octubre 6, 2022

Fidel, porfiadamente utópico

Agonía de la esperanza

Fue entre el 1 y 12 de junio de 1929, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, cuando se realizó la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana, a la cual asistieron delegados provenientes de quince países: Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Chile, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.

Cuentan los asistentes al cónclave que el “robo de la película” se dio con la áspera discusión entre el delegado argentino y miembro del Secretariado Sudamericano del Komintern (1919-1943), Vittorio Codovilla, y los delegados del Partido Socialista Peruano, enviados por José Carlos Mariátegui, el obrero textil Julio Portocarrero, y el joven médico Hugo Pesce, futuro amigo de Ernesto Che Guevara.

Pero, ¿cuáles fueron los puntos de discusión? Concepciones encontradas –y antagónicas– respecto al antiimperialismo, la cuestión india, composición del partido y, lo más importante, el horizonte emancipador, la naturaleza de la Revolución en nuestra América.

Las tesis creadoras y rebeldes del Amauta fueron ampliamente derrotadas, cayendo sobre el comunismo nativo todo el peso del escolasticismo soviético –a esa altura estalinista–, cerrándose de golpe un primer ciclo comunista-revolucionario nuestroamericano, donde las ideas de hombres como Julio Antonio Mella, Luis Emilio Recabarren, José Ingenieros, José Carlos Mariátegui, entre otros, serán relegadas y reemplazadas por un pacato, mecanicista y pobre doctrinarismo proveniente de la URSS, que, durante décadas, trocará el “aquí y ahora” de la lucha por el comunismo, por una concepción etapista de la revolución, en la que el horizonte de la misma no sería otro que la “lucha por la liberación nacional”, conduciendo a terapia intensiva a una ya agónica esperanza.

El sueño de lo posible

Fidel contaba con sólo 32 años cuando, desde el balcón del Ayuntamiento, en el Parque Céspedes de Santiago de Cuba, el 1 de enero de 1959 declara: “La República no fue libre en el 95 y el sueño de los mambises se frustró a última hora. La Revolución no se realizó en el 33 y fue frustrada por los enemigos de ella. Esta vez la Revolución tiene al pueblo entero, tiene a todos los revolucionarios, tiene a los militares honorables. ¡Es tan grande y tan incontenible su fuerza, que esta vez el triunfo está asegurado!”

Es en el segundo o tercer año de la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana cuando se encuentra con los textos de Marx, Engels y Lenin. Para esa fecha su acercamiento al marxismo se ha limitado al libro: Historia de las doctrinas sociales (1949), del abogado y profesor Raúl Roa, histórico Canciller de la Revolución Cubana.

La década del cincuenta sorprende a Fidel como abogado, militante del Partido Ortodoxo y candidato al Parlamento en 1952, agitando, denunciando y organizando la resistencia popular contra la dictadura burguesa y pro yanqui de Fulgencio Bastista, trazando y aplicando una estrategia de alzamiento armado contra el régimen el 26 de julio de 1953, condenado a 15 años de prisión tras el intento fallido, amnistiado y exiliado, reorganizando a los patriotas en el exilio mexicano, retornando a la Patria con 82 expedicionarios en el yate Granma, liderando la lucha guerrillera en la Sierra Maestra; como el político revolucionario y líder de una revolución triunfante.

Revolución de los humildes

Los primeros veintisiete meses de la Revolución Cubana transcurren vertiginosamente para un variopinto gobierno que promulga una profunda Ley de Reforma Agraria (1959), expropia medianas y grandes empresas norteamericanas (1959-1960), impulsa una campaña de alfabetización en todo el territorio nacional (1961), al tiempo que enfrenta sendos atentados como el del sabotaje al vapor La Coubre en el puerto de La Habana (1960).

A mayor agudización de conflictos con la burguesía y el imperialismo yanqui, Fidel y la dirección revolucionaria –depurada de vacilantes– se deciden por avanzar y avanzar, dar oxígeno a aquella agónica esperanza del Amauta, hacer a un lado los dogmas medievales del comunismo continental, desafiar las supuestas “leyes objetivas y científicas de la historia” que aconsejaban limitar cualquier intentona de emancipación humana a lo puramente “democrático burgués”, y declarar el socialismo en Cuba.

Como ha hecho notar el filósofo Fernando Martínez Heredia, la revolución socialista de liberación nacional cubana nació en la calle, en armas, con un pueblo movilizado para combatir a los mercenarios cubanos que, financiados y organizados por la Cía, se habían dispuesto a invadir la Isla el 16 de abril de 1961.

En efecto, en el sepelio de las víctimas del primer ataque aéreo invasor, Fidel sentenció: “Compañeros obreros y campesinos, esta es la Revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes. Y por esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, estamos dispuestos a dar la vida”.

¿Al centro? El hombre

El primer golpe en el mentón al dogmatismo y la ortodoxia Fidel lo dio al demostrar que la esperanza estaba viva y que sí se podía dar paso a la construcción del socialismo en Cuba y en nuestra América, retrotrayéndonos al ideario libertario de los primeros comunistas del continente, cuidadosamente olvidados durante tres décadas.

¡Pero hay más! La revolución socialista –a su juicio– sería posible porque es “de los humildes” y “por los humildes”, nunca obra del Ejército Rebelde, ni de los “barbudos”, ni del Che o Camilo, sino del propio pueblo.

Por tanto, la tarea de la emancipación humana es colosal: la liberación del hombre por el propio hombre y en comunión con los demás hombres. En esa misma dirección es que el Che, desafiando el economicismo marxista del “socialismo real”, pudo señalar: “Tenemos que empezar a construir el comunismo desde el primer día, aunque tardemos toda la vida en llegar al socialismo”.

El cambio de las relaciones sociales, las instituciones, la materialidad e ideas en la sociedad nueva, para el líder cubano, deben no ser superiores sino antagónicas a las de la sociedad pasada, la capitalista; y, por supuesto, deben tener un único centro: el hombre. O, como dijera José Martí, “la humanidad”.

Correr los límites

Martí y Fidel, Mariátegui y Che, Lenin y Chávez, porfiadamente utópicos demuestran que sólo “corriendo los límites de lo posible”, emancipándonos por nosotros mismos, es factible la construcción de una sociedad justa y sin clases.

En instantes que parecen no tener precedentes en la historia nuestroamericana, la emancipación “de los humildes y por los humildes” ha echado andar, será labor de todos aprehender de la obra de nuestros primeros padres y apuntar fijamente con el dedo a quienes siempre querrán condenar a la agonía a la esperanza. ¡Sirvan los 90 años del Comandante de los pobres de la tierra para continuar la lucha!


* Profesor de historia y geografía.

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