diciembre 4, 2021

Fuerza de construcción social, poder, causa y representación genuina

por: Romer Alcon Alanoca 

Las causas no se construyen artificialmente de arriba hacia abajo, sino que se encuentran y se constituyen de abajo hacia arriba.

Desde mi primer encuentro con la historia, y hasta ahora, vi en ella una fuente casi inagotable de explicaciones y de experiencias, aunque ninguna de las explicaciones es absolutamente contundente, ni sus experiencias pueden estar a la altura de ser parte de los acontecimientos. No fue un encuentro fortuito, sino intencional. Una intención que era parte de una búsqueda por entender la realidad, búsqueda que hizo de un acicate similar al de la búsqueda de agua en el desierto. Tampoco fue un encuentro infructífero. Desde entonces soy devoto de recorrer el camino del pasado para entender la realidad del presente. Un camino que la misma psicología, de la mano del sicoanálisis, recorre para entender los comportamientos humanos.

Maquiavelo

Tal vez es esta idea de la historia la que hizo que el célebre pensador florentino sustentara sus afirmaciones, dirigidas al príncipe, en acontecimientos históricos. En un claro intento de sustentar sus contundentes y simples afirmaciones en verdades históricas. Junto a este uso de la historia se encuentra en la obra de “El Príncipe” la observación rigurosa de la realidad que le tocó vivir al autor. En fin, no es un favor el que se señale como muestra de rigurosidad científica el uso del denominado método de control histórico y la observación empírica por parte de Maquiavelo en la elaboración de sus obras. No encuentro por tanto mejor camino que el seguido por el maestro florentino, sin pretender que el presente escrito se eleve a la rigurosidad y alcance de las obras del maestro. Es decir que las siguientes afirmaciones se sostendrán en verdades históricas y en una experiencia política vivida de primera mano, como protagonista.

Años vertiginosos

En los años que median entre el inicio de la crisis de gobernabilidad que marcó el inicio del siglo XXI y la consolidación de un nuevo ciclo político que no termina de desarrollarse, se sucedieron como un torrente una sucesión de acontecimientos que transformaron drásticamente varios aspectos de la realidad social. Es sin duda, hasta ahora la etapa más dinámica del acontecer político del país. Aunque está por verse si su trascendencia histórica será de largo aliento. Como en los años de la revolución del 52, se asistía a la construcción de un tiempo completamente distinto al del pasado inmediato. Se reafirmó en mí, a la corta edad que tenía, la idea de la política como fuerza creadora de la realidad social, sólo posible gracias al poder que impregna a la política. No por nada se ha dicho que las sociedades sin Estado no son sociedades sin política, si es que en ellas se distingue a quienes mandan y quienes obedecen en los asuntos que se consideran públicos. Es innegable que la revolución del 52 fue un proceso fundamentalmente político que deshizo gran parte de la realidad social anterior y configuró parte de una realidad social que aún perdura. Aunque no todo lo construido por estos procesos puede ser calificado como positivo. Lo cierto es que la política entrega a los seres humanos la posibilidad de construir nuestro mundo social porque es una fuerza creadora por excelencia.

Causas y propósitos

Qué hace entonces que algunas acciones políticas y actores políticos trasciendan en el tiempo. Inequívocamente, podemos afirmar, su causa o propósito. No es por tanto liviano afirmar que los grandes políticos de la historia mundial, lo fueron porque tenían grandes causas. Del tipo de causas por las que el ser humano está dispuesto a todo. Tarde o temprano se recuerda a quienes con esas causas contribuyeron a la realización de una realidad que vivimos. Sea el caso una reforma agraria o de la simplificación de trámites administrativos burocráticos o el estímulo a la producción intelectual universitaria. En otras palabras las acciones políticas inspiradas en fútiles y superficiales causas se diluyen en el futuro inmediato. Tal vez la más común causa fútil sea: buscar y mantener el poder a cualquier precio.

El que aquella sea una causa común se debe a que al estar la política impregnada del poder, como bien atractivo y fetichizado, no es posible entrar al ruedo político sin detentar cierta cuota de poder que se busca acrecentar. No es por ello casual que el ex presidente Mesa afirmara que no es posible separar un proyecto de Estado de un proyecto de poder. Aunque es posible prescindir de un proyecto de Estado o supeditarlo a un proyecto de poder. No está de más aquí recordar que muchos teóricos sociales han definido a la democracia como el régimen o forma de gobierno en que el poder lo ejerce la mayoría.

Por otro lado, como afirmara Paz Estenssoro, uno de los ejes del poder es tener ciudadanos dispuestos a actuar, militantes. Además de este eje, Paz Estenssoro señalaba también el discurso.

Cuestión de “poder”

En suma en política se debe competir por el poder. Pero el que ganar esta competencia sea la única causa lleva a grandes desastres. Como es el caso de los últimos gobiernos militares de los ochenta o la tozudez de grupos de intereses universitarios de no ceder el poder a los otros cueste lo que cueste, aún si el precio es el deterioro de la imagen de la universidad pública. Aunque no se puede negar que una causa fútil y superficial, como mantener el poder a todo costo, es intrascendente pero una causa al fin.

¿Cómo se consigue fusionar, entonces, en la política una causa y el poder? La respuesta es: siendo genuinamente representativo. La política, y en esto reside el poder en democracia, tiene que ver con representar genuinamente. Es este el meollo del asunto, sólo se puede representar genuinamente algo genuino. Las causas no se construyen artificialmente de arriba hacia abajo, sino que se encuentran y se constituyen de abajo hacia arriba. La revolución del 52 fue un planteamiento que respondía a una realidad que se buscaba cambiar y que como en pocos periodos movilizó a la gran mayoría del país, sólo posible porque generó una movilización y, en consecuencia, poder. Y lo hizo como nunca se vio antes.

Las causas genuinas no son frecuentes, menos aún las causas genuinas y grandes, que son las que más trascienden, las que más poder acumulan. Pero son las que más se necesitan, las que permiten diferencia entre alguien que sólo busca el poder y un político que representa genuinamente una gran causa.


* Politólogo.

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