a la luz del contexto actual.

Esta rápida ojeada al mundo de las letras, responde a criterios de selección muy subjetivos y más que establecer inamovibles cánones, desea incentivar nuevas búsquedas, potenciar la lectura, el análisis, la polémica en lo relativo a obras, períodos, autores y temáticas. No cesa en su empeño, porque la literatura como el arte mismo haga despertar, reanimar las conciencias, revalorizar los saberes.

Hagamos una literatura acorde a estos tiempos. Rebelde, desmitificadora y contundente, como lo fueron Boccaccio, Shakespeare y el mismo Cervantes. Rompamos los moldes, evitemos las cursilerías baratas, sin facilitar o regalar nada al lector. Convirtamos la palabra en un ejercicio de reflexión y transformación en todos los órdenes de la sociedad; hagamos como dijera Eduardo Galeano: “una literatura que no ayude a los demás a dormir, sino que les quite el sueño”.


* Instructora de arte.

Sea el primero en opinar

Deja un comentario