diciembre 5, 2021

Sobre el “post-progresismo” en América Latina: aportes para un debate

por: Atilio A. Borón y Paula Klachko

La crítica y, en especial, la autocrítica son muy importantes en momentos como los actuales, cuando arrecia la ofensiva del imperialismo. Pero esto debe hacerse siguiendo la máxima de Tácito cuando recomendaba examinar las cosas de nuestro mundo sine ira et studio, lo que podría traducirse como “sin odio o animadversión y sin prejuicio o parcialidad”.

Días pasados llegó a nuestras manos un artículo de Massimo Modonesi y Maristella Svampa en el que se proponen pensar al post-progresismo en América Latina [1]. Según estos autores la tarea se ha vuelto urgente e imperativa “a la luz de la sorpresiva aceleración del fin del ciclo que viene aconteciendo desde 2015”. Síntomas claros de este ocaso serían la imposibilidad de que dos de los líderes fundacionales de esta nueva etapa puedan ser re-electos como presidentes (Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador), o la derrota del oficialismo kirchnerista en la Argentina a manos de una heteróclita coalición de derecha, mientras que en Brasil Dilma Rousseff fue desplazada de su cargo -“legal pero ilegítimamente”, según nuestro autores [2]- y Nicolás Maduro está sitiado por una Asamblea Nacional controlada por la oposición y su gobierno desgastado por una grave crisis económica, cuya génesis debería ser explicada a los lectores, cosa que los autores no hacen.

Llama poderosamente la atención que al analizar un tema como este se pase por alto, como si fuera un detalle sin importancia, la vigencia de los tres gobiernos de los países que conforman el núcleo duro del cambio de época progresista en Nuestra América -Venezuela, Bolivia y Ecuador-, gobiernos que han realizado profundas reformas sociales, económicas y políticas y, además, se han planteado un horizonte poscapitalista a largo plazo. Pese a todos los obstáculos y dificultades que atraviesan –en buena medida atribuibles al permanente hostigamiento del imperialismo- esas coaliciones de izquierda aún retienen los gobiernos. Lo mismo vale en los casos de El Salvador y Nicaragua, todo lo cual exige un estudio más detallado de esta problemática.

A partir de su caracterización inicial los autores advierten sobre la necesidad de evitar caer en la trampa maniquea que obliga a optar entre la continuidad del progresismo o la restauración neoliberal, trampa que, según ellos, “oculta un chantaje orientado a propiciar un artificial cierre de filas detrás de los líderes y partidos del progresismo”. Para sortear esta encerrona Modonesi y Svampa proponen recuperar la historia y el protagonismo de los movimientos sociales en la gestación de la fase progresista como claves para desentrañar los rasgos de la nueva etapa post-progresista que se inicia, ya por fuera de la camisas de fuerza de la política partidaria, los cronogramas electorales y las alternancias gubernamentales.

Horizontes emancipatorios y batallas estratégicas: una reflexión final

La parte final del artículo de Modonesi y Svampa dictamina, sobre la base de los gruesos yerros de interpretación arriba mencionados, la acusación final: “estos gobiernos contribuyeron a desactivar aquellas tendencias emancipatorias que se gestaban en los movimientos antineoliberales”. Una desactivación que, según los autores, no es sólo el natural reflujo de un ciclo de luchas o el reposo que sigue a la satisfacción de las demandas largamente exigidas, o la canalización institucional de la lucha de clases cuando los que comandan los Estados ofrecen esa apertura, incluso jugando en contra del poder. El ineluctable resultado de esta verdadera traición de las fuerzas de izquierda o centroizquierda no podía ser otra cosa que el “fin del ciclo progresista”, que se produce por derecha y no por izquierda. De todos modos, Modonesi y Svampa no se desaniman pues perciben, diríamos que con indisimulable alivio, que el derrumbe de aquellos gobiernos da lugar al nacimiento de nuevas resistencias saturadas de rasgos y componentes antisistémicos que antes se agitaban en las entrañas del progresismo pugnando por abrirse paso y que ahora, ante su final capitulación, emergen con fuerza. Componentes de este venturoso renacimiento serían el cuestionamiento del extractivismo, las novedosas gramáticas de lucha de los nuevos movimientos socioambientales, colectivos culturales y asambleas ciudadanas constructoras de una nueva narrativa emancipatoria [3]. De las y los trabajadores y humildes de Nuestra América, que habían visto mejorada su calidad de vida, ni hablar. Conscientes de que las luchas de clases son tan antiguas como nuestra historia, Modonesi y Svampa atenúan la radicalidad de la supuesta ruptura de estas nuevas gramáticas de lucha con las que les precedieron al reconocer que “no pocas izquierdas clasistas hoy comienzan a ampliar su plataforma discursiva, incluyendo conceptos que provienen de aquellos otros lenguajes y, viceversa, la politización de la luchas socioambientales las lleva a buscar y encontrar claves de lecturas que remiten a las mejores tradiciones y prácticas políticas de las izquierdas del siglo XX.”

Sin embargo, consideramos que lo que emerge con vigor es justamente esa fuerza popular que conforma la base de los procesos revolucionarios. Nos referimos al núcleo duro que está defendiendo tenazmente su posición -aun a costa de enormes sacrificios, como en Venezuela- o el que sale a la calle a defender los proyectos progresistas desplazados del poder (Argentina) o destituidos fraudulentamente (Brasil) y que han acumulado una gran experiencia de lucha contra el neoliberalismo. Esos movimientos no esperarán impasibles a que pase otra década de barbarie neoliberal arrasando con todas sus conquistas, sino que ya han comenzado a movilizarse y están debatiendo con qué herramientas políticas y con qué proyectos volverán a disputar los gobiernos en las próximas elecciones. Álvaro García Linera hace poco expresaba con razón que

“lo importante es que esta generación que hoy está de pie, vivió los tiempos de la derrota, del neoliberalismo, vivió los tiempos de la victoria temporal de los gobiernos progresistas y revolucionarios y ahora está en este periodo intermedio. Por lo tanto tiene el conocimiento, tiene la experiencia, para poder volver a retomar la iniciativa. A diferencia de los años 60 o 70 cuando se aniquila una generación, la derrota política y militar y la construcción de una nueva generación va a tardar 30 años. Aquí no, aquí es una misma generación que ha vivido derrota, victoria y temporal derrota y por lo tanto puede tener el conocimiento, la habilidad táctica, la capacidad de construcción de ideas fuerza como para volver a retomar la iniciativa. Si no hacemos eso, este periodo de toma parcial de iniciativa de la derecha puede extenderse y puede ampliarse a otros países de América Latina, lo que sin duda significaría una catástrofe porque, como ya estamos viendo, allá donde triunfa la derecha, derecha es: recorte de lo social, recorte del Estado, recorte de derechos y por lo tanto recorte del bienestar de la población, que fue lo que se logró en esos diez años virtuosos de gobiernos progresistas” [4].

Por otra parte algunas fracciones sociales o sus organizaciones, descontentas con determinadas políticas de los gobiernos progresistas, como los casos mencionados por nuestros autores, podrán fácilmente confluir en una acción conjunta con los demás grupos que se oponen a los gobiernos de derecha. Saben, por experiencia propia, que estos procurarán avanzar muchos más que los anteriores por sobre sus derechos y los de la Madre Tierra, condonando a los verdugos de las clases populares, como por ejemplo hizo el presidente argentino Mauricio Macri al eliminar las retenciones (impuestos sobre sus exportaciones) a las empresas mineras y a ciertas ramas de la agricultura, entre otros beneficios otorgados a su propia clase.

Coincidencias entre los nuevos y clásicos sujetos

La posible coincidencia entre los nuevos y los clásicos sujetos y sus respectivas formas y estrategias de lucha abre así insospechadas posibilidades de resistencia tanto contra las tentativas restauradoras de la derecha como ante las insuficiencias y vacilaciones del progresismo. Pero, por sobre todo, defendiendo las conquistas realizadas en el pasado, y entendiendo que los gobiernos de izquierda dentro del amplio espectro del progresismo son la garantía del sostén institucional de esas conquistas.

Concluimos señalando que el trabajo que hemos comentado se inscribe en una larga lista de intervenciones que parten de dos premisas a nuestro juicio erróneas: primero, la indiferenciación entre gobiernos de muy distinto tipo, desde la centroderechista Nueva Mayoría chilena actual, con Michelle Bachelet a la cabeza, hasta el izquierdismo, de fuertes reminiscencias clásicas, de Evo Morales en Bolivia. No hace falta ser un obsesionado por las cuestiones metodológicas para concluir que cualquier afirmación que se haga acerca de tan heterogéneo colectivo tiene un valor apenas relativo, si es que lo tiene. En la mayoría de los casos se llega a proposiciones de escaso valor explicativo. ¿Podemos, en un análisis riguroso, hablar del ¡“populismo” de Bachelet!, especialmente cuando se apela al uso vulgar de esa categoría y se prescinde de un análisis teórico de ese concepto? El marxismo latinoamericano ha hecho algunas contribuciones importantes al esclarecimiento del mismo que podrían haber ayudado a una mejor intelección de la tesis de nuestros autores.

Si la primera premisa errónea es el populismo, la segunda es el anticipado funeral del “ciclo progresista” cuyo fin ha sido proclamado –y en algunos casos anhelado- urbi et orbi por muchos, incluyendo ciertos sectores de una izquierda en cuyo campo de visión todavía no aparece el fenómeno del imperialismo, por imponente y brutal que este sea. Pero un análisis sobrio de la coyuntura demuestra que en Ecuador la Alianza País tiene grandes chances de imponer su candidato en la elección presidencial del 2017; que Evo Morales tiene mandato hasta comienzos del 2019 y que el MAS boliviano tiene amplias ventajas pre-electorales por sobre cualquiera de sus rivales; que en Nicaragua Daniel Ortega sería reelecto por una abrumadora mayoría electoral en el curso de este año. En Mayo Danilo Medina obtuvo 66 % de los votos aplastando al candidato de la derecha en República Dominicana y en El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, del FMLN, se ha mantenido en el gobierno pese a las enormes presiones desestabilizadoras de la derecha vernácula y el imperialismo, en un país que, al igual que Ecuador, tiene al dólar norteamericano como su moneda. Otros referentes centrales a la hora de analizar las relaciones de fuerzas en la región son nuestro ya legendario faro cubano y la posible concreción de los acuerdos de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo – (FARC-EP) (plebiscito del 2 de Octubre mediante) que, seguramente, tendrán un lugar importante en la vida política institucional de ese país. La Argentina, con la derrota del kirchnerismo, es la excepción en este cuadro, configurando el único caso de un gobierno progresista derrotado en las urnas, por un estrecho margen y más como producto de insólitos errores del kirchnerismo que de méritos propios de la oposición de derecha. Pero su futuro es incierto. Un informe aparecido en estos días del banco de inversión BCP Securities, Wall Street, advierte que “la población está exigiendo resultados de parte de aquellos que eligieron para gobernar. Falta tan solo un año para las elecciones de medio término y, al ritmo que van, al PRO de Macri lo van aplastar” [5]. En Brasil, la ilegal e ilegítima destitución de Dilma Rousseff instaló en el Planalto a un gobierno usurpador, encabezado por un personaje como Michel Temer a quién votaría en una elección presidencial sólo el 2 % de la población, al paso que un 60 % pide su renuncia. Por otra parte, uno de los condenados por delitos de corrupción, el mega empresario Marcelo Odebrecht, declaró días pasados que Michel Temer había pedido “una ayudita para su partido, el PMDB, y que recibió 10 millones de reales en efectivo” [6]. Ni bien avance esta investigación será muy difícil evitar que Temer sea eyectado del Palacio del Planalto, con lo que debería convocarse a una nueva elección presidencial, para la cual no hay ningún candidato de la derecha que aparezca como probable ganador. En suma: no hay demasiada evidencia concreta que indique que este ciclo ha llegado a su fin. Está enfrentando nuevos desafíos, sin duda, pero de ahí a extender el certificado de defunción hay un muy largo trecho.

Crítica y autocrítica en medio de ofensiva imperial

Creemos, por consiguiente, que la decisión de someter a discusión la totalidad de la experiencia de los gobiernos subsumidos bajo el confuso rótulo de “progresismo” debe ser bienvenida, porque sin duda hubo, y habrá, errores, turbulencias y contradicciones, como en cualquier otra experiencia política. La crítica y, en especial, la autocrítica son muy importantes en momentos como los actuales, cuando arrecia la ofensiva del imperialismo. Pero esto debe hacerse siguiendo la máxima de Tácito cuando recomendaba examinar las cosas de nuestro mundo sine ira et studio, lo que podría traducirse como “sin odio o animadversión y sin prejuicio o parcialidad”. No es este el caso del trabajo de Modonesi y Svampa, en donde la animadversión hacia las experiencias del progresismo es manifiesta tanto como su parcialidad en el ejercicio de la crítica, donde por lo visto nada ha sido hecho bien y todo está mal. Y la historia es muchísimo más complicada, en donde el bien y el mal se entremezclan de tal modo que se requiere un espíritu muy sobrio y alerta para distinguir el uno del otro.

Sin embargo, desde el punto de vista de la vida concreta de millones de hombres y mujeres que conforman nuestros pueblos, sin duda el bien primó sobre el mal durante más de diez años, en los que si bien no se ha “dado vuelta la tortilla”, se han logrado importantes conquistas materiales, culturales, políticas, en derechos humanos y civiles, y avances en el sueño de la integración latinoamericana, que dignificaron y significaron una fenomenal ampliación de la ciudadanía, -es decir: ampliación de derechos aun dentro del sistema capitalista- al igual que los llamados procesos nacional-populares o populismos de mediados del siglo veinte. La dialéctica de la historia que, obviamente se aleja de cualquier revolución de manual, nos enseña que, aun con todas sus contradicciones, lo que viene después de los gobiernos progresistas -y mucho mas lo será de los revolucionarios- son salvajes intentos por maximizar las tasas de ganancias removiendo a cualquier costo las limitaciones impuestas por movimientos y gobiernos populares. En varios de nuestros países el ataque de la derecha puso a los movimientos sociales en guardia y ya se están erigiendo fuertes resistencias a aquellas tentativas. Por ello, la defensa de los procesos progresistas y revolucionarios que están de pie -aún bajo el intenso e incesante fuego económico, político y mediático del imperialismo y la reacción- es la batalla estratégica de nuestro tiempo. Defensa que no excluye una necesaria autocrítica para rectificar rumbos, pero sin dejar de señalar que, vistos en perspectiva histórica, los aciertos históricos de estos procesos superan ampliamente sus desaciertos y limitaciones.

En una nota reciente uno de los autores de estas líneas decía, a propósito de la crisis en Brasil, que la izquierda latinoamericana debía extraer tres lecciones de lo ocurrido en ese país y que esas enseñanzas tienen un valor general para los países de la región [7]. Primero, reconocer que cualquier concesión a la derecha por parte de gobiernos de izquierda o progresistas sólo sirve para debilitarlos y precipitar su ruina. En coyunturas como estas, la intransigencia ante las presiones de la derecha y la radicalización política son las únicas garantías de supervivencia. Segundo, no olvidar que el proceso político no sólo transcurre por los traicioneros canales institucionales del estado sino también por “la calle”, el turbulento mundo plebeyo. Sólo esta puede detener los afanes golpistas de la derecha, que como se comprobó en Honduras, Paraguay y Brasil, pueden procesarse sin mayores contratiempos en los marcos institucionales del estado burgués. Maduro tiene la calle, Dilma no la tenía. Y esta diferencia explica la distinta suerte de uno y otra. Tercero, las fuerzas progresistas y de izquierda –decepcionadas por la derrota de la “vía armada”- no pueden caer ahora en el error de apostar todas sus cartas exclusivamente en el juego democrático. No olvidar que para la derecha la democracia es sólo una opción táctica, fácilmente descartable. Las elecciones son sólo una de sus armas: la huelga de inversiones, las corridas bancarias, el ataque a la moneda, los sabotajes a los planes del gobierno, los golpes de estado e inclusive los asesinatos políticos han sido frecuentemente utilizadas a lo largo de la historia latinoamericana. Por eso las fuerzas del cambio y la transformación social, ni hablar los sectores radicalmente reformistas o revolucionarios, tienen siempre que tener a mano “un plan B”, para enfrentar a las maniobras de la burguesía y el imperialismo que manejan a su antojo la institucionalidad y las normas del estado capitalista. Y esto supone la continuada organización, movilización y educación política del vasto y heterogéneo conglomerado popular, cosa que pocos gobiernos progresistas se preocuparon por hacer. En otras palabras, la desobediencia civil o la vía insurreccional no violenta de masas, la misma que acabó con el régimen del Shá en Irán, con Alí en Túnez y con Mubarak en Egipto, es un recurso que bajo ningún motivo debería ser descartado.


* Atilio Borón es Profesor Titular Consulto de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y Profesor del Departamento de Historia de la Universidad Nacional de Avellaneda. Paula Klachko es Profesora del Departamento de Historia de la Universidad Nacional de Avellaneda y de la Universidad Nacional de José C. Paz.

1 Ver su “Post-progresismo y horizontes emancipatorios en América Latina”, del 13 de agosto de 2016, disponible en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=215469.

2 Es altamente controversial decir que el ataque a Dilma Rousseff fue “legal”. La presunta legalidad de su juicio político ha sido fuertemente cuestionada por numerosos analistas y observadores de la vida política brasileña. El régimen político brasileño es presidencialista, y sólo ante la constatación fehaciente de un delito podría haberse iniciado un juicio político a la presidenta. Sin embargo, como lo atestigua la misma sentencia que la despoja de su cargo, ese delito no existió.

3 La crítica al extractivismo de las experiencias progresistas expone con claridad la irresponsabilidad de los “anti-extractivistas”, para decirlo con la mayor benevolencia. Por ejemplo, aún estamos esperando que digan cómo hará Bolivia, que en 25 años doblará su población, para construir las escuelas, viviendas, hospitales, caminos y puentes que requerirá la duplicación del número de sus habitantes. ¿O es que todo eso se construirá sin hierro, cemento, cobre, sin aprovechar sus recursos gasíferos, por la sola magia del discurso? No parece ser una crítica seria. Para un examen detallado de este asunto ver Atilio A. Borón, América Latina en la geopolítica del imperialismo (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg, Cuarta Edición, 2014). Hay ediciones de este libro en México, Cuba y España.

4 Entrevista de Martín Granovsky a Álvaro García Linera en la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata. Agosto 2016. CLACSO-TV en https://www.youtube.com/watch?v=RuvvgMT826E

5 “Un banco de Wall Street advierte que Macri podría perder las elecciones”, en La Política Online, 20 de Septiembre, 2016 http://www.lapoliticaonline.com/nota/100396/

6 “Delação da Odebrecht cita os nomes de José Serra e Michel Temer. Serra teria recebido R$ 23 milhões em propina”, en Diario do Brasil, 20 de Septiembre de 2016. http://www.diariodobrasil.org/delacao-da-odebrecht-cita-os-nomes-de-jose-serra-e-michel-temer-serra-teria-recebido-r-23-milhoes-em-propina/#

7 Cf. Atilio A. Borón, “La tragedia brasileña”, en http://www.atilioboron.com.ar/2016/08/la-tragedia-brasilena.html y en numerosos periódicos digitales latinoamericanos.

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