junio 19, 2021

Nunca un canciller boliviano fue más digno

El gobierno chileno, a través de su Cancillería, está trabajando sobre un eje que se apoya en la oposición política interna de Bolivia y los ya identificados sectores pro-chilenos que históricamente han existido en nuestro país, pretendiendo debilitar la unidad del pueblo y su política inclaudicable de la reivindicación marítima. De los varios intentos, el registrado durante la visita de una delegación boliviana al puerto de Arica fue el más agresivo.

El manejo del tema marítimo por parte del canciller chileno es lo que en el lenguaje popular se llama “chicanas”, debido a que no está a la altura de los tiempos y los nuevos paradigmas de vida armónica en el mundo.

La diplomacia acartonada del siglo XIX ha sido superada y no es posible que en pleno siglo XXI el vecino país tenga un diplomático que se aferra a viejas ideas que no integran sino separan.

La estrategia de la diplomacia de La Moneda, políticamente alineada con los sectores más conservadores de la política internacional –como la del señor Donald Trump–, no toma en cuenta el escenario de crisis mundial y la necesidad de una relación de complementación frente a los retos ocasionados por el desastre ecológico, que ya no tiene fronteras.

Lo más detestable que emerge de esta relación, por el momento conflictiva y que tiene su origen en la decisión del Estado Plurinacional de pedir la intervención de la Corte Internacional de La Haya, tiene que ver con nuestro país y su patológica oposición que incluye a varios medios de comunicación que presentan las acciones de reivindicación marítima como “distractivas”.

Es curiosa la postura que asume ERBOL que, mientras los demás medios reportan la trascendencia de lo que ocurre en los puertos de Chile con nuestra comitiva y las denuncias del canciller boliviano, minimiza los hechos y prefiere hablar de la COB y su supuesta ruptura con el Gobierno, la posición de la APDHB que cree que Leopoldo Fernández es inocente y angelito, o de las frases que destilan las autoridades chilenas, como las de Muñoz, contra nuestro país en clara componenda ofensiva.

Se ha demostrado hasta el cansancio la necesidad imperiosa de contar con un puerto para consolidar un sostenido crecimiento económico, pero esas consideraciones no están en directa relación con las neuronas de quienes hoy buscan debilitar al Gobierno.

La posición de la diplomacia chilena más temprano que tarde debe rendir cuentas a la veracidad de los argumentos bolivianos, entre ellos la ruptura de los acuerdos de libre tránsito, evidenciada a nivel mundial con la visita de nuestro Canciller David Choquehuanca al puerto de Arica. ¿Qué puede argumentar Chile cuando el mundo ha visto que el libre tránsito no existe?

Ahora tenemos un poderoso punto de apoyo para cuestionar la validez del tratado de 1904 porque quedó claro que la diplomacia chilena no tiene amistad ni busca la paz con Bolivia.

El derrumbe paulatino de la diplomacia chilena tendrá seguramente consecuencias políticas, porque los pueblos queremos vivir en paz, independientemente de esos perversos mecanismos inventados para defender intereses de pequeños grupos de poderosos que se acostumbraron a comprarlo todo.

Contrariamente a la común opinión que sostiene como verdad que los Andes nos separan de Chile, debemos decir que es lo que nos une más y desde tiempos remotos, desde nuestros primeros abuelos comunes; las élites económicas regionales han tratado de borrar esa historia y tal vez la furia que demuestra el canciller chileno se deba a la solidaridad que tenemos por las luchas del pueblo mapuche, nuestros hermanos de padre y madre común, la Pachamama.


* Escritor e historiador potosino.

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