diciembre 5, 2021

Las alianzas del poder

Todo gobierno es un conjunto de alianzas, muchas veces circunstanciales, entre diferentes sectores de la sociedad que hacen prevalecer sus intereses sobre los del resto de la sociedad. Esto puede ser tan bueno como malo. Si se trata de mega-coaliciones como las que caracterizaron el periodo de democracia pactada durante la década de los 90, con un claro componente oligárquico (es decir, de personas de la clase alta), lo más probable es que todas las acciones de este Estado estén dirigidas a beneficiar a este conjunto reducido de personas, expresándose en una estructura de poder excluyente y elitista, como la innegablemente referida, encabezada por los partidos MNR, ADN y MIR.

Cuando, por otra parte, la coalición gobernante está conformada por clases populares, plebeyas –en palabras de nuestro Vicepresidente–, los intereses que priman en esta sociedad son los de la mayoría. Y esto es más cierto en un país como Bolivia, donde los pobres (y esto incluye a las emergentes clases medias vulnerables de volver a caer en la pobreza) son los más.

La estabilidad de estas alianzas descansa en un delicado equilibrio donde los diferentes miembros compiten por hacer prevalecer sus prerrogativas, o lo que creen que son sus prerrogativas. Cuando sucede algo como lo que ha ocurrido en estas semanas, es porque dicho equilibrio ya no es sostenible. Y para señalar esta imposibilidad basta con mencionar la pérdida de recursos que representa el corporativismo minero para el Estado, que no aporta casi nada a los ingresos del país.

Y eso sin señalar los devastadores efectos que tiene este sector sobre el medio ambiente o las rudas condiciones que soportan sus trabajadores. Se trataba de un cambio que era demandado no sólo por la izquierda de este país, preocupada por la situación laboral de muchos mineros cooperativistas así como por ecosistemas destruidos por este sector. Bolivia debe apoyar las medidas para formalizar la actividad cooperativista, si es coherente con las críticas que se le hacían al cooperativismo.

Pero muchos no lo harán. No porque hayan dejado de creer que la actual situación de las cooperativas es perjudicial para el desarrollo del país, sino porque cualquier posición que debilite al gobierno del MAS les es conveniente. ¿Y quiénes son estas personas? Todos aquellos miembros de la anterior coalición gobernante. Esos sectores de clase media alta y empresarial, que extrañan los días en los que ellos eran los que tomaban las decisiones. ¿Esa es la Bolivia que queremos? ¿Una controlada por los soberbios ricos y poderosos de antes?

El apoyo del sector cooperativista al proceso de cambio siempre estuvo condicionado a los beneficios de una pequeña élite empresarial que controla las vetas y la maquinaria de sus operaciones. Esto al más puro estilo del capitalismo clásico, como dueños del capital y los medios de producción.

Por todo esto, a pesar de los muchos errores cometidos en el pasado por el gobierno de Morales, no se puede negar el aspecto progresista de esta medida. ¿O es que alguien duda de que permitir la formación de sindicatos mejorará las condiciones de vida de los trabajadores?

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