octubre 5, 2022

El legado de Fidel

Somos lo que somos por Fidel, nos dijo una compañera en la fría mañana de este sábado 26 de noviembre. Las palabras de esta compañera, probada en la lucha revolucionaria durante años, fue suficiente para volver a instalar un nudo en nuestra garganta y arrancar nuevamente unas lágrimas que se deslizaban suavemente por nuestras mejillas.

Desde que el líder de la revolución cubana y latinoamericana hizo conocer la proclama por la cual dejaba el gobierno de su país en manos de Raúl, su hermano y compañero de lucha, sabíamos que cualquier momento se produciría la partida hacia la rebeldía infinita. Años estuvimos preparados para que llegara ese momento, pero el dolor no fue menor. En realidad no estábamos preparados. La noticia de que Fidel había fallecido en la noche del viernes 25 nos llegó a lo más profundo de nuestras almas.

Y si, Fidel nos marcó para siempre. Su ejemplo como revolucionario nos moldeó el carácter, nos alimentó la convicción, nos fortaleció los principios y valores cuando nos sentíamos débiles, nos empujó hacia adelante cuando quisimos detenernos y nos dio coraje para seguir luchando por la noble causa de los explotados y oprimidos.

Con Fidel entendimos e internalizamos conceptos que los leíamos en los clásicos del marxismo, pero desde una perspectiva creadoramente latinoamericanista. La sencillez de sus palabras nos conducían sin mayor resistencia a aprehender la profundidad de la teoría y la práctica emancipadoras en su permanente lucha contra el capitalismo y el imperialismo.

En el líder revolucionario se condensaba los sueños, las angustias y las esperanzas de nuestros pueblos, cuyas luchas desde la resistencia a la invasión europea y a las caricaturas republicanas subordinadas al dominio del imperialismo, siempre han tenido en la conciencia y la capacidad organizativa del pueblo a las armas más poderosas para caminar tras la utopía de la emancipación.

Entonces la partida del comandante duele y duele mucho. Pero también es una convocatoria en firme para recuperar el ánimo y reafirmar las convicciones y la causa por la que grandes hombres como Fidel ofrendaron sus vidas a lo largo de nuestra larga historia. Estamos hablando desde los grandes líderes indígenas como Tupac Katari y Bartolina Sissa hasta Ernesto Che Guevara, pasando por Bolívar, Martí, Manuela Saenz y otros.

Fidel es victoria. Su ejemplo nos da la certeza de que es posible, en el peor de los escenarios, convertir las derrotas en victorias, como sucedió luego de fracasar militarmente la toma de los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en julio de 1953. Pero también de resistir los golpes y las amenazas que siempre acechan a los proyectos revolucionarios. Lo logró Cuba con el liderazgo de Fidel en los 57 años de criminal bloqueo estadounidense.

Por eso. decir Fidel es decir Patria, independencia, soberanía y socialismo. Pronunciar su nombre es y será siempre una convocatoria a caminar con el sentido del momento histórico.

Desde La Época –lo dijimos desde el primer número desde hace 11 años-, asumimos que tener sentido del momento histórico en la hora presente es actuar con inteligencia y firmeza a la vez, para derrotar a los planes de restauración conservadora y para avanzar, tras una necesaria autocrítica de lo que hemos hecho mal hasta ahora, por los caminos de la revolución.

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