diciembre 4, 2021

Fidel y Allende: El debate sobre el proceso revolucionario

por: Boris Ríos

En noviembre de 1971, en su visita a Chile, Fidel Castro se encuentra con Salvador Allende y el periodista Augusto Olivares, en un diálogo que queda registrado en el documental “Diálogo de las Américas”. Conversan dos dirigentes revolucionarios con caminos distintos, Fidel, el de la lucha armada y Allende, el del tránsito pacífico al socialismo. Este diálogo/debate nos ayuda, por su actualidad para lucha revolucionaria, a la reflexión sobre la transición al socialismo, los complejos caminos que se siguen para avanzar y los derroteros, siempre presentes en este andar.

Allende, que no veía exagerado hablar de una “vía chilena” para la revolución, consideraba que la institucionalidad democrática chilena, de hasta entonces 160 años, no podría ser violentada por la burguesía ya que fue ésta la que promovió esta institucionalidad, además, se habría generado una conciencia en las masas, a lo que suma que las Fuerzas Armadas nativas se caracterizaban por su profesionalismo y nunca, hasta ese momento, se habrían inmiscuido en política y, por último, el país tenía una clase obrera activa en la conciencia y en las luchas.

La particularidad de Chile en su proceso revolucionario, agrega Allende, a diferencia de Cuba, también se encuentra en el hecho de que la clase obrera se organizó con una conciencia de clase por la intervención imperialista en cuestiones como el salitre, desarrollando una tradición organizativa.

Esas características, concluye Allende, serían las que permitieron la “vía chilena” y permitirían su desarrollo.

La lucha armada fue algo así como un motor pequeño que permitió arrancar el gran motor de la historia. Los guerrilleros eran campesinos, obreros e intelectuales –señaló Fidel, como interpretación de la Revolución Cubana–, y tal movimiento se ganó el apoyo de la clase obrera, concluye.

Fidel apunta que después del triunfo de las armas la clase obrera se organizó, fortaleciéndose al ejército rebelde. Lo que generó que en la Cuba revolucionaria todos los obreros son soldados y al revés, los soldados son obreros.

El líder cubano remata subrayando que todos los pueblos luchan por su libertad, y el gran motor de la historia es la lucha de los pueblos contra los opresores. Y Cuba no fue la excepción, aunque por sus condiciones particulares de explotación y miseria la gran motivación del pueblo cubano era la vida misma.

Ambos líderes coinciden que una de las principales dificultades de los procesos revolucionarios viene de confrontar a los medios masivos de comunicación que responden a los intereses oligárquicos e imperialistas. Allende señala que su gobierno no se enfrenta contra la libertad de prensa, sino contra el libertinaje de prensa, donde se tergiversa y se miente, que no reconoce los avances sino que se los deforma.

Fidel señala que el pueblo chileno, en su tradición de la estabilidad de sus instituciones, con partidos de izquierda, con fuerza electoral, logró cambios históricos como las nacionalizaciones, pero si éstos afectan a los monopolios de Estados Unidos y de los sectores oligárquicos, la reacción engendraría una gran resistencia de la derecha, que controla partidos políticos, los recursos y los medios de divulgación masiva que buscan sembrar temores y aprovechar la ignorancia para ganar a las masas, que es, a su juicio, un proceso fascista, advirtiendo, porque la historia lo demuestra, que puede caerse en la reacción violenta, porque la derecha genera la violencia y defiende sus intereses a través de la violencia.

La historia, desgraciadamente, mostró la lucidez humilde pero certera de Fidel en su advertencia a Allende. El 11 de septiembre de 1973, ese valeroso y revolucionario pueblo fue abatido por la bota militar de Pinochet.

La violencia no es patrimonio sólo de los opresores, sino de los pueblos en resistencia, de los procesos revolucionarios contra la reacción y eso lo ha demostrado la intervención militar imperialista contra cientos de pueblos que de alguna u otra manera se opusieron a su domino mundial, pero también al de las oligarquías locales, que a veces, sin siquiera ser burguesía, son los lacayos que reciben migajas a costa de la explotación y sufrimiento de su pueblo y que como dueños del país se violentan para proteger sus intereses y propiedades.

Este debate, urgente hoy, es también el testimonio de, como diría el Che: “esa fuerza telúrica llamada Fidel Castro…”


* Sociólogo.

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