enero 17, 2022

Todo comienza a tener sentido

por: Adriana Guzmán 

Los procesos políticos de transformación y cambios en la región, viven un ataque, no hay duda, y que no digan que son montajes que inventan los gobiernos. Aunque la verdad es difícil de creer que en Bolivia ha habido un intento de golpe, sobre todo para quienes habiendo nacido en democracia imaginamos tanques y militares como la única forma de hacer golpe de estado. Pero, basta con mirar al lado, en Brasil dieron un golpe al gobierno de Dilma Rousseff, solapados en la democracia con votación y todo y en dos tiempos. En Venezuela dan un golpe cotidiano, sistemático, que abre las puertas al cinismo para convocar a una marcha llamada “la gran toma de Caracas” intento de golpe anunciado, convocado libremente por los medios de comunicación y las redes sociales. ¿Qué está pasando? Todo comienza a tener sentido.

El sistema patriarcal capitalista neoliberal colonial y transnacional ha modificado y perfeccionado sus mecanismos de opresión, explotación y sometimiento, esta forma de golpes en la región, son prueba de esto. Lo que nos obliga a buscar otros parámetros para entenderlos y entender así la fuerza con la que quiere retornar y profundizarse el neoliberalismo en nuestros territorios. 

No se trata ya de golpes a los gobiernos, no son suficientes, hay que golpear y desgastar a las organizaciones sociales que sostienen estos procesos. Eso se hizo en Argentina y la desarticulación, esencialismos y purismos, dieron como resultado la elección de Macri. Igual se operó en Venezuela provocando conflictos donde el pueblo se enfrenta con el mismo pueblo debilitando su capacidad de organización. Algo parecido pasó en Ecuador donde se han manipulado a las organizaciones de pueblos indígenas y de mujeres para confrontarse no sólo con Correa sino entre las mismas organizaciones señalando cuál es de la verdadera izquierda, cuál es verdaderamente revolucionaria, funcional, seguidora, correísta, etc. Brasil no fue la excepción, todas las denuncias de corrupción, ciertas o no, no apuntaban a establecer la honestidad en el país sino a debilitar, desgastar y destruir los movimientos que apoyaban a Lula y Dilma. Así se hizo también en Bolivia con el Fondo Indígena, con las discusiones y competencias que se promueven entre el Pacto de Unidad y la Central Obrera Boliviana. Así vienen los golpes, debilitando a las organizaciones que son las únicas capaces de sostener y defender los procesos, con todas las críticas que existan, y eso deja el camino más fácil para atacar y deponer a los gobiernos que además, como si fuera poco, tienen pugnas, contradicciones y hasta conspiraciones a la interna.

Los medios de comunicación y la formación política son las otras dimensiones de los golpes. Hace años que venimos repitiendo la necesidad “urgente” de hacer formación política ideológica que alimente y profundice el proceso de cambio, en esos años en los que sólo hemos dicho y no hecho el sistema patriarcal capitalista no ha perdido el tiempo y ha hecho su ideologización, sólo así se entiende que hombres empobrecidos y explotados puedan defender a sus patrones –los llamados mineros cooperativistas– incluso con su vida, porque su aspiración es ser como ellos y más, tener una hamer (hummer), chamarra de cuero y joyas como las que exhibían los dirigentes durante los conflictos incluso, consumir alcohol, drogas, prostitución, como ya se ha hecho común y fomentado por los aliados de las transnacionales en los centros mineros. Sin sindicalizarse se dejó el espacio libre para que crecieran las aspiraciones y prácticas capitalistas, machistas, colonialistas, desclazadoras. Los decretos promulgados por el gobierno el 1 de septiembre que hablan de reversión y mayor control a las cooperativas son importantes, pero necesitamos más para acabar con los anhelos capitalistas que desde el cooperativismo se han generado.


* Feminista comunitaria.

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