junio 20, 2021

Repensar la democracia

La democracia en el Brasil ha sido enterrada por quienes aparentemente serían sus defensores, las apelaciones a la Biblia o a los evangelios no pueden ocultar lo que ha ocurrido en este moderno monte del calvario en el que se ha transformado el Parlamento brasileño.

La democracia ha dejado de ser la garantía de la autodeterminación de los pueblos, la garantía de la solidez institucional, en el caso que nos ocupa, han sido personajes sospechosos de corrupción los que han quebrado la institucionalidad democrática para protegerse y salir blindados para afrontar sus deudas con la justicia.

A estas alturas conviene preguntarnos: ¿qué pasa en el continente? Diez años de una búsqueda digna de la soberanía nacional ha sido boicoteada permanentemente, en el caso boliviano con cerca de también diez intentos desestabilizadores.

No podemos olvidar lo que pasó en Ecuador, lo que pasa en Venezuela, lo que pasó en Paraguay y la Argentina, detrás de cada crisis política encontramos las hilachas de una bandera conocida por las tiras rojas de sangre y las angelicales tiras blancas, tachonada de estrellas en un azul que no es un mar tranquilo sino el color de los cielos atormentados por las bombas.

Estados Unidos ha volcado otra vez su mirada a lo que consideraba su “patio trasero” y para eso ha recurrido a sus acólitos de siempre, a los que odian el color cobrizo del pueblo y adoran el verde de los dólares.

Con ellos ha creado sus minorías activas que logran introducirse en organizaciones políticas, vecinales, gremiales o en otros casos se instalan en fundaciones y ONG para realizar las más sutiles operaciones de ofensiva antidemocrática.

La democracia nunca ha sido de interés de los imperialistas, peor de sus aliados locales, éstos añoran sus días de patrones, de “coroneles”, sus fuerzas paramilitares que se ocupaban de sembrar terror; ahora lo hacen desde los medios de comunicación reclamados de “imparciales y objetivos”.

Tenemos un continente que ha recuperado la memoria, y eso es más peligroso que un FAL, por esto la urgencia de revertir la democracia donde el actor principal está teñido de pueblo, de indígenas y mujeres, eso espanta a los dueños del poder que se quitaron las caretas de bienhechores y “demócratas” para mostrar su verdadero rostro, su marcada violencia reflejada en ese rojo sangre de los obreros-campesinos muertos por sus intereses de empresarios mineros, o en el caso brasileño, de misoginia recalcitrante.

Lo hecho en el Brasil, con el golpe perpetrado contra Dilma –intentado en Bolivia varias veces–, es la muestra de la desesperación que invade sus cajas fuertes que tienen por alma y no se detendrán hasta entregar nuevamente la soberanía conquistada en largas luchas, en numerosas reuniones y congresos, en akullicos interminables.

Escuchando a Chico Buarque, María Bethania y a Lula da Silva, ese gran esfuerzo popular nos está desafiando a continuar construyendo futuro, obligando a decir: ¡hasta aquí llegaron!


* Escritor e historiador potosino.

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