enero 17, 2022

Victorias en el campo simbólico

por: Fernando Buen Abad Domínguez

Está por sistematizarse, en el mapa de los movimientos revolucionarios en materia de comunicación, el mapa de las ideas revolucionarias y su dialéctica teórico-metodológica. Está por sistematizarse el mapa pensamiento nacional e internacionalista en comunicación que pone a la sociedad, a la comuna, a los pueblos… como prioridad de todas las prioridades.

Desde 1910, con el estallido de la Revolución Mexicana, apareció en Latinoamérica el proceso de “producción de sentido” revolucionario que marcó, también, la historia toda del siglo XX. Una tras otra, las luchas revolucionarias del continente probaron ser (además del “motor de la historia”) el motor de la producción de sentido que expresa claramente la lucha de clases con símbolos, también, y la disputa por los campos de la conciencia en la “Batalla de las Ideas”. La gran Revolución continental de las “comunicación” emancipadora.

En cada escenario de las luchas sociales surgió un caudal semiótico que expresa, de manera desigual combinada y revolucionaria, un “sentido” nuevo en la comprensión del mundo y un torrente de expresiones libres para expresarlo. La Revolución social tiñó con su magnificencia la relación dialéctica entre los reinos del conocimiento y de los enunciados. Desde luego que tal situación semiótica no es “creación” ni del siglo XX ni de Latinoamérica, pero innegablemente el tiempo y el lugar definieron una fase del proceso que sembró simientes genuinas en condiciones inéditas.

Es el caso de las imágenes de Emiliano Zapata, Francisco Villa, las “adelitas”… la música, la literatura, la fotografía, el cine… la propaganda, la prensa revolucionaria y, en general, los procesos revolucionarios que maduraron al calor de la lucha de clases y al calor de las fuerzas emancipadoras de cada frente y de cada proceso histórico. La Revolución semiótica permanente.

Aún insuficientemente sistematizada, la Historia de las luchas emancipadoras latinoamericanas en materia de comunicación, aguarda el momento de convertirse en el bastión central que esclarezca y organice los fundamentos, los métodos y los alcances de grandes victorias simbólicas con claridad e inviolabilidad a toda prueba. Aún insuficientemente consolidada -como fuente de inspiración y como base identitaria de la Revolución- esa Historia semiótica emancipadora contiene claves indispensables para una Semiótica de combate capaz de, con sus propios medios, nutrir las nuevas batallas que la Historia exige sin repetirse y sin esclerotizarse.

Es ese el aporte semiótico revolucionario de Cuba, Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Chile, Argentina, Brasil… que cambiaron el modo de entender el mundo y de expresarlo. Es el aporte semántico que encontró diversidad de significantes con raíz popular incuestionable. Es el “signo” que orienta la certeza social de que otro mundo es posible y que esa posibilidad no es una entelequia sino una realidad que tiene tiempo, lugar y signos concretos. Es el aporte de las luchas revolucionarias que el aparato monopólico dominante ha invisibilizado y ha deformado ante los ojos de los propios pueblos que, además, padecen el desfalco semiótico de su Historia reciente bajo la metralla de las armas de guerra ideológica del capitalismo.

Visto desde la ética de una semiótica para la emancipación, el cuadro que aquí se muestra con su exigüidad y sus limitaciones, es evidencia de una herencia de “sentido” cargada con responsabilidades sociales de todo tipo. La primera, acaso, consiste en hacer-lo visible… inteligible y sistematizado para ubicarlo como pilar de toda reflexión concomitante hacia el desarrollo mismo de la ciencia semiótica que necesitamos. Es una base contundente y lúcida que ha costado vidas y generaciones. Es el motor económico-político de un arcoíris semiótico que recorre a todos los sectores y a todas las ideas que han puesto en marcha procesos transformadores para salir del capitalismo y del conjunto perverso de sus disfraces y emboscadas.

Está por sistematizarse, en el mapa de los movimientos revolucionarios en materia de comunicación, el mapa de las ideas revolucionarias y su dialéctica teórico-metodológica. Está por sistematizarse el mapa pensamiento nacional e internacionalista en comunicación que pone a la sociedad, a la comuna, a los pueblos… como prioridad de todas las prioridades. Eso implica, entre mil cosas, analizar el pensamiento y la influencia de los clásicos revolucionarios, sus semillas y sus frutos comunicacionales en Latinoamérica. Analizar el pensamiento y la acción comunicacional en la geografía de los movimientos revolucionarios como la Teología de la Liberación, los Movimientos Indigenistas, las Luchas de Género, de preferencias sexuales… de reivindicación y dignificación de los pueblos afro-descendientes, en suma, las luchas obreras, campesinas, universitarias… que han signado de manera nueva, durante el siglo XX (y lo que va del XXI) a un continente sediento de igualdad, de justicia y de dignidad… de información y de comunicación libres.


* Fernando Buen Abad Domínguez es Director del Centro Universitario para la Información y la Comunicación Sean MacBride, de la Universidad Nacional de Lanús en Argentina.

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